lunes, 31 de diciembre de 2018

Nicolás Farfán

Se presentaba a sí mismo como Toto ─Mucho gusto Toto, Perdón, ¿Cuál es tu nombre?─ su voz era grave y con una especie de borgborigmo, como si desde el fondo de su garganta surgieran infinitésimas burbujas que le confirieran una voz precisa para interpretar a Fredy Kruger ─¿Jaime? yo a vos te conozco, yo a GP lo escucho hace mucho rato, yo también tengo una banda, pero no tan suave como la tuya, yo hago metal hijueputa, pero del bravo. Ensayamos allí arriba en mi casa, cuando quiera lo invito para que se le ericen los pelos porque lo que nosotros tocamos es distinto a todo. Mi banda se llama Agláope, que es el nombre de una sirena y es que así es la música de nosotros, te atrapa y no te deja ir. ¿leíste la odisea o no? cuando Ulises se amarra del mástil y le ordena a los demás que se tapen los oídos para poderlas escuchar. Dejáme que esta semana te paso un material para que me des tu experta opinión, pero necesitas reproductor "minidisc" porque lo que nosotros hemos hecho todo es en formato profesional. Bueno pero no te preocupes que yo en mi casa tengo un equipo de música para pasarlo a formato cinta y te lo traigo. Ahh tiene que ver el equipo mío, es una bestia de 10.000 vatios efectivos y todo estilo consola con los reproductores externos de tornamesa y minidisc y con un ecualizador gráfico de 24 canales, supresor de ruidos y booster. Ahh es que no te había contado que yo soy ingeniero eléctrico, ahora no ejerzo, pero es que a mí no me hace falta viejo, los cuchos míos la tienen toda y me colaboran. Imagínate que me tienen viviendo solo. Me compraron un apartamento aquí arriba junto al centro en Prado y me compraron un carrito y todo. Claro que yo no me cuelgo pues, yo diseñé una preconsola similar al "zoom" con una cantidad de efectos que ni para que te cuento, distorsiones, delays, flangers, ecos, ahí la tengo a la venta por si la necesita─ No jodas, le respondía yo ¿y a cómo las tenés? ─ve, por la plata no te preocupes, si querés me escribís a mi correo electrónico, Nicolás Toto Farfán arroba AOL punto com punto es. Ahh es que un ingeniero tiene que estar a la moda mijo, todo por la telaraña. ¿Sabías que la telaraña la desarrolló el ejército gringo en un sistema de defensa de la NORAD en 1963 para defender las fronteras? Una base bajo una montaña lista para cuando los rusos levanten una mano y ahí mismo descargárles un arsenal nuclear─ No, ni sabía nada de eso, pero ¿qué me decías del pedal? ─Ahh si, que fresco, me escribe al correo y yo le traigo dos muestras, las prueba, me dice que efectos le agrego o que le pongo y pillamos un precio para amigos bien bacano─ ¿En serio? ¿Y se le podrá poner afinador? ─hombre pues claro, lo que pasa es que con afinador es a otro precio pero yo se lo pongo, sobre todo si es para ustedes GP, una bandota. No es de mi gusto, que te digo que a mí me gusta más el metal, el "jevi", cosas bien rápidas y ásperas. ¿usted ha oído a Crakl night? una banda alemana con unas letrotas. Ahh claro mijo es que yo hablo muy bien el inglés y medio le capto cositas al alemán y al vasco y me sé un viaje de palabras en chino mandarín─ ¿será que me podes traducir la parte de entrada de "Mata un nazi"? ─de una Jimmy, me comprometo de una vez, para las que sea y ¿sabe qué? si tienen un viajecito, yo sé que a ustedes los sacan a pasear mucho, los llaman a tocar a muchas partes, de una cuente con la camioneta, me avisa, ahí cabemos todos, es sólo para seis o siete personas, pero para ustedes acomodamos diez y de una para donde sea. Esperáte yo te apunto mi teléfono, que yo tengo celular, pero esa tecnología tan nueva, supongo que no la manejas. Ahh es que no sabes que yo tengo un Ericson CH388, lo mejor que ha salido, no esas panelotas que muestran en televisión, con decite que el mío tiene antena retráctil y todo. Bueno Jimmy te dejo que me llaman las obligaciones, tengo que ir a reparar una consola al Poblado que es de uno de los Torres, los manes esos que tenían una banda dizque Doster Gladiato, que participaron en la batalla de las bandas, que no sé qué y el man es como picaito─ Me ibas a dejar el teléfono Toto. ─Ve, lo olvidé, es que como yo no me llamo, pero escribíme por mail y de una te respondo, el otro fin de semana que paso por aquí cuadramos. Suerte─ 

Efectivamente, a los ocho días volvió a pasar por el árbol de mango donde nos hacíamos al frente de la universidad. ─¿Me escribiste al correo? ah Jimmy es que no es con minúsculas, escríbalas con mayúsculas y le entra de una, es que el internet distingue los dos formatos. Si claro, reparé la consola y una bobada que era, lo que pasa es que yo cobro por lo que sé, era un cable, pero yo sabía exactamente donde iba y él no. Ahí le saqué unos billeticos. ¿qué invite a chorro? No Jimmy estoy pelao, no ves que me fui para donde las chicas y allá hay que mostrar finura, me tocó sacar la lana y quedé barrido, pero pasé una chimba, si te contará. Dos monas con unas tetas y le pagué a una sola y la otra se ofreció a hacer el trío ahí mismo. Ahh ¿cuándo es el concierto? No Jimmy, ese fin de semana no puedo, es que el carro lo tiene mi mamá. ¿Ahh lo corren una semana? Ese tampoco, porque le hacen mantemimiento, pero fresco que yo te aviso apenas pueda y cuadramos─ 

Ese era Nicolás Farfán. La última vez que lo vi, fue la vez que le prometió al Roger conseguirle una casa barata con alimentación y todo para que pudiera terminar su carrera en la universidad, cuando Roger escuchó de mí que era un fafaracho, casposo, lo echó del parche y como no se fue, le descargó esa mano abierta en la mitad de la cara. Toto sacó una navaja de las que llaman "pico e lora" y me tocó intervenir para calmar al desquiciado que sólo repetía ─esto es una afrenta que hay que lavar con sangre Jimmy, mirá cómo me marcó─ pero de ahí no pasó y jamás volvió con sus cuentos, su mundo de mentiras y su terrible halitósis.

sábado, 29 de diciembre de 2018

La Palomiada o periplo de Palomino Capítulo III

Las puertas del averno también estaban fortificadas y llenas de requisitos y él se fue a meter por ahí como Pedro por su casa y ahí mismito lo paró un efectivo del DAS -toditos están allá, incluyendo los del DOC y el  F2- preguntándole su procedencia y porque usaba falda y que esas cicatrices en la espalda tan sospechosas y que ese tufito a alcohol y en fin. A punto estuvo de ser acusado de espía y de hacerlo entrar a la sala de tortura donde, cuenta una leyenda, salió una vez un elefante, con visibles marcas de tortura gritando que el era un ratón y que era culpable de no sé que delitos, en fin, chismes de por allá. El caso es que antes de que lo metieran al salón inquisitoris como le llamaban, se recibió un comunicado del mismísimo Satanás, que acogía en el cielo, con beneplácito, a Palomino Palacio Sergio Andrés. Luego se enteraría de una llamada por cobrar del cielo y que entró en código, pero no supo que fue lo que se dijeron los directores de las dos torres para que le recibieran en el infierno de manera tan expedita y melindrosa. Lo que si se supo después, eso era claro, es que los expedientes del cielo y del infierno son el mismo sótano y que los dos contrincantes acceden a ellos por igual, mejor dicho, es como si los expedientes de todos estuvieran en el purgatorio, ni allá, ni acá y los revisa cualquiera a su discreción y Satanás ya sabía lo incómodo que había puesto Sergio Andrés a las huestes celestiales y que se había "aburrido" eso era nuevo y él andaba de una zalamería que ni poquitos. Lo mando entrar, le charló un rato, le dio cafecito con tostadas quemadas -de todos es sabido que en el infierno no se consigue nada en término medio o tres cuartos- y de inmediato le lavó el oído para que fuera uno de sus diablos menores a condición de que le contará el secreto de hacer rabiar a los habitantes del cielo. Palomino muy tranquilo le dijo que él no se contentaba sino con el mejor de los puestos, no sabía cual, pero el diablo tampoco sabía que el andaba a ciegas. "Ve home Checho -le dijo Lucifer- aquí el mejor puesto es el mío y no vamos a empezar peliando porque no te conviene, así que te recomiendo el de "jefe de comando infernal" y desde ahí nos vamos arreglando" Palomino aceptó sin titubear y de una le preguntó por las diablitas y los privilegios que podía tener allá en esos candeleros tan berracos. El diablo le dijo que las cosas allá eran serias, pero que no dejaban de hablar, que lo primero que debía hacer era ir a conocer a sus huestes y a encaminarlas al combate, que si el mal no descansa es porque el bien no se la deja fácil y entonces para poder conseguir almas, hay que trabajar y ese era el negocio primero de las huestes del infierno. Palomino decidió probar suerte y dejar el cuento de sus secretísimos inconformismos para después, pero no habría necesidad porque don Sata se iba a enterar muy rápido. Palomino Palacio no duro un mes en el puesto de Jefe de comando infernal, los soldados se quejaban del mal trato del "jefazo" como se hacía llamar y de los arrebatos de darles "tabla" y obligarlos a hacer "flexiones de pecho" y "saltos a la lámpara" por cualesquier nimiedad. Se les aparecía de repente en las literas diablunas y gritaba: "A formarrrr" o se empecinaba en que los tridentes debían estar impecables de relucientes y si veía una sola mancha decía: "A marcharrr ar". En fin que fue derrocado y pasó de jefe de comando infernal a jefe de escuadra y de ahí al de diablo raso y en ningún puesto se acomodó y empezó el dolor de Satanás cambiándolo cada ocho día de puesto. Lo puso de verdugo mayor encargado de chuzar y ordenar latigazos y él se ponía a conversar con los castigados sobre todo si eran damas y terminaba tomando café negro con ellas. Lo encargaron de la caldera en los sótanos infernales, sólo tenía que berrear para que algunos diablillos mantuvieran la porción de carbón en la caldera o para que, otros bombearan fuel oil al ducto de la más moderna de las calderas de reciente adquisición, la "westinghouse" que habían mandado a hacer para un nadaísta que todavía andaba por allá en el inframundo, pero que ya no daba mucho de que hablar, pero le entraba la modorra y se quedaba dormido y Satanás se enteraba cuando no le llegaba ni agua caliente a la ducha -cual caliente, si ese hombre se duchaba era con agua hirviendo que a ese cuero no le entraba ni el santísimo- y pegaba el grito en el... en el... infierno claro está: "Palomino desgraciado te volviste a dormir". Palomino preparaba su asalto al verdadero lujo y placer y trató de derrocar a Satanachia, el diablo de la lujuria y que controlaba a todas las mujeres, los poderes de Fleuretty de hacer todo de noche  y de Lucífago Rofacale de mantener plata, no le atraían. No logró quitarle el puesto, pero se hicieron recontraparceros -a decir verdad era pura hipocresía porque Satanachia decía que era mejor tener ese, dicúlpenme la grosería, pero era como "poco bien parido" cerquita- y se dedicaron a conquistar diablitas y a parrandear con ellas, pero a decir verdad nunca se sintió a gusto con esas muchachas con cola y la berraca cola, para más, estorbaba bastante, aunque cosquillitas si hacía muy rico. De todas maneras las diablas, hasta las más lujuriosas no pasaban de ser unas diablas sin alma que todo lo hacían sin pasión y repetitivamente y Palomino Sergio se aburrió y cogió para otro lado. A decir verdad tampoco le atraían las gracias de Agaliarept de descubrir chismes, ni la de Sargatanás de hacer invisible y él mismo fue y se puso en la paila mocha y dijo: "echen candela pues" y apenas supo Satanás del asunto mando toda la corte infernal a que le echara candela a ese avivato y que le chuzaran constantemente para que no se fuera a reventar y le doliera más, pero Palomino no se fruncía y dale con la cantaleta: que bendita gracia esa de estarlo quemando a uno, que eso no valía la pena, que prefería sentase empelotas sobre un hormiguero de hormigas rojas, que upa pues y que pa'eso lo hacían venir a uno, que se modernizaran, que ahora andaban de moda las microondas. Ya el señor Belcebú no aguantó más y le dijo que hasta ahí la amistad y que suerte y lo desterró a los subsuelos del infierno y por allá volvió y se encontró con el grupo rockero, despedido del subcielo por resquemores con el antiguo panderetista y otra vez cogió el vicio del "chamber" que en el infierno se preparaba como "tequila smith antioqueño" con fruta liofilizada y cocacola que en el infierno sobraba porque de allá era el dueño. Las mismas rolas, las mismas zafadas, pero sin el tintineo de la pandereta y una que otra diablita por ahí de vez en cuando que se "descachaba" -es literal, porque Palomino decía que esos cachos no eran para nada femeninos entonces las topizaba mientras salía con ellas- y pasaba unas noches con él. Ya se sabía que Chucho había recogido quejas de su majestad Satanás y que hasta un alegato técnico habían tenido en cuanto a quien debía soportar a Palomino, si el cielo o el averno y eso terminó en pelea a coscorrones porque los abogados y los fiscales son todos privilegios del érebo y diosito no tiene quien lo defienda, pero Sampedro ahí mismo coge las de villapescozón y con eso basta para que se arme las de sanjuan. En fin, al diablo le llegaron con un careo que por un miembro viril y el protagonista no era menos que nuestro Sergio andrés Palomino que en una andada por los bares infernales se encontró al demonio de la lujuria al que le injertaron su miembro viril y ahí mismito le saltó encima y lo apretó con las dos manos diciendo: "esto es mío". El diablejo se confundió  un poco y pensó que Palomino era uno del infierno LGBTI que era un sindicato que le habían montado a don Satanás los del supuesto tercer sexo para tener su propio infierno y hasta estaba dispuesto a complacer al ambicioso, pero por fin entendió que ese miembro tenía un dueño y que era esa empecinado ciudadano que no lo había soltado desde el momento en que lo vio y allí en la sala del tribunal donde regía, lo tenía de una mano como "el cuerpo del delito". En que pelotera se han metido y por fin palomino ganó la demanda, a condición de que se volviera para el cielo, pero en el cielo ya no tenía cabida y cuando Chucho supo de tal necedad infernal de devolverle el regalo, acordó devolverlo a la tierra y aquí está Sergio Andrés Palomino Palacio, en la tierra, en un bar de mala muerte a las dos de la madrugada, con un buen trago de vodka en las manos y una botella sin terminar, con una chica que le espera para hacerlo vivir las verdaderas mieles de la vida, mientras el entretiene una multitud con los cuentos de su periplo por cielo e infierno y halaga la vida como única y majestuosa y desprecia todos los puestos del cielo y del infierno.

La Palomiada o periplo de Palomino Capítulo II

Yo no quería alargarme tanto con esta historia, pero no puede dejar de contarse tal cual pasó. Sergio Andrés Palomino Palacio trató de conseguir el puesto de arcángel y se enteró de que era necesario nacer arcángel por obra y gracia de nacimiento y que no se podía aspirar a tal puesto, ni por mérito ni por gracia. Como pudo movió influencias y le nombraron -ya estaba muy mamón- Chambelan de Sam Miguel y por ese lado se metió y averiguó lo que había que saber, que los arcángeles no se criaron en el cielo y que eran hijos directos de dios, pero que a chucho no se le podía hablar de la mamá de esos  buchichorriaos, que porque ella le fue infiel y le hizo la vida imposible y como que se la jugó por ahí con otro dios de la cultura Hindú, sino estoy mal un tal Brahmagupta, que no era propiamente la manera como el creador se refería al cornúgeno, que era sólo una alusión poética, nada decorosa ni que se esperara de él, mejor dicho, por eso fue que cuando bajó a la tierra decidió permanecer célibe. Se enteró además que los arcángeles nacían con alas por no sé que cuento con un cruce genético de una paloma o algo así y que los nombres, pura cursilería del viejo, tenían que terminar en "el": Miguel, Azrael, Uriel, Gabrielle, Rafael... Pues con las ganas que tenía de visitar el refugio de las once mil vírgenes -no me pregunten como ocurrió o que hizo- pero contrató a un cirujano plástico, se cambió el nombre a Andrel y esperó la oportunidad de fugarse a un spa, mientras se curaban las heridas de los injertos. La operación duró más de lo planeado y fue encomendada al santo patrono de las gallinas, que si me disculpan, no sé como se llama, pero seguro que hay uno. Inmediatamente despertó en el spa después de la convalecencia, se lució dos poderosas alas frente a un espejo y no vió la hora de curarse del todo para arrancar volando al cielo de las angelitas. Llegó presuroso y la lujuria le llegaba al cuello, no le importó que luego lo expulsaran, el iba dispuesto a violentar la gracia divina y cogió a la primera que se encontró, imagino que era el ama de llaves porque era la encargada de abrir y cerrar el recinto y le subió los hábitos y el arrancó a subirse la túnica con mucho afán, pero cuando se mando la mano a la entrepierna propia, descubrió que allí no había nada y eso es literal, nada, nadita de nada. Casi se desmaya, por poco le da un paro, ¿cómo le iban a hacer eso? Hasta ahí le llegó el ataque de lujuria. Se volvió al cirujano y este le mostró el contrato donde decía "convertir en arcángel" y la dichosa operación, llevaba consigo la retirada de los órganos del placer. Peleó, pataleó y demandó hasta que lo regresaron a su forma original, le devolvieron su instrumento -hay que decir que no el propio porque los miembros grandes que resultaban de algún donante eran injertados inmediatamente en los diablos encargados de castigar la lujuria que aparecían en una lista inmensa de espera de donantes- y le cortaron las alas, pero esa platica se perdió. Recuperó su nombre normal y volvió a ser Sergio Andrés Palomino Palacio. Vagó por los cielos como alma en pena, se embarcó en una cruzada por descubrir angelitas y llegó a los suburbios del cielo. Los más rebeldes construyeron un sub cielo donde podían tomarse unos tragos, la verdad es que en el cielo estaban prohibidos los licores, pero allá preparaban con el alcohol de la purificación, una especie de "chamber" mezclas iguales de alcohol, agua y terroncitos de azúcar. Dejaba un "tufo" tremendo y su sabor era asqueroso, pero después del segundo o tercer trago, ya sabía mejor y no le importaba mucho al bienaventurado que ya se encontraba en estado de embriaguez. Por allá conoció a una banda roquera que murió entera en un accidente de avión y que fueron expulsados del infierno por no sé que concepto legal contra el monopolio, que le prohibía a Satanás quedarse con todas las almas producto de un mismo deceso y eran la banda principal del antro donde vendían el "chamber" aquel. No es que tocarán muy bien, pero mataban el tiempo con las mismas rolas y al final a uno se le iba pegando el swin. Fue allí donde vió un greñudo que tocaba la pandereta y descubrió que era el mismísimo Chucho, le contaron que desde que el grupo llegó al cielo, él se les pegó como una lapa y los molestó y los jodió hasta que lo dejaron que les marcara el ritmo con el pandero, pero que nada de meter la voz ni en los coros porque, dizque que él era malo en solfeo. Se aburrió de los remesones, de nada de nada de angelitas y de escuchar los sonsonetes de esa banda de chuchumecos y del marcadito descompasado de Chucho y se le ocurrió que tal vez en el infierno encontrara paz y sosiego y empezó a maquinar como fugarse del cielo. La cosa no fue tan difícil, preguntó por donde era la salida, atravesó el patio, el porche donde se sentaba Sam Pedro en las puertas del cielo con las llaves pendientes de un cinturón así como de fraile franciscano, se pasó por unos extramuros y se adentro en los fuegos infernales, no sin antes hacerle una señal obscena con el dedo medio al portero que le caía mal desde su llegada.

Diálogo entre alumno y maestro sobre como funcionan las cosas

Las cosas son simples, causa y efecto: Si activas un interruptor y hay electricidad, este permitirá el paso de electrones que al pasar por un filamento que le opone mucha resistencia, se calienta y se pone incandescente y proporciona un tipo de luz y calor et voila, no hace falta un dios que diga "hágase la luz". Alimenta un grupo de bobinas estáticas con una corriente, provocando cambio de polarización en el campo resultante y envuélvelo con otro grupo de bobinas alternantes con campos opuestos y aparecerá una resultante et voila, un motor deja de ser mágico. Pon muchas partículas en rozamiento y sus diferentes características empezarán a producir energía estática que en un determinado momento podrá viajar por un medio polarizado y, de nuevo, et voila, no necesitas dioses de los rayos, inútiles quedan Zeus y Thor, Susanoo e Indra, Tláloc y Xólotl. A mí me encanta explicar las cosas con física y química y hasta con lógica y eso no es muy complicado, lo complicado es explicar a los humanos y sus formas de pensar y de trabajar, pero tampoco me son ajenos, por ejemplo, me preguntaba la princesa bélica ¿cómo funcionan las EPS? por negocio y placer mi querida saltamontes, contratan médicos titulados que no tienen ni idea de quien era Hipócrates, recetan siempre pastillas genéricas como ibuprofeno, aspirina, captopril, dicloxacilina, piroxican, loratadina, clotrimazol, diclofenaco... y en los dispensarios nunca te entregan el total, esperando que te canses de gastar dinero yendo a por ellas o a que te alivies y no necesites más droga. El médico también espera que recetando un genérico desaparezca en pocas horas o días el dolor porque para ellos, todos somos un montón de chillones y la droga efectiva es muy cara y realmente nadie la necesita, en general, si un paciente consulta por la misma cosa dos o tres veces, pues le mandan un examen que haya que esperar cuatro días para que aprueben y 11 para que haya cita. El paciente, aliviado o muerto deja de consultar, pero no fue carga. ¿qué tal dios mio que a todo el que viene con una neurosis lo mandáramos al especialista? ¿dónde quedarían nuestras ganancias? Con todo las EPS son paseos de la muerte bien pensados y así funcionan. Por eso aquello de que no se automedique es una farsa total, pruebe a ensayo y error con un buen vademécum y olvídese de visitar esbirros a quienes su salud es lo que menos les interesa. Pero, ¿Y como funciona la educación? Igual mi pequeña grilla de panadería: Existen una gran cantidad de profesores sin escrúpulos que no enseñan ni lo mínimo y lo que basta es que el párvulo se siente, diga a todo que sí, siga la norma y así no sepa leer ni escribir le damos título de bachiller; el profesor va por el salón, crítica, reniega y pone pautas y pruebas, califica y es el dios del jardín siempre y cuando sepa mantener el orden y guiar a buen término las actividades académicas de: día de inglés, día de las elecciones estudiantiles y actos cívicos correspondientes a cualidades y fechas históricas memorables como la conquista de américa, la batalla de Boyacá, la independencia de Cartagena y la asunción de la virgen, corpus christi y sagrado corazón. Total, haga tabula rasa y lave cerebros de lo que debe hacer como ciudadano; votar y callar y ya no necesita ni pasar por la academia: profesor honoris causa. ¿qué tal que enseñáramos de libertad e insumisión? dios nos libre de profesores ateos y anarquistas. Pero, ¿y la religión? Ah, es sencillo mi querida rata de laboratorio, las religiones han unido al pueblo bajo una fe, no porque el pueblo crea en esa fe sino porque esa fe fue impuesta con terror y masacres y tortura, con la santa inquisición y la congregación para la doctrina de la fe, con miedo al infierno y al purgatorio y hoy, por simplismo y tradición, los más ignorantes que pasaron por esta educación siguen a fe ciega y pies juntillos los dictámenes de dioses creadores que nadie ha visto y ¿quien duda que hay un cielo y un infierno? Tal vez sólo pueda contar a Gonzalo Arango -y tengo mis dudas sobre él- a Fernando Vallejo y a tú mal hadado maestro. Bajo ese mismo modelo de control podrías decir que ahora tienes un dios y que se llama "Palito cagado" y le eriges un altar y le rezas y le crees como a Sredni Vashtar y muy pronto vendrá la religión imperante a nacionalizarte, a declarar pagano a tu dios y a evangelizarte o obligarte a abjurar de tu "palito cagado" en nombre de la religiòn imperante, porque una verdad de la religión es que sólo hay un dios que puede salvar y es, por lo general, el más sangriento y avasallador de todos. Pero maestro ¿y la política? Ay mi avispa venenosa ¿quieres saber sobre política? es simplemente el arte de hacer EPS's y educar con religión.

jueves, 27 de diciembre de 2018

Ensayo sobre la risa y otros demonios Capítulo X (Final)

De tantas y tantas cosas que pude haberles contado sobre el pueblo en las montañas que desapareció a causa de la risa y sobre cuyas ruinas hoy no se erige nada, dudo que por temor, porque la trascendencia de lo ocurrido no pasó a mayores y me considero el único relator de tal suceso y por lo demás, los conquistadores ya no eran atraídos o, muy por lo bajo, la gente recordaba el incidente, pero no querían saber nada de él o arriesgarse a sufrir de ese mal que asoló esas tierras, en fin, a ese pueblo nadie volvió y las montañas nunca fueron ocupadas de nuevo. Esperamos que algún día, otra civilización que excave las ruinas trate de explicar o explique definitivamente la desaparición de un pueblo entero ¿a causa de qué? No logro imaginar que un ente, humano o no, excave fosas y encuentre esqueletos completos de homo sapiens y pueda decir tan campante: "murió de risa". El que haya visto inhumar, sabe que las mandíbulas casi siempre se sueltan y parece que la calavera, literalmente, se riera, pero eso ocurre en todas partes del mundo y no sólo en Gelotolandia. Así que tal incidente carecerá de efecto. Los cadáveres podrán mostrar señas de impactos o incluso mostrar que se fatigó el corazón y hasta, de alguna manera informar que murieron por un ataque cardíaco, pero nadie podrá buscar a la risa como precursora de todas esas nefastas muertes. Ahí vuelvo sobre aquello de la causa primaria o latente. Puede que algún historiador o un relator se digne desenfrascar las risas de ese pueblucho en las montañas y que alguien le ponga cuidado al peligro de ciertas enfermedades que surgen sin aviso y desaparecen de igual manera, no olviden a Txé con los ciegos y con el síndrome del voto en blanco. Quien quita que un día, o incluso que ya haya pasado, un pueblo sufra del mal de decir solamente la verdad -ese pueblo también desaparecería por obvias razones- o de un mal más siniestro como una sordera inactiva, aquella que pretende oír, pero sólo lo que necesita. En el metro la forma cotidiana sería algo como: ¿Qué horas tenés? Ah si, hoy es martes. Ah entonces aquí me bajo. O una más simple: Queremos libertad. Ahí tienen para que quemen a su antojo. Viva México cabrones. Podría ocurrir que un pueblo sufra de impertinencia o de ateísmo absoluto e incluso de ausencia de inhibición. Todo podría pasar y yo sólo redacto lo que viví en aquella aurora con aquellos pueblos montañeros que murieron de risa. Me llevo a la tumba el cuento del camello, aprendí a respetarlo y aprendí a olvidarlo, ya ni sé de que se trataba, Ah si, sobre un camello varado en el desierto, pero no le entiendo el chiste. No quiera dios seguir mandando castigos, a estos sus pueblos y dejando que mueran solos y desamparados en las montañas. ¿Cuántas culturas y cuántas civilizaciones habrán sufrido lo mismo o sufrirán en este momento sin que nadie se entere ni por asomo? Algunos dirán que son cosas que no pasan sino en los libros, pero yo me aferro y repito que fue cierto y que todo el pueblo desapareció y que fue todo por contar un maldito chiste a un par de adolescentes sin criterio y sin consciencia. No quedan moralejas y no esperaba que quedara alguna cosa, similar a Txe, tan pronto como apareció, desapareció, aunque en este caso toda una cultura desapareció de las montañas donde fue aislada y sin necesidad de bañarlas con gases neurotóxicos o dejarles ir un misil, es más, sin necesidad de disparar una sola bala, aunque, si somos sinceros, no faltaron los ataques de risa que terminaron en balaceras, cosa que a mí me sonaba a cuento fraudulento. No me cabe en la cabeza gente matándose secos de la risa, pero dicen que así fue en el principio del mal. Porque al acabarse las municiones la gente dejó de cargar armas y hasta machetes y rulas. Sabían que manejar armas enojados era un gran peligro que se incrementaba con las arcadas de la risotada y por eso también desaparecieron las armas. De los Popochos jamás volví a saber, supongo que corrieron la misma suerte de todos los demás si sufrían los mismos males que todos los demás porque hasta donde sé la Popocha, que estaba entradita en carnes y hasta en edad, no le soltó nada a nadie y, si ya era apática al sexo antes de lo ocurrido, con la risa debió pasarse de la raya y evitar la descendencia y si la tuvo, también debió sufrir la misma suerte que los neonatos de Gelotolandia: Salir disparados de la matriz por exceso de "pujanza" y quedar allí mismito ahogados en su propia risa incapaz de llenar los pulmones. Me queda por resolver si la risa resultó ser un "remedio infalible" y eso en cuanto a si, al reírse, la gente sentía placer y el cerebro de recompensa les daba endorfinas, que en cuanto a si el remedio fue absoluto por la desaparición de toda una comuna, de eso estoy completamente seguro.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

La mitad de todo (nota de un suicida)

Hace días concluí una fatalidad que sólo puedo compartir con mis mejores amigos. Sé que a muchos les molesta esa forma mía de ver el mundo negro y oscuro, patético, apático. No puedo pasar a hacer demostraciones filosóficas de mis teorías porque simplemente son teorías, cosas que se me ocurren mientras duermo y que me despiertan en la noche y a veces hasta me trasnochan y me hacen perder todo gusto de recostarme por temor a soñarlas más vividamente. La humanidad tiene esperanzas y las divide en pequeñas etapas de felicidad y se apura en buscar esa felicidad que añora y desea a toda costa, incluso comete delitos por lograrla y hasta se piensa una especie feliz  en la cima de la cadena alimenticia. Tal vez algunos hayan escuchado la hipótesis de la zona de "risitos de oro" en la que se encuentra la tierra, ni muy cerca del sol para que no se evapore toda el agua, ni muy lejos de él para que no se congele. Estamos en el punto perfecto y aquí no estaremos para siempre, llegará un momento en que el sol se acerque -por estar muriendo expandirse por ganarle la energía a la gravedad, o por sufrir la tierra un colapso gravitatorio y se acerque. De cualquier manera toda noción de vida desaparecería del planeta o incluso el planeta mismo. Luego de millones de años en un lugar privilegiado, pum, desaparecemos. suma total de la edad de la tierra en la zona risitos de oro: 6 mil o 7 mil millones de años; tiempo estimado del universo 13, 8 billones de años. Si hallan la relación se darán cuenta de mis delirios: No existe tal proporción de felicidad. Vivimos en busca de ella, pero disfrutarla no es más que unos pequeños momentos en comparación con los momentos de angustia y de infelicidad. La juventud es bella, pero ¿Cuánto de nuestra vida la disfrutamos? Pensamos que después de la tormenta viene la calma, pero el ciclo es incesante, después de la calma vuelve la tormenta y la calma y la tormenta y la calma y la tormenta... ¿Se dan cuenta a que me refiero? No, no estoy loco, por lo menos acudo al trabajo y hago las cosas por mí y me muevo en sociedad. si, sé que me gustan poco y disfruto más estar a solas, pero he mostrado mi funcionalidad social y la superación de mis dimensiones. Sé usar el bus y dialogar y hasta mezclarme en conversaciones banales, sé cuidar de mi mismo y tengo algunas lecturas de cosas especiales, me apropio del conocimiento humano sin más, aunque realmente la profundidad de mis conocimientos es muy vaga. Creo que la calma chicha es un azar estadístico. Mezclar ambas palabras puede parecerles tonto, pero sugiere que es demasiado escasa la tal calma aquella y lo es aún más la felicidad. Pongamos por caso una casa que existió por más de dos milenios y ahora es lugar de peregrinación y turismo, sé que desaparecerá y esos milenios no son nada contra 4500 millones de años que no estuvo allí. La plaga humana lleva 200 mil años y no es nada comparado con los 180 millones de años del reinado de los dinosaurios. Una persona se enferma y le deseamos que se recupere, claro si es de una gripa bien, pero ¿si es de cáncer? ¿si es de tedio por la humanidad? Seguro se recuperará, o no, tal vez siga en esa alternancia tormenta y calma, que será siempre más tormenta que calma. ¿Se alivió su papá? pero si el tiene 80 años, nunca se va aliviar, se está muriendo porque esa es la ley de la vida, mejora de una cosa y empeora de otra. Se calma por acá y se atormenta por allí. Yo no quiero aceptar esa maldita ley de la vida. Tal vez ya me entendieron. Podríamos ser felices si las cosas fueran por mitades, media calma y media no calma, pero eso es inexistente. No es la mitad es infimamente menos y por eso no vale la pena vivir, este desgarre completo, esta ausencia de ser tratando de ser, esta búsqueda insaciable de una felicidad que es una calma chicha que es un 0,2% de la existencia humana. Ninguno pensaba encontrarme muerto, pero esas es mi razón. La lógica de la energía. Se gasta bastante en un propósito cuya efimeridad no justifica. No hay proporción entre la energía usada y el trabajo resultante. Y no, el trabajo no es gratificante, no me complace sufrir, ni me interesan los cielos, quiero la felicidad aquí y como no es posible o requiere demasiado esfuerzo. Adiós. No le aterre mi ejemplo de pereza, no me siga, sólo quería que alguien supiera porqué preferí la solución de un balazo: barata, al alcance de todos y sin tanta búsqueda inútil del placer y la felicidad.

jueves, 20 de diciembre de 2018

Ensayo sobre la risa y otros demonios Capítulo VIII

Si piensan que algo dejé al azar en mis experimentos, se equivocan: Sabía que había provocado el mal humorístico. Probé con las palabras en el letrero hasta el cansancio, aunque cada vez era más difícil realizarlos porque la gente escaseaba antes que aumentar. Se probó el detonante con foráneos ─los autóctonos ya no tenían remedio─ En el mismo letrero no quise ocuparme de los dibujos, pero sabía lo que pasaba con el cartel del pueblo. Lo que me molestaba es que no tengo ningún don en la pintura y mis modelos más parecen un test Rorschach. Aún así probé en llevar algunos dibujos de animales y cosas y sólo los que aludían a "camello" provocaban hilaridad, pero como he dicho, sólo en aquellos que trataban, en un arrebato de seriedad, de entender lo que allí había dibujado y sólo cuando, al parecer, entendían o su cerebro traducía la palabra, soltaban la carcajada. Claro que probé en otros idiomas, aunque me pareció tonto, probé en croata: deva y en euskera: gamelu, en lituano: kupranugaris, en rumano: camila; aunque me pareció más lógico probar con palabras más parecidas en nuestro idioma: Camell en catalán, kamel en alemán, kamela en esloveno y el kamelli del finés y me pareció una tontería escribirlo en yidis, ruso o japonés. Me dí cuenta de que tampoco estaba al lado de políglotas dedicados o que la intelectualidad de ellos andaba por los suelos. Obtención total de risa extrema: cero. Mientras la palabra no llevara consigo el dibujo del camello, no tenían ni idea de lo que el cartel decía y las palabras incompletas daban como una especie de pereza mental. Sé que alguien quiere contradecirme, pero esa sensación la tuve siempre al tratar de hablar con los afectados. Una pereza catastrófica, si quieren tan parecida al meimportaunculismo o al nimierdismo, si quieren diferente. Yo notaba un desgano y una desazón por cualquier cosa que no fuera reírse. Una especie de impulso muerto. No es necesario que me apoye en Freud, algunos deben recordar sus impulsos ─el decía pulsión, pero se entiende más fácil con impulso─ de Eros y de Thanatos y el que asumiría su hija Ana, unos años después de la muerte de aquel: el impulso de Ares. Pues a este impulso nuevo debemos llamarle el de negación del impulso o de "simpulsión". No aparecía un temor a la muerte o un amor por la vida o unas ganas de destruir. Se morían como si nada y ya sabemos el menosprecio que le tenían al bello arte de la reproducción, ya con el fin de reproducir o ya con el fin de pasarla chévere. Tampoco es que hicieran meditación para controlar tales impulsos, es que la risa, que ocupaba todo, ocupaba todo. Y si por sacarles la checa y ponerlos a gritar o asustarlos fuera, ya les contaré más adelante los experimentos a ese respecto, no había remedio. La situación que se presentaba era que mientras menos se hiciera, mejor. La ley de pereza cósmica ya había sido dictada: "venga le presto un libro para que lea" "ja ja ja je je no ja ja no necesito"; "hagamos un algo para celebrar que no hay nada mejor" "ja ja ja no hace falta" "resolvamos este acertijo tan interesante" "ja ja je je ja ja no, sentémonos más bien"... Ahora en cuanto a insinuaciones sexuales iba del mismo rítmo: "Mira, vamos a un lugar bien bonito" "ja je ja je ¿para que? acá estamos bien" "Me refiero a donde podamos estar solos" "ja je ja ja ja ja ja ja ja" "te invito unos tragos de algo bien caliente" "ja ja je je no tengo frío"... eso explica las bajas tasas de nacimientos, aunque no explica porque el virus se transmitía a los pocos infantes que nacían y tampoco explica que ya supieran reírse al nacer. Sabía yo de niños que nacen llorando, pero de niños que nacen -es literal- muertos de la risa, no. Ya bien dicen que en camino largo hay desquite y yo tuve mucho tiempo para analizar y sopesar mis dudas y mis cavilaciones sobre el tema y hasta pude llegar a ejecutar algunos intentos de cura o por lo menos la manera como pensé podía hallar la cura, pero no es tema de este capítulo. Este capítulo debe concluir con lo ya sabido: Un pueblo en las montañas era proclive a la risa y un chiste mal hadado se coló por todas sus redes y les provocó una risa toda pendeja de por vida, que devastó a las instituciones y al pueblo mismo en sus creencias, su fe, su natalidad y su modo de vida que se volvió aún más simple y propagó un afán de no sentir nada más que risa -simpulsión- y a la fecha sabemos que el único detonante de risa pura y sin contención es la palabra "camello" en español o uno de sus derivados o en su defecto, un dibujo que les haga pensar en el animal mencionado.


PS: Quise yo llamarlo simpulsión con n, pero la norma RAE prohíbe n antes de p.

Ensayo sobre la risa y otros demonios Capítulo IX

Sería deprimente regresarme al inicio de la jornada para contar un que otro incidente en el río o en la comisaria y recordarán además que mi contacto con los infectados era nimio, simple y escaso. Los dos popochos, la chica que ayudé en el camino y mis observaciones desde atalayas bien establecidas y cubiertas. Era escaso saber más de lo que contaban los mismos campesinos que arribaban del pueblo, pero por ellos y sus pequeños diálogos fue que me enteré de tanto desafuero. Seamos sinceros, las charlas de ellos apenas si duraban unos segundos, pero una imaginación fértil como la mía, completaba el relato que deducía entre risas y sin hacer preguntas. En una ocasión, apenas llevaban 15 días los ataques de risa colérica y aún no se conocían sus causas, la ciencia las explicó, y armaron un alboroto de no sé que detonante, de una sustancia. Acuérdense que ya les conté por allá en los primeros capítulos, pero esos científicos no sabían lo que yo tenía de culpable en la situación y tampoco nunca infirieron que las causas aparentes no son causas primeras y que las causas primeras no existen a condición de que causa y efecto sigan siendo sólo palabras. Debería contar que para dialogar con ellos yo me hacía pasar por zombie y también me echaba mis risotadas, aunque las mías eran lo más simples e hipócritas posible, un par de jes perversos o de vez en cuando un ja desafinado. En fin, la conversación que escuché fue la siguiente: "je je je je je je el peluque... je je je casi lo... je je ma... je je ta... " "si... ji ji je.... que bru... ju ji je je to..." Ya les dije que si transcribiera acá una conversación completa se me iban hojas enteras en las solas risas. Yo saqué en limpio lo siguiente: Aún no caían en cuenta lo incómodo que resultaba realizar una labor mientras la risa, por más pequeña que fuera, estuviera presente y, los inadaptados del pueblo, aún creían en que podían realizar labores tan simples como la de cortarse el pelo sin sufrir por ello. Don Lizandro Paredes de la Hoz acudió a buscar a su peluquero de confianza para que le rebajase un poco la mata de pelo que no era tanta y para que le alineara las patillas y le emparejara los flequillos y fue a la que era la antigua calle del comercio donde su peluquero de confianza, don Ruperto Estivez, anciano reconocido por la comunidad como uno de los fundadores del modelo "chuler", cero en los laterales y un crespón en la parte superior, tenía sus oficinas. Salve decir de antemano que yo si conocía a esas personas, aunque no he ido a un peluquero en años, mis escapadas al pueblo me permitían codearme con la crema innata de aquellas comunidades -tampoco fue lapsus- peluquianas. Saludó don Lizardo: "lo mismo de siempre" y ya habían murmullos expulsores de risa, de esa como se quiere salir por la nariz la explosión de aire por uno no querer soltar la carcajada, pfum pfum, no puedo ser más onomatopéyicamente preciso y cuando vean escrito el "pfum" imagínense el efecto, que mi querido amigo definió las risas desde el principio de estas líneas, pero no los murmullos, de los cuáles había un montón; esos los retomaremos en el último capítulo. El caso es que sentado don Lizandro, don Ruperto empezó a hacerle los cortes con la mayor precisión y empezando por emparejar con tijera, la mota superior. Allí no hubo gran tropiezo que los dedos limitaban el daño que pudiera hacerse al cuero del cristiano, pero cuando empezó con la maquinita por los lados, los estertores risísticos de los que hablamos provocaron más de una entrada en el punto incorrecto y a la hora de arreglar los bordes con la tijera sola, las sienes y orejas de don Lizandro Paredes de la Hoz parecían las sienes del nazareno y claro cada "ay" provocaba más risa y daba más risa que a ambos les daba risa y así en un eterno momento de retroalimentación que terminó -esto se refiere a los que desde la calle observaban la operación- con unos cuantos infartados, un que otro herniado de la fuerza, unos cuantos con dolor abdominal severo y algunos asfixiados. Los pocos que se salvaron hicieron esos murmullos una vez más para que yo los tradujera.
Alguna vez traté de aliviar dolores, hallando una cura, por ejemplo esperar un momento de ataque de risa y decirle a la persona algo fuerte y serio. Supuse que esa contraposición de sentimientos sería más que suficiente para sacar al enfermo de su estado. Por ejemplo: "su señora madre acaba  de morir" eso si, sin afirmar muerta de que, porque si uno encima que fue de un ataque de risa, aunque no desagravia la muerte, si la pone más cómica. Esperé en la estación de buses  y al que más se andaba riendo me le puse muy serio y le lancé el continente: "Don Joaquín, su señora esposa falleció esta mañana luego de que usted se fuera". Valiente gracia, fue como si le hubiese dicho que un camello se murió, soltó la carcajada, que ya la tenía bastante suelta y se puso como un loco, se sostenía la barriga y no alcanzó a preguntar ni de que, el otro problema era que la señora venía a recogerlo para ayudarle con los bultos y él, apenas la vio, se totió más de la risa todavía -si es que se podía- y fue el acabose porque don Joaquín y doña Liliana vieron por última vez la luz de la luna.
En otra ocasión traté con dolor, pinchando con un alfiler al discapacitado y comprobé, tristemente, que el dolor tampoco era un desacelerante, en casos se quedaban igual y en otras prorrumpían con más sonoras carcajadas. Dejé de buscar soluciones inocuas y de visitar subrepticiamente las llegadas del bus a la vereda.

sábado, 17 de noviembre de 2018

Ensayo sobre la risa y otros demonios Capítulo VII

Ya de por sí, era un calvario el ser cura en la ciudad de la risa, el mismo cura casi no era capaz de redactar el sermón sin que le mediara una chispa de risa. A dios le rezaba para que le permitiera oficiar sin mayor tropiezo los dos cantos de entrada y salida y el salmo y leer el evangelio y, desde que cometió la burrada de leer la parábola del camello y el rico pasando por la aguja, con la que provocó no sé que tantos ataques cardíacos y fallas respiratorias; el oficio se llevaba a cabo con poca asistencia y con una biblia donde se tachaban los "camellos" y se reemplazaban por mulas de Toledo y que sabiamente fue conocida en la población como "la biblia sin errores" entiéndase que si se hubiera puesto "la biblia sin camellos" habría sido contraproducente. La iglesia no era muy grande y el cura ya no estaba para paseos, ni la arquidiócesis quiso reemplazar curas graciosos, y la comunidad creyente era un número deleznable, más aún después de los muertos por la lectura de la parábola, ni valía la pena tratar de evangelizar un pueblo que sólo se reía hebetado y donde, en verdad, no había futuro, ya que no habían nacimientos, ni oficiaba el legado por vía evolutiva. Mejor dicho, mandar un cura nuevo a que de pronto también le diera el mal de los descosidos -de la risa- era como votar pólvora en gallinazos. No es por mala fe que lo digo, pero la evangelización de los indios de américa valía la pena. ¿Cuánto diezmo, cuánto esclavo creyente y temeroso no ha pagado con creces el gran esfuerzo de los conquistadores? Quedaba por preguntarse, y ya es cuestión de fe, si los muertos buenos que iban al cielo seguían allá en las alturas con tanta gracia o se curaban para siempre a la entrada del cielo. Puede uno suponer que en el cielo todos se desternillan de risa constantemente, no en balde ya son salvos eternamente y pueden sentirse eternamente felices, pero que estén toteados de la risa mientras se ejecutan los coros celestiales o se ejerce el título de ángel de la guarda o mientras se le dirige la palabra al comandante en jefe de las fuerzas angelicales, debe de ser de muy mal gusto. Queda por comprobar si en el cielo también eran propensos al mal gelásico que atacó aquella ciudad y como todo es deducir, debemos dejar esa especulación en calma y quieta. A la muerte del señor cura no le siguió nadie en el puesto y así también desapareció otra pata del cojo. La iglesia se fue cayendo a pedazos y nadie más le puso atención, ni siquiera se recuerda si el cuerpo del señor cura quedó entre las ruinas o si alguien lo reclamó y le dio cristiana sepultura. El pueblo entero iba desapareciendo. Las mismas razones fueron esgrimidas por la sabia PONAL y la inquebrantable TRANAL, que dirigían las fuerzas policivas y el tránsito regional. Así dejó de funcionar la estación de policía, la alcaldía municipal, la cárcel, el cementerio, la guarida de tránsito -no fue un lapso- las cantinas de la plaza central... El pueblo cada vez más solo se fue refugiando en las montañas y abandonando por completo los edificios de la ciudad. Ya nadie recordaba si al pueblo había llegado la tecnología porque las redes de celulares de no recibir mantenimiento también dejaron de funcionar y la gente no las extrañó. El pueblo se volvió algo así como un pueblo de risas fantasmas, porque eso sí, en la bruma y en la penumbra retumbaban de cuando en vez chispazos de risas puras, aunque los ja fueron en detrimento y se cambiaron por los ju hipócritas. Las pocas veces que se escuchaban -y bien lúgubres se oían- era cuando alguien pasaba por la plaza en donde algún ingenuo, construyó un hermoso edificio de cristal y en la torre, había quedado un letrero con la foto de un camello y que se complementaba con "Se vende carne de" La foto no producía el sarcasmo de risa, era la traducción del dibujo y sólo si alguien se interesaba, porque el letrero estaba en la parte más alta del edificio y sólo quedó al descubierto cuando las primeras fachadas cayeron. El dichoso sitio jamás entró en funciones, pero no faltaba un deambulador que levantara la vista y "Zas" en esos momentos retumbaba la carcajada que parecía venir de ultratumba en esos parajes desolados. Tal es la ciudad. tal es el cuento.

viernes, 16 de noviembre de 2018

Ensayo sobre la risa y otros demonios Capítulo VI

Lo primero que todos se preguntan al empezar este relato, es ¿Cuál es el maldito chiste del camello? eso lo comprendo, pero es una preocupación nimia, pues el chiste es sólo un símbolo ¿Existe el tal chiste del camello? si. existe, pero no es el caso de provocar en otros la misma locura que se llevó a cabo en aquel pueblo, la risa es saludable y al mismo tiempo exterminio. No en valde queda esa frase de sabio que dice "todo es veneno, nada es veneno, la diferencia está en la dosis" En aquel pueblo, todo fue muriendo y no estoy llevando al extremo aquello de que es mejor un pueblo triste que uno que se revienta a carcajadas. Es probable que sea mejor morirse de la risa que en una seriedad solemne. Para mí, es inaceptable que, carcomidos por la corrupción, muertos de hambre y de tedio, abusados por los candidatos, engañados por los electos, pisoteados por salarios de miseria, en una situación decadente de ausencia de ofertas laborales y con deudas sobre las deudas -ese invento del interés compuesto o el UPAC, acabaron con muchos sueños- las personas se rieran y oficiaran, en medio de la más sonora carcajada, toda labor cotidiana: enterrar un afín, sudar a cántaros mientras se recogía la cosecha, comer, emborracharse, ir a misa -ya había dicho que varias cosas ocurrieron en aquel pueblo, la quiebra de los prostíbulos, el cierre del hospital de infantes y recién nacidos, la desaparición de la escuela y el aislamiento en las montañas y valles de los infectados por el virus de la risa- hacer del uno y del dos, dormir... varias cosas se habían vuelto imposibles, por ejemplo, las mujeres salían sin pizca de maquillaje o con los ojos rojos por los intentos fallidos con los lápices y delineadores. De pronto se dejó de usar el rimel y el delineador -al parecer nadie supo cuantos ojos rojos o sacados se vieron a causa del intento de darse una pincelada tan minuciosa mientras se ejecuta el don de la carcajada- al principio se veían caras payasudas como las de Heat Ledger cuando interpretó al Guasón y con maquillaje como el cuaderno de un párvulo que recibe su primera caja de prismacolor. Al final se dejaron de usar los mejunjes y ungüentos, los pintalabios y demás patrañas de la escuela de las pinturas -ya sabía yo que los únicos que se pintan son los actores y que pintarse equivale a representar un papel- como el pintalabios, la base del maquillaje, los iluminadores, las sombras... y el pueblo, a pesar de su risa, se volvió más triste. 
Ahora, nada me gano con poner el chiste entre comillas. Sería objetivo el copiarlo acá y dejar que cada uno juzgue o sufra en carne propia la encarnación del virus, pero no es de una persona cuerda, tentar el destino y la salud de sus lectores. A más que desde el inicio del complot risístico, se establecieron unas multas para aquel que osara repetir las líneas del nefasto cuento. No temo a tales comparendos y desafueros, pero me sentiría responsable si, en caso de contarlo, una nueva oleada de risas y ataques cardíacos se viera instaurada en la población restante. Creo sea probable que las demás personas del honorable mundo sean inmunes a tal virus y a tal cuento, porque como demostró Txé, en ninguna otra parte hubo acceso de ceguera blanca en ninguna de sus dos formas y hasta la fecha, no se ha detectado otro brote de risa colérica. Además asumo que muchos han escuchado el tan famoso cuento del camello, pero que les ha parecido tan banal, que lo han olvidado o que, en su secreto deseo de no ser bautizados con aportes extralegales al erario público, callan para verse como ausentes o preguntan por el chiste, sólo para ver quien se atreve a contravenir las normas. En cuanto al dichoso chiste o cuento o narración, no pienso, de ninguna manera volverlo a contar. Equivale para mí a tener en mis manos la última cepa de un virus mortal y por ello, si nadie osa repetirlo, muere conmigo, como murió ese pueblo entero en las montañas. Toca aceptar que es algo que tiene el chiste en sí para disparar la risa en los afectados, porque millones de personas dicen a diario la palabra camello y siguen igual de sanos o enfermos a como estaban. Podría ocurrir también que el secreto se halla en los pacientes cero -Popocho y Popocha- y que fue algo en ellos que, aunado al chiste del camello, provocó el ataque y que ese algo flotó en el aire por aquellos días, inundando sólo a aquel pequeño pueblo en las montañas. Sírvase recordar, que ese era mi cuento preferido y que aunque yo no sé contar chistes, si alguien me retaba a hacer reír, yo llamaba al de "James" o al del "camello" e ineludiblemente mis interlocutores se morían de la risa con cualquiera de ellos. Esto se refiere, claro está, a épocas muy distantes entre sí. Con decir que la primera vez del camello, andaba yo en bachillerato, como en octavo -aunque en esa época le decían tercero de bachillerato- y la siguiente vez fue 5 años después en un auditorio del SENA y luego pasarían 10 años antes de volverlo a  contar en un concierto en el que la gente me miraba con desespero por mis letras tristes en la casa de Fernando González en Envigado y la última vez fue a esos dos pipiolos que me retaron porque "usted no da risa profesor" -equivalía, según su idioma a "usted no sabe contar chistes" porque a nadie en su sano juicio se le ocurriría contravenir que se es un hombre serio- y tenga su camello y miren donde vine a parar por andar contando cuentos a poblaciones endémicas sin medir las consecuencias.

domingo, 9 de septiembre de 2018

Ensayo sobre la risa y otros demonios Capítulo V

No debe escudarse en las sombras quien desea ser recordado por la humanidad o, tal vez desde la sombra pueda manipular mejor lo que desea que se cuente de él. El caso es que en los primeros meses del ataque de risa ocurrido a la población, los noticieros de toda la nación hicieron su agosto, comentando sobre el pueblo más feliz del mundo, del país y de la provincia de tal: "La felicidad por encima de todo" era el título de la prensa libre. "toneladas y toneladas de risa para la patria de san gelasio" fue el titular de los laicos  "Una sonrisa que cambia al mundo" rezaba los radicales de centro y "Dios les legó sonrisas" el periódico de la línea teológica. Los noticiarios enviaron -discúlpenme esta perogrullada- enviados especiales que estuvieron cubriendo por varios días la inusual carcajada de un pueblo que, a decir verdad, nunca había sido famoso por su risa. No faltó el periódico de izquierda y socialista que aprovechara para echar pullas: "El país de la risa" y "el país que da risa" fueron publicados durante cuatro domingos consecutivos en el suplemento y dos o tres gacetilleros hicieron sus cuentos para imprimirlos y venderlos mientras la noticia aún estuvo en el horno. Por lo menos dos meses más pasaron antes de que la ciudad de la risa desapareciera por completo de los telediarios y de la prensa en general, pero los comentarios, la página oficial de la secretaria de educación y varias páginas en las redes sociales, mantuvieron viva la historia y de vez en cuando se aparecía alguien que quería llegar al interior de aquellas montañas para comprobar si la leyenda era realidad o para triunfar en sus truncadas carreras de comediantes. Sí, al pueblo llegaron comediantes de talla internacional que vieron sus carreras frustradas y se presentaron en la plaza, en el palacio de los deportes y en la estación de Bomberos con un éxito moderado. ¿Quien iba a pensar que en un pueblo de risueños, la gente no quisiera reírse más? No puede criticárseles por la inasistencia y menos cuando por aquellos días se encontraban en las finales de fútbol soccer -el de las patadas- y las presentaciones coincidieron con algún que otro partido. A decir mucha verdad, la gente se reía de los cuentos y de las monerías del comediante, pero si me preguntan a mí, parecía que no le ponían demasiado cuidado, en tanto siempre algunos estaban riendo. Aquellos aprendieron a dominar al público sin usar muchas palabras, o por decir más verdad, usando palabras de grueso calibre y además descubrieron el truco de la palabra que provocaba la hilaridad total: "¿se saben el chiste del camello?" o simplemente decían: "camello". Los comediantes llegaban, decían un par de vulgaridades y para hacer rematar al público de risa decían "camello" varias veces y la función, como les he dicho, a veces terminaba en tragedia cardíaca. También los humoristas se cansaron de ir al pueblo o la gente terminó por no asistir más a pagar para que los hicieran hacer lo que hacían gratis.
Desde la investigación de los popochos, yo no había vuelto a tener una conversación con un "alterado" hasta que me encontré de frente con un caso extremo o si quieren, podemos admitir que la enfermedad tomaba visos de compleja. Resulta que saliendo tarde de mis labores -que hacía entre risas para no sobresalir del modelo general- atravesé por un desecho, lo que se llama un camino alterno y sobrada casualidad, en ese camino fangoso y cruel, me encontré a la señora de la ternillera -por alguna insana razón, tenía una argolla atravesada en la ternilla-  y, claro, como todo un caballero, decidí ayudarle a recorrer el tramo ofreciéndole la mano a cada paso y franqueando con ella los agujeros más grandes del suelo. El camino era de bajada y estaba resbaloso, pero ella no paraba de reírse: ja ja ja ja y con ja que es la risa más estridente y pura. Digamos que yo ya estaba incómodo y me reservaba el decir "camello" ella cada que le ofrecía la mano soltaba la carcajada ja ja ja y no fui yo a decir que, "esta subida es un camello" y ¿por dios qué he hecho? está chica no podía parar de reír y yo me figuraba que le iba a dar un paro cardíaco, le pedía que se calmara, pero ella de sólo contemplarme angustiado se repetía a sí misma "camello, "la subida es un camello" ja ja ja. Yo apelaba a su juicio, pero ¿cúal juicio? le decía lo malo que era reírse tan desaforadamente, pero si me disculpan, ella más se desternillaba de risa y aún nos faltaban un buen par de cientos de metros. No aguanté más y me enojé con la desternillada y le dije lo inconsciente que era reírse de una estúpida palabra, le grité que tratara de explicarme que de gracioso podía tener la palabra "camello" y ella sin aliento ja ja ja, ja ja ja. No pude más, mi ego, mi amor propio, mi caballerosidad y mi aguante todo me impulsó a abandonarla en esa brecha. Salí enojado y todavía por más de 5 minutos alcanzaba a oírla: "esta bajada es un camello ja ja ja".

domingo, 26 de agosto de 2018

Lobo está

¿Lobo está? Seguro se prepara para salir y no puede dejar en su madriguera lo importante para enfrentar el día, lleva las garras afiladas y el olfato presto para detectar donde se ha escondido el truhan, la mala información, el engaño...

¿Lobo está? Lame su pelaje, sabe que algunos tratarán de morderle y en lo más secreto de sus deseos, quiere que su saliva se vuelva veneno.

¿Lobo está? Aún no, trata de ocultar su inquina contra la humanidad, no la soporta y por eso piensa tanto en si debe o no salir esta noche. Si logra ocultar su desprecio seguro estará listo.

¿Lobo está? Le falta su escudo contra la ignominia de unos y la amnesia de otros. El rencor nunca le ha abandonado, no olvida, no perdona y por eso debe hacer de tripas corazón y el escudo de la ignominia es su hipocresía.

¿Lobo está? No, prepara sus orejas para no escuchar a la humanidad, busca un sonido agradable que le sirva de banda sonora para no tener que escuchar la inane y fútil perorata humana.

¿Lobo está? Casi, a su vieja vestimenta no le cabe un recuerdo más y quiere llevar consigo lo más querido de sus batallas, las cicatrices y cada rasguño de sus botas.

¿Lobo está?
¿Lobo está?
¿Lobo está?

¿Lobo está? No. Hoy no habrá espectáculo, decidió quedarse en su madriguera. Pudo más la inercia de sus dolores.

domingo, 22 de julio de 2018

Ensayo sobre la risa y otros demonios Capítulo IV

No debe escudarse en las sombras quien desea ser recordado por la humanidad o, tal vez desde la sombra pueda manipular mejor lo que desea que se cuente de él. El caso es que en los primeros meses del ataque de risa ocurrido a la población, los noticieros de toda la nación hicieron su agosto, comentando sobre el pueblo más feliz del mundo, del país y de la provincia de tal: "La felicidad por encima de todo" era el título de la prensa libre. "toneladas y toneladas de risa para la patria de san gelasio" fue el titular de los laicos  "Una sonrisa que cambia al mundo" rezaba los radicales de centro y "Dios les legó sonrisas" el periódico de la línea teológica. Los noticiarios enviaron -discúlpenme esta perogrullada- enviados especiales que estuvieron cubriendo por varios días la inusual carcajada de un pueblo que, a decir verdad, nunca había sido famoso por su risa. No faltó el periódico de izquierda y socialista que aprovechara para echar pullas: "El país de la risa" y "el país que da risa" fueron publicados durante cuatro domingos consecutivos en el suplemento y dos o tres gacetilleros hicieron sus cuentos para imprimirlos y venderlos mientras la noticia aún estuvo en el horno. Por lo menos dos meses más pasaron antes de que la ciudad de la risa desapareciera por completo de los telediarios y de la prensa en general, pero los comentarios, la página oficial de la secretaria de educación y varias páginas en las redes sociales, mantuvieron viva la historia y de vez en cuando se aparecía alguien que quería llegar al interior de aquellas montañas para comprobar si la leyenda era realidad o para triunfar en sus truncadas carreras de comediantes. Sí, al pueblo llegaron comediantes de talla internacional que vieron sus carreras frustradas y se presentaron en la plaza, en el palacio de los deportes y en la estación de Bomberos con un éxito moderado. ¿Quien iba a pensar que en un pueblo de risueños, la gente no quisiera reírse más? No puede criticárseles por la inasistencia y menos cuando por aquellos días se encontraban en las finales de fútbol soccer -el de las patadas- y las presentaciones coincidieron con algún que otro partido. A decir mucha verdad, la gente se reía de los cuentos y de las monerías del comediante, pero si me preguntan a mí, parecía que no le ponían demasiado cuidado, en tanto siempre algunos estaban riendo. Aquellos aprendieron a dominar al público sin usar muchas palabras, o por decir más verdad, usando palabras de grueso calibre y además descubrieron el truco de la palabra que provocaba la hilaridad total: "¿se saben el chiste del camello?" o simplemente decían: "camello". Los comediantes llegaban, decían un par de vulgaridades y para hacer rematar al público de risa decían "camello" varias veces y la función, como les he dicho, a veces terminaba en tragedia cardíaca. También los humoristas se cansaron de ir al pueblo o la gente terminó por no asistir más a pagar para que los hicieran hacer lo que hacían gratis.
Desde la investigación de los popochos, yo no había vuelto a tener una conversación con un "alterado" hasta que me encontré de frente con un caso extremo o si quieren, podemos admitir que la enfermedad tomaba visos de compleja. Resulta que saliendo tarde de mis labores -que hacía entre risas para no sobresalir del modelo general- atravesé por un desecho, lo que se llama un camino alterno y sobrada casualidad, en ese camino fangoso y cruel, me encontré a la señora de la ternillera -por alguna insana razón, tenía una argolla atravesada en la ternilla-  y, claro, como todo un caballero, decidí ayudarle a recorrer el tramo ofreciéndole la mano a cada paso y franqueando con ella los agujeros más grandes del suelo. El camino era de bajada y estaba resbaloso, pero ella no paraba de reírse: ja ja ja ja y con ja que es la risa más estridente y pura. Digamos que yo ya estaba incómodo y me reservaba el decir "camello" ella cada que le ofrecía la mano soltaba la carcajada ja ja ja y no fui yo a decir que, "esta subida es un camello" y ¿por dios qué he hecho? está chica no podía parar de reír y yo me figuraba que le iba a dar un paro cardíaco, le pedía que se calmara, pero ella de sólo contemplarme angustiado se repetía a sí misma "camello, "la subida es un camello" ja ja ja. Yo apelaba a su juicio, pero ¿cúal juicio? le decía lo malo que era reírse tan desaforadamente, pero si me disculpan, ella más se desternillaba de risa y aún nos faltaban un buen par de cientos de metros. No aguanté más y me enojé con la desternillada y le dije lo inconsciente que era reírse de una estúpida palabra, le grité que tratara de explicarme que de gracioso podía tener la palabra "camello" y ella sin aliento ja ja ja, ja ja ja. No pude más, mi ego, mi amor propio, mi caballerosidad y mi aguante todo me impulsó a abandonarla en esa brecha. Salí enojado y todavía por más de 5 minutos alcanzaba a oírla: "esta bajada es un camello ja ja ja".

viernes, 6 de julio de 2018

El mar amarillo

No recuerdo que día salí a la calle a hacer unas compras y me encontré con un río embravecido de júbilo y jadeante que gritaba, corría y se santiguaba. En algunos sitios se tenían botellas de cerveza en diversos lugares, a donde llegaban para echarse un trago a la reseca garganta de gritar y que, con beneplácito de los etarios, propietarios, copropietarios, compañeros de trabajo y clientes, pasaban desapercibidos. O nadie quería decirlo o nadie quería imponerlo: beber en horas de trabajo es válido si ocurre un evento que lo justifique. El color que ofendía la vista era el amarillo, aunque había unos parcos de azul, que igual gritaban y pataleaban. A la primera de cambio pude notar como sobresalía aquel color en la calle -sólo siendo ciego y tonto habría podido evitarlo- peatonal y a diestra y siniestra en los almacenes, desde la más insignificante tienda de ambulante, hasta en las más sofisticadas con detectores de hurto y guardas privados, la gente exhibía con orgullo ese color, que en prendas siempre me ha parecido tan nauseabundo. Incluso para un coche o un electrodoméstico resulta bastante ofensivo. Sé que algunos saben a lo que me refiero, pero el color es un amarillo intenso como el que se veía en los asaderos de pollos de antaño, Kokorico y Pollos Mario. Un amarillo decadente y emético. Cuando alguien se viste con ese color, puede pasar desapercibido entre un mar de otros pero si sale con un millón más de compatriotas es imposible no notarlo y no es mi crítica acá el vestir. Lastimosamente ese color me da pena, asco y ganas de vomitar. Eso no debe asustar a nadie, ni impactarles si es el negro o el rojo. El problema acá es que a mí, si me da náuseas el amarillo, no el verde ni el azul, el amarillo. Para más colmo, los almacenes y los vendedores ambulantes llevaban a la venta más camisetas y trompetas del mismo color que ofrecían como "las originales" y pedían a gritos "apoye a la selección". Yo supuse que parte de la realización o del importe por los cachivaches iba directo a los jugadores de la selección nacional de fútbol y me pelé. Allá iba un padre orgulloso con sus cuatro críos en edad de mamar todavía, los cuatro, pero todos impecablemente amarillos, para demostrar que la fe se siembra en casa. En la esquina debatían agitando las manos cuatro venerables ancianos sobre la importancia de la patria y el orgullo de ser connacional con la selección. Todos vestían la amarilla y alguno hasta tenía un carriel con la tripleta de colores. En un almacén de alta costura o de adornos, los vigilantes llevaban orgullosos la camiseta sobre el uniforme, que dejaba traslucir el arma de dotación y la reata y apostaban en algo que llaman "polla" a quien anotaba el próximo tanto. Las damas, no sé como decirlo, también lucían sobre sus prendas escogidas con nivel estético, el desabrido amarillo que las deslucía y las hacía parecer una abigarrada reserva de impertinencias a la moda. Parejas de novios abrazados, notaban como les funcionaba el experimento, sabiendo que le hacían fuerza al mismo equipo, con eso ¿para que más? Ajustando la riada, los cacos, capos, sicofantes, hetairas, haxixinos, cripófilos, zotes y los transeúntes en general, que a más de vestir el color que los representaba, entonaban gritos y hacían sonar unas chicharras aún más desagradables al oído que lo que pudiera ser el color al ojo, y más allá los camiones acompañaban con sus trompetas y pitos en una incesante retahíla ditirámbica. El mar no se calmó, aumentó y habrá que esperar próximos resultados y saber si el mal de embobamiento se propaga más o se detiene y se va curando. ¿Qué más da que haya sitios donde enfermedades como la ceguera cubran toda una comunidad o que haya otra en que un acceso colérico les hizo votar en blanco, o hasta que exista esa enfermedad que en un pueblo mató a todo el mundo de la risa? En el mío, en el pueblo donde yo vivo, el mal es simple: a la gente le dio por vestirse de amarillo, gritar como locos desaforados y pitar como si el mundo se hubiese acabado.

lunes, 2 de julio de 2018

Ensayo sobre la risa y otros demonios Capítulo III

Al salir de la casa, entre risas y llantos de risa, que llorar también forma parte de la risa, llegaron a su casa y la risa no se les soltaba ni un momento y de manera casi inmediata la popocha redactó el chiste en el panel de uno de esos sistemas de comunicación -puede esto implicar que el mal no se presentó en su fase terminal inmediatamente, recuerden que después de esto, nadie volvió a redactarlo ni a contarlo- vía red y se lo envió a todos sus contactos y estos a su vez hicieron exactamente lo mismo. Esto explica que al llegar a la tienda a la mañana siguiente encontrara el contagio en los atendientes, y a su vez explica como llegó a la ciudad de manera tan rápida y como se popularizó entre sus habientes. He de suponer que los contactos, de los contactos, de los contactos, abarcaron todo el pueblo en una sola noche, pero no explicaba porque todos los otros que habían leído el chiste del camello, no padecieron el flagelo de la risa. Descubrí que leer el chiste era un detonante y que se necesitaba una segunda componente porque yo nunca fui afectado, ni el que llamaban "doctor" ni su familia, ni a dos de los profesores que venían de la ciudad contigua. Aún no tenía ninguna teoría para tal inmunidad. Incluso probé contarles el cuento del camello a unos amigos lejanos -so pena de  comparendo oficial- y comprobé que no fueron afectados, si se rieron un rato -de otra manera serían muy mal educados- pero luego del rato reglamentario de risa, siguieron su vida normal. Asumí desde allí que tal virus y chiste solo afectaban a la población nativa. Esta teoría quedó sin comprobación porque ya no había población nativa que no estuviera contagiada. Cabe anotar acá que la tasa de nacimientos fue disminuyendo hasta la extinción total, al parecer la risa es un excelente remedio para la lascivia y, en mi caso, no puede uno tener sexo con una persona que se está riendo, así sepa que es una enfermedad y que nada tienen que ver con el acto mismo; la risa desalienta y apaga el fuego interno y no quiero ponerme en los zapatos de aquellos que trataron de perpetuar la especie entre carcajadas. Sí nacieron unos cuantos niños en los primeros años de la peste blanca -en este caso era porque todos mostraban los dientes- pero muchos no se criaban porque en vez de llorar para que les dieran alimento, reían todo el día hasta que se les descosía el ombligo en un descuido y quedaban "herníaos" de por vida o simplemente se desangraban en los pañales. Los hospitales siguieron teniendo clientela, porque de tanto reírse, a la población se le ocasionó un daño complejo en el corazón. Bien es sabido que la risa es un remedio infalible, pero demasiada risa, termina afectando la respiración, la circulación y el corazón y realmente la risa, se vuelve infalible. Muchos llegaban a morirse de la risa al pie mismo del hospital y frente a la risa generalizada de los médicos y enfermeros, cuya sola visión de ver el dolor provocado en un corazón enfermo que se cubría con risas y no expresaba más que un cuadro humorístico. ¿Supongo yo que a alguno de ustedes le han dado un puntapié o se ha caído sobre el "huesito de la alegría"? A eso me refiero: En el primer instante se siente el dolor, pero por alguna causa desconocida, a uno le da tentación de risa, pero de la falsa, o sea que "Ju Ju ju ju" "ay ay ay" "ju ju ju". Duele pero no sale llanto sino risa y esa situación, ya de por sí es cómica. De todas maneras, el pensar en una población muerta de risa, es mejor que pensar en una población muerta de hambre. Pero si nos vamos a todo lo que se dice de la risa  y de que aquel que solo se ríe de sus picardías se acuerda o se esta embobando, cosa que a mí me parece más cercana. La mayoría de la población parecía sufrir de imbecilidad o cretinismo. No importaba lo serio y fundamentado que uno les estuviera diciendo, sólo miraban y se reían y si por casualidad se mencionaba la palabra "camello" en la conversación, podía uno provocar un ataque cardíaco fulminante. La paciente cero nunca paró de reírse por completo, pero logró dominar una técnica que confundía. Cuando escuchaba procuraba  poner atención, aunque sólo fuera a frases cortas y después soltaba dos o tres "je" perversos que daban todas las indicaciones pertinentes, pero no pasaban de allí. Uno se imaginaba en brazos de ella, pero la situación, un poco cortante de risa, desdibujaba la cuestión. Al otro paciente cero, no debe olvidarse que el efecto se dio por partida doble en un primer chiste, nunca le encontraron diferente a aquel día, dicen que él era así desde antes, es decir que por todo se reía y que no tenía picardías, así que sólo quedaba una opción: de nacimiento era embobao.

domingo, 1 de julio de 2018

Ensayo sobre la risa y otros demonios Capítulo II

No puede decirse que la gente fuera más feliz por reírse a carcajadas o solapadamente, porque en algunas circunstancias más parecían unos orates malnacidos. Compruébese o hágase el intento de hablar con una persona que emite vocablos ininterrumpidamente y si se les mira, cosa que es bastante difícil, sus ojos parecen un poco como vidriosos y perdidos. Ahora trate de hablar con una persona que está descosiéndose de la risa -algunos dicen pipisiados de la risa o muertos de la risa- y se dará cuenta lo improcedente del verbo. Por más, la ciudad ya estaba inundada de pacientes del síndrome gelásico y los problemas que en un momento se suscitaron por burla aparente, ya habían cesado. Se dió el caso de un ciudadano de raza negra que al subirse a un bus pagó su pasaje y el conductor lo miraba, le devolvía y se reía y el pasajero, insultado en su amor propio, que el amor ajeno es de otro, le propinó 14 puñaladas al conductor y los agentes de la ley entre risas lo buscaron y lo llevaron a prisión. Se dieron algunas muchas trifulcas y agresiones al inicio de la peste por que alguien se reía y los no contagiados, se sentían aludidos y al obtener como respuesta las agresiones, más risas, las cosas se ponían de color de hormiga -de hormiga roja- Hubo científicos que se pusieron a investigar las causas y los alcances de la peste y llegaron a la conclusión que se trataba de una desconexión mental sin solución posible, al parecer, la risa está ubicada en una zona del cerebro L, una parte que nos heredaron los primeros mamíferos y que, mal que bien, parece ser responsable de la ternura, la ira, el miedo y el deseo sexual. Según explicaban, un detonador, al parecer el chiste del camello, desconectaba la parte pensante del cerebro, liberando una hormona desconocida hasta la fecha que bautizaron "gelatona", pero la hormona desaparecía casi al instante, dejando al cerebro desconectado y como en un bucle ejecutable. Al final la ciudad se conoció como la más feliz del mundo y nadie más se interesó en buscar una cura, pero se prohibió el chiste del camello con veto y multa policial fuera de sus fronteras. A decir verdad ese veto era improcedente porque ninguno era capaz de repetir el chiste sin totearse de la risa, así que hablando en plata blanca, nunca se les oyó el chiste a ninguno de ellos, porque no más preguntarles: ¿Cómo es el chiste del camello? provocaba montañas de hilaridades que evitaban que otros se contagiaran.  La gente salía libremente de la ciudad, porque la enfermedad no era contagiosa, pero con el tiempo notaron que quienes no tenían la enfermedad se reían de verdad de ellos y optaron por recluirse a sí mismos en las barreras de la ciudad, que para honra y prez de sus habitantes estaba rodeada de montañas y así permanecieron hasta el fin de los días en su ciudad feliz. De regreso a la cotidianidad del campo, a mí nunca me interesó más que lo mínimo, aunque la dichosa enfermedad, si creemos lo del cuento, fue iniciada por mí y así traté experimentando con diversos chistes de un repertorio mínimo, con gente sana y no logré el efecto de la que de ahora en más llamaremos paciente cero, es decir los popochos del primer capítulo. Seguidos los personajes, logré ubicarlos  y preguntarles cual fue el desarrollo de los acontecimientos de aquella noche fatídica en que conté el chiste del camello. Lo que logré sacar en limpio, recuerden que la risa no les dejaba hablar, y cada que recordaban el maldito chiste, la risa les opacaba el pensamiento, no es tema de este capítulo pero por respeto a los lectores, en el capítulo correspondiente, omitiré las risas de todos los tipos, porque si no el capítulo entero correspondería a las cinco sílabas a las que ya aludí.

miércoles, 20 de junio de 2018

Vasco D'uraño Cantor

Toda la vida la viví al lado de mis padres, hasta que ellos mueran yo seré la esponjilla bombril eterna junto a ellos. Me expulsaron de casa un par de veces por portarme mal, como aquella vez que con unos amigos robamos el teatro de Aranjuez y nos quedamos con ese proyector escondido en la habitación de mi casa. Eso fue con Hernán, mi difunto amigo rico, que cuando le dieron un carro nuevo por graduarse de bachillerato, se accidentó con la novia en embarazo y se mató él y los mató a ellos y con el "careteta" y "Bacalao" que eran dos bravos para el pillaje. Con ellos rapábamos motos, las desarmábamos y las vendíamos en un santiamén. De allí me hice a mi primera moto, una Yamaha "calibmatic" que armamos con repuestos robados. Ahí la policía empezó a seguirnos y me tocó irme por un tiempo a la sombra de un tío en Puerto Berrio, pero desde allí, mis padres vigilaban para mandarme lo necesario y así hice las paces con la juventud y volví a casa de mis padres a continuar mi larga carrera de vividor. Hasta allí arrastré a mi primo Ricardo y en una moto TT 500 nos accidentamos en la autopista norte, sin papeles y sin nada del vehículo me tocó escaparme y a mi primo lo llevaron a un hospital del seguro social donde le dijeron que no tenía nada, pero al día siguiente murió. A mí no me pasó mayor cosa y me logré ocultar de los problemas y seguí a la sombra de mis padres. Tuve dos hijos y mi mujer otros dos y los puse al cuidado de mis padres, no de una vez, sino despacio y sin que la cosa se notara. Cuando mis hermanos fueron abandonando el hogar, yo llenaba los faltantes con mis hijos y mis entenados. Mi padre compró muchos automóviles y todos los manejé yo en mi provecho, los acabé y los disfruté y hasta un hijo más tengo por ahí que ni reconocer quiero, pero que mío es y un día lo traeré a vivir acá, a la casa de mis padres. La verdad es que mi imagen es más la de un elefante incapaz de moverse y me he enfermado de gravedad últimamente, pero no he perdido mi toque para conseguir lo que quiero sin mucho esfuerzo. En mi vida he trabajado o estudiado y aquí sigo vivo y gordo de cuenta de quienes me trajeron al mundo. Me basta inspirar respeto pareciendo apático con todos y hablando poco o mirando feo, pero la verdadera virtud es que acá sigo 57 años después de mi nacimiento, viviendo de mis padres, de lo que dejen ¿saben que? cuando mueran, nadie dudará que por ser el que más he vivido con ellos, más les he ayudado a conseguir y por tanto, merezco quedarme con la mayoría o con todo. Yo salgo a la calle y camino con parsimonia, casi con dificultad y me balanceo de un lado a otro, pues en mi tiempo de cebado, he adquirido una amplia contextura y mis grandes muslos se rozan provocándome una aspereza y un escozor que no quiero exteriorizar y hasta eso me hace ver especial porque camino sin afán. A veces me divierte oír lo que se dice de mí: "a ese como no le gusta la gente" "a mi papá le caen mal todos" "él no se la lleva bien con nadie"... Ay, que divertido y yo todavía usufructuando.

domingo, 3 de junio de 2018

Imaginaciones

Señor se le va a romper la bolsa, le gritó desde la acera contraria, pero el hombre que llevaba varias bolsas no hizo caso del llamado, tal vez rodó un trozo de vidrio que antes fuera un vaso por la acera y luego de eso se escuchó el chasquido de muchas cosas rodando por el suelo. El hombre descargó las otras bolsas y costales que contenían una centena de cosas: papel reciclado, cables, vasos de plástico, herramientas con herrumbre o desvencijadas, latas, más cables, unos zapatos de diferentes marcas y medidas e incluso, para la relación uno de hombre y otro de mujer, monedas, un trozo de silla, un pedazo de espejo, dos marcos torcidos, una mano de maniquí, un santo descompuesto por algún ferviente creyente después de recibir la noticia de la muerte de su hija, la caja musical que aún, ayudada por una mano amiga, podía desarrollar su melodía, dos eslabones de cadena, un chal sucio, una media rota, cuatro canicas de cristal, una de ellas "bogotana" e incluso un "boloncho", dos bolsas, un costal y un maletín con la correa anudada en uno de sus bordes, una camisa del partido centro democrático con visibles señas de elecciones anteriores, tres clavos, una cortina de bambú, con varias hileras faltantes, un tarro de "mexana", dos colonias vacías y sin tapa, una de ellas sin el aspersor, cordones de varios colores, un tornillo de ensamble, una tuerca de 12 milímetros y un tornillo más de los que usan para sujetar los lados de las camas con dos arandelas, una revista de "Memín Pingüin" unas hojas de periódico de varios años atrás, una correa sin chapa y unas tiras de algún macramé sin terminar, la lonchera que perdió su traba de cierre de vivos colores amarillos y con un poco de desgaste, el asa de una olla y la tapa de una olla a presión sin el contrapeso y con la típica banda roja fraccionada en pedazos, unos disquetes de 3,5 pulgadas con marcas de lapicero viejo reteñido y diluido por la humedad, un control de videojuego sin el conector, el cuerpo completo de una impresora Epson 310 aún con los cables pegados. La impresora calló desde la altura máxima que pudo y la chica dijo: "hasta ahí llego la imprimadora". La paciencia tomó su turno y cada cosa fue puesta y amarrada en su sitio, la bolsa reparada y amarrada al costal para hacer un largo cabestro que atravesar en el cuerpo, el maletín se lleno de sus otras pertenencias amigas y fue cruzado como un manos libres profesional, el cuello quedó comprimido con dos cargas, por un lado el costal y por otro la bolsa reparada, la mano libre tomó otro joto cuyas bellezas interiores no fueron exhibidas y en la mano restante tomó el cuerpo de la impresora y volvió a cargar con todo, pero el peso no fue resistido por los empalmes de nudos marineros y de nuevo quedaron expuestos en la acera y de nuevo el hombre descargó y organizó pacientemente su mercancía para llevar a la quincallería, su plataforma de trabajo, su sustento y de nuevo cargó con ella y una de las piezas de la impresora se terminó de rasgar y cayó al suelo. La mujer sonrió, tal vez se carcajeó y el hombre volvía ya sus corotos al suelo para organizar de nuevo lo que se salía por los lados o corría el riesgo de no llegar a destino, pensó: "la tercera es la vencida".

domingo, 29 de abril de 2018

Profesión discreta

Todos le llamaban Roeth, era un tipo que vivía al extremo de la cuadra, en un apartamento del segundo piso, que tenía las escalas por fuera. Seamos sinceros, yo nunca le había visto realmente. De pronto al pasar alguien lo nombraba: "Hola Roeth" y de allí no pasaba. Mi terrible apatía, no me hacía apto para la interacción social y además de él se decía que era bastante grotesco y mal humorado. Ni siquiera se me ocurría ir a ese lado de la cuadra. Por allá mucha gente armaba fiestas de baile y sancochos en la calle y no, no me apetecía ir a mendigar un plato de sopa o a jugar con los demás niños de la cuadra alrededor de la olla. Contaban que Roeth ya había peleado con la mitad de los padres de la cuadra por uno u otro motivo. La mayor de las veces él no saludaba, ni devolvía el saludo si se lo hacían y miraba con ojos entrecerrados y ceño fruncido a algunos vecinos que se pasaban la tarde en los balcones observando hacía su zona, para decir más, decían los mismos vecinos que el tipo tenía un "humor de mierda" y que "sólo le faltaba gruñir para identificarlo como cavernícola". No supe mucho de nadie más y no duramos mucho en esa cuadra. Por el trabajo de mi padre debimos trasladarnos de casa muchas veces y la verdad jamás volví a oír de ese tipo  o de esa cuadra. La imagen de este texto me sobrevino cuando en una sala de espera de un consultorio volví a oír aquel nombre: "El doctor Roeth no anda de muy buen humor hoy" alcancé a escuchar. Incrédulo me dirigí a la placa que pendía en la puerta para comprender que no estaba equivocado y entender por fin, de una vez y para siempre la predestinación y la implacabilidad de un nombre. La placa rezaba muy simple, "Dr. Weiller".

jueves, 26 de abril de 2018

Todas las cartas sobre la mesa

En un juicio a plena luz del día se reunieron los cuatro que les voy a relatar, la primera que habló fue la madre y habiendo jurado sobre la biblia comento: "Ustedes saben que ser madre no es fácil y el dolor de madre sólo hay uno, les hablo desde el corazón, les juro que así pasó: mi niña iba tierna y tranquila por el bosque, cuando un tipo extraño salió y la asaltó... la agarró. La engañó, la violó, la tiró de la mano. La arrojó a un abismo con su futuro, un futuro feliz seguramente, si no hubiera pasado tal infausto. Luego con saña mató a la abuelita, la descuartizó con los dientes y le hizo mil maldades. !Culpable digo yo¡ el tipo es culpable. !Castíguenlo¡"
Terminado el reporte del primer testigo, tomó la palabra el abogado defensor, quien después de acomodarse la corbata y estirar el cuello, Miró a la audiencia y al jurado y por último guiñó el ojo al juez y a una chica que andaba en primera fila. Al final por el giro brusco, no supimos a quien fue dirigido, pero así habló: "Tenemos pruebas de que no era niña, acá está su certificado de nacimiento, catorce ya cumplidos. A esa edad ya se está de merecer. Además supimos que su profesión, era ramera... profesional, es decir, cobraba por ello. La presunta víctima secundaria en este presunto delito, su abuela, era la celestina y se encargaba de encubrirla y de conseguirle clientes, entre los que, por fuerzas hormonales que sabemos imperiosas, estaba mi cliente. Reconozcamos que también estaba un poco embriagado. Lo normal en hombres de pelo en pecho respetables. Como ven, existen atenuantes: Ebrio y provocado estaba mi cliente. Yo pido el indulto."
Fue claro y preciso y la audiencia quedó conmovida. Se hizo el silencio y lenta y solemnemente se levantó el fiscal a rebatir a su oponente y a denigrar del reo. Esto fue lo que dijo: "El tipo está sucio y no se ha afeitado, tiene mal aspecto es un zarrapastroso... se ve a la legua. Sólo hay que echarle una mirada para ver que no sólo tiene cara de culpable, sino que viste como tal: su ropa está rota, vive alucinado, tiene ojeras, olor a tabaco, mal aliento. No se olviden señores que en el cuento el lobo es el malo y no hay discusión. Señores del jurado, las pruebas se adjuntan, aún tiene sangre en la ropa: con alevosía mató a la abuelita, lo sabemos por el desorden y la sangre, también mató a la niña, que catorce años, en el ser humano, aún determinan a un crío. Mató a un testigo del cual aún no ha confesado y !pardiez¡ Si aún no lo está digiriendo. !Ejecútenlo¡"
A todas hubo voces y algarabía que el juez acalló con unos golpes de su Mjolnir. Y para espasmo y burla de todos los presentes, se levantó el lobo, ocupó el estrado y dio su versión de los hechos. Yo creo que fue mordaz, pero de una manera casi imperceptible y esto fue lo el reo contó: "Pueden ahorrarse todas las pruebas, de semen, de sangre y de ADN. Hasta la psicológica. El juez, el fiscal, la sala, el jurado. La niña y la abuela cometieron suicidio y fue suicidio agravado. Señores no olviden que yo soy un lobo, predar comer carne en mí es algo natural... fueron mi almuerzo.



domingo, 15 de abril de 2018

Cacao sabanero

Trató de tomar a la derecha y se dio cuenta que su cuerpo no le respondía, trató de enfocar su destino o de recordar que hacía allí parado y de pronto un ramalazo de electricidad lo iluminó y levantó la mano al carro que pasaba pero no reconoció un taxi ni una moto que frenaron de improviso, casi estaba seguro que sólo había levantado la mano, pero la chica que acompañaba al taxista le gritó algo, supuso que un insulto. El conductor del vehículo apenas si lo miró cuando le hizo la señal de equivocado con ambas manos. Un hombre que estaba en la acera le dijo que porque no respondía al insulto de la pasajera de la moto "¿no se dio cuenta que lo insultó?" lo miró y de nuevo el ramalazo de electricidad en su cerebro le hizo decir "no entiende" y pensó que lo había hecho en perfecto japonés como acostumbraba a decir a quienes le llamaban la atención en la calle para despistarlos y perderlos. Cayó en cuenta que esperaba un Renault 12 rojo y lo vio bajar por la parte más alejada de la calle. Descubrió con placer que su cuerpo le respondía en esa dirección y lo siguió hasta el siguiente giro. Allí se detuvo y reconoció a su hermano y a su amiga de toda la vida, se gritaron y levantaron las manos pero de todo lo que gritó no recordó nada un instante después que su hermano se bajara y el coche siguiera su camino. Entendió como que algo botaba aceite y lo llevaba urgente al taller. Tampoco entendió las razones de su hermano para no ir directo a casa y alejarse y perderse. Se sintió muy a disgusto de tener que caminar hasta su casa solo. Organizó lo mejor que pudo sus pensamientos y trato de ubicarse. Su primera impresión lo traicionó pues pensó en tomar una falda empinada a solo tres cuadras de su casa y se objetó a sí mismo que estaba más lejos de lo que imaginaba, pues aún debía pasar por la universidad de Antioquia y el jardín botánico antes de llegar a esa falda y eso no eran tres cuadras. Caminó. Cuando volvió a pensar en su situación se dio cuenta que había dejado caer varias cosas de su mochila, pensó por primera vez en lo que llevaba encima. Su portátil y su grabadora de cinta tipo walkman, ¿un yoyo? !qué carajos¡ se dio cuenta que rodó e hizo esfuerzos para mantener en su cabeza sus pertenencias y no dejarlas olvidadas. Hizo una lista y  con mucha dificultad, casi esfuerzo sobre humano, se acercó al yoyo y lo recogió, lo devolvió a su mochila. Caminó. ¿Señora que le debo? Nada mijo usted no ha pedido nada. Hace rato que llegó y se puso a jugar con esos chinches pero no me pidió nada. Uy señor disculpe, creo que lo herí con mis zapatos. "No se preocupe" dijo, aunque la herida era superficial, sangraba. Se volvió y señaló dos estuches en el suelo, le era imposible decir lo que eran, pero sabía que eran suyos, los reconoció suyos y con seguridad pensó que les dijo a los chicos que los recogieran, pero sólo señaló como si estuviera ebrio. Los chicos entendieron, los recogieron y se los entregaron y el se los guardó en la mochila que aún contenía su portátil. Preguntó como llegar a su barrio y le señalaron unas escaleras. Se asió fuertemente y trató de ordenarle a su cuerpo que subiera, lo hizo penosamente y ascendió hasta una casa más alta. Le propusieron jugar a la sorpresa y le tocó a él, limpiar la casa, según rezaba el papel que desenvolvió. Le dieron la mala noticia de que ese camino estaba cerrado hacía varios años. Se asomó y efectivamente notó que faltaba un tramo de puente y que se podía salvar de un brinco, pero no en sus condiciones. Se sintió desolado y por fin de su boca salió algo coherente para pedir el favor de que le llamaran un taxi. ¿Si vendrá por acá a recogerme? Claro que sí y ¿no estarán preocupados sus amigos? ¿conoce usted a mis amigos? Si ¿no son los que viven allá por la ve?

lunes, 19 de marzo de 2018

Ninfomanía

A mí se me da escribir sobre lo que creo y siento. Paso por la calle y me meneo para que me vean y obvio que incito a todos. Sé lo que los hombres quieren y por eso puedo dominarlos y controlarlos como a mí se me de la gana, porque todos los hombres buscan lo mismo. Les muestro un poco de interés y ahí los tengo comiendo en la mano y, literalmente, me dan lo que les pida. Soy joven y aún cuando sea vieja haré lo mismo porque todos sabemos que la vaca ladrona no olvida el portillo y yo lo sé porque desde muy niña, ya podía lograr lo que quisiera sin tener que acostarme con ninguno, porque, les voy a ser sincera, no les voy a decir que soy virgen, yo me acosté con mi novio porque quería y porque sí, pero ese desgraciado sólo me buscaba para eso y lo paré y lo mandé a comer mierda. Apenas lo boté, ahí si lo tenía detrás de mí, cuidándome el culo y me celaba ya no siendo nada mío. Ahí lo tuve sin darle nada hasta que se cansó y se fue y todavía me escribe y me llama y me manda cosas, pero yo sé que se lo vuelvo a dar y se pierde. Aprendí que así hay que tener a los hombres. Mostrarles interés y no darles nada. El hombre al que se lo des, lo ganás como hombre y lo perdés como esclavo. ¿A los niños? a esos pelaitos que andan por ahí con las hormonas alborotadas, no es sino saludarlos y ellos empiezan a calentarse y uno los deja que se calienten sin prometerles nada y sin decirles nada. Negándoles hasta el cansancio la salida y la llegada a la casa y que si la visito mami o que si viene a mi casa o que si salimos el sábado o... nada. Una sonrisita y listo. Me llama si quiere y yo miro a ver si se puede porque estoy muy ocupada. O mi mamá no me deja o estoy estudiando o cualquier excusa. El hecho es tenerlos ahí pegados. Uno necesita algo y sólo tiene que esperar a que uno de esos tarados lo llame y pedírselo y claro que llaman, porque los ilusos viven pescando en río evuelto, como si una fuera boba y no supiera lo que buscan. Todos los hombres buscan exactamente lo mismo. Al primero que llame se le hace la petición como si no fuera para ellos y al rato se hacen matar por llevarle a uno el traído. Los entra uno, los sienta, les da un jugo, una sonrisa, agradecimiento y adiós que tengo cosas que hacer. ¿A los viejos? esos son más bobos todavía, creen que uno se los va a dar porque sí. A esos si hay que dejarlos que toquen, pero por encimita, para que se enrosquen pensando en lo que pueda pasar y en las posibilidades. De pronto hasta un piquito, así rozadito, sin mucho preámbulo, porque esos ahí mismo tiran a meter la lengua hasta la garganta para irla calibrando a una y ahí mismo agarran el material. Por eso hay que cuidarse de donde se encuentra uno con ellos o donde se les permite la tocadita simple. Pero esos son los más fáciles y bobos, lo que uno pida se lo traen sin más. Ya trabajan y saben que a las mujeres nos deben tener contentas si quieren algún día estar en los gozosos. Una vez me pegué una besuquiada con uno de 45 y hasta rico, ese berraco me sacó hasta las tetas y ahí si me tocó pararlo y se puso colorao, rojo porque le dije hasta por donde iba a salir el sol, que como se le ocurría, que yo era una niña, que era virgen y él con esas, que yo sólo quería probar... en fin. A la semana me llevó dizque a un restaurante todo fino y me llevó flores y chocolates y yo me hice la indignada. Porque ese es otro secreto, no se adelanten ustedes, dejen que los hombres empiecen, así hay disculpa para la retirada y ellos quedan bien mal y siempre empiezan, porque esos malditos piensan es con la cabeza de abajo y a toda hora creen que a las mujeres nos encanta que nos penetren y hacerles orales y tríos y.... También cree. Por eso digo, que así como soy, voy a ser el resto de mi vida. ¿Los hombres casados? Bueno a esos igual, buscan lo mismo, pero más reservados para guardar apariencias, pero igual caen como moscas en una mancha de miel, porque quieren torta y pedazo, entonces son más fáciles de manejar, porque no es sino recordarles que la mujer y que pilas con aquello, que si lo pillan quedamos mal, que acuérdese que es casado, que pasito, que ahí vamos viendo y también los pone una a comer en la mano y sueltan lo que sea, hasta plata. Vea. Lo que les digo es esto, si aprenden a trabajar como yo. Nunca van a necesitar trabajo.