Si piensan que algo dejé al azar en mis experimentos, se equivocan: Sabía que había provocado el mal humorístico. Probé con las palabras en el letrero hasta el cansancio, aunque cada vez era más difícil realizarlos porque la gente escaseaba antes que aumentar. Se probó el detonante con foráneos ─los autóctonos ya no tenían remedio─ En el mismo letrero no quise ocuparme de los dibujos, pero sabía lo que pasaba con el cartel del pueblo. Lo que me molestaba es que no tengo ningún don en la pintura y mis modelos más parecen un test Rorschach. Aún así probé en llevar algunos dibujos de animales y cosas y sólo los que aludían a "camello" provocaban hilaridad, pero como he dicho, sólo en aquellos que trataban, en un arrebato de seriedad, de entender lo que allí había dibujado y sólo cuando, al parecer, entendían o su cerebro traducía la palabra, soltaban la carcajada. Claro que probé en otros idiomas, aunque me pareció tonto, probé en croata: deva y en euskera: gamelu, en lituano: kupranugaris, en rumano: camila; aunque me pareció más lógico probar con palabras más parecidas en nuestro idioma: Camell en catalán, kamel en alemán, kamela en esloveno y el kamelli del finés y me pareció una tontería escribirlo en yidis, ruso o japonés. Me dí cuenta de que tampoco estaba al lado de políglotas dedicados o que la intelectualidad de ellos andaba por los suelos. Obtención total de risa extrema: cero. Mientras la palabra no llevara consigo el dibujo del camello, no tenían ni idea de lo que el cartel decía y las palabras incompletas daban como una especie de pereza mental. Sé que alguien quiere contradecirme, pero esa sensación la tuve siempre al tratar de hablar con los afectados. Una pereza catastrófica, si quieren tan parecida al meimportaunculismo o al nimierdismo, si quieren diferente. Yo notaba un desgano y una desazón por cualquier cosa que no fuera reírse. Una especie de impulso muerto. No es necesario que me apoye en Freud, algunos deben recordar sus impulsos ─el decía pulsión, pero se entiende más fácil con impulso─ de Eros y de Thanatos y el que asumiría su hija Ana, unos años después de la muerte de aquel: el impulso de Ares. Pues a este impulso nuevo debemos llamarle el de negación del impulso o de "simpulsión". No aparecía un temor a la muerte o un amor por la vida o unas ganas de destruir. Se morían como si nada y ya sabemos el menosprecio que le tenían al bello arte de la reproducción, ya con el fin de reproducir o ya con el fin de pasarla chévere. Tampoco es que hicieran meditación para controlar tales impulsos, es que la risa, que ocupaba todo, ocupaba todo. Y si por sacarles la checa y ponerlos a gritar o asustarlos fuera, ya les contaré más adelante los experimentos a ese respecto, no había remedio. La situación que se presentaba era que mientras menos se hiciera, mejor. La ley de pereza cósmica ya había sido dictada: "venga le presto un libro para que lea" "ja ja ja je je no ja ja no necesito"; "hagamos un algo para celebrar que no hay nada mejor" "ja ja ja no hace falta" "resolvamos este acertijo tan interesante" "ja ja je je ja ja no, sentémonos más bien"... Ahora en cuanto a insinuaciones sexuales iba del mismo rítmo: "Mira, vamos a un lugar bien bonito" "ja je ja je ¿para que? acá estamos bien" "Me refiero a donde podamos estar solos" "ja je ja ja ja ja ja ja ja" "te invito unos tragos de algo bien caliente" "ja ja je je no tengo frío"... eso explica las bajas tasas de nacimientos, aunque no explica porque el virus se transmitía a los pocos infantes que nacían y tampoco explica que ya supieran reírse al nacer. Sabía yo de niños que nacen llorando, pero de niños que nacen -es literal- muertos de la risa, no. Ya bien dicen que en camino largo hay desquite y yo tuve mucho tiempo para analizar y sopesar mis dudas y mis cavilaciones sobre el tema y hasta pude llegar a ejecutar algunos intentos de cura o por lo menos la manera como pensé podía hallar la cura, pero no es tema de este capítulo. Este capítulo debe concluir con lo ya sabido: Un pueblo en las montañas era proclive a la risa y un chiste mal hadado se coló por todas sus redes y les provocó una risa toda pendeja de por vida, que devastó a las instituciones y al pueblo mismo en sus creencias, su fe, su natalidad y su modo de vida que se volvió aún más simple y propagó un afán de no sentir nada más que risa -simpulsión- y a la fecha sabemos que el único detonante de risa pura y sin contención es la palabra "camello" en español o uno de sus derivados o en su defecto, un dibujo que les haga pensar en el animal mencionado.
PS: Quise yo llamarlo simpulsión con n, pero la norma RAE prohíbe n antes de p.
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