miércoles, 27 de diciembre de 2017

Lección número 36: bendito silencio.

Ella tenía un rostro demarcado perfectamente por su corte de cabello y a cada instante revisaba la marquesina en su lugar y la recorría con fruición hasta asegurarse de que no se había movido. Sus labios parecían los de un mimo, empequeñecidos a base de pintura como para que siempre parecieran enviar un beso o estar en actitud de vocal "u" y la pintura de tales labios era de un violeta intenso. Su cara parecía estar siempre al borde de una sonrisa, algo así como la comisura de los labios lista en el sentido de la risa y los ojos en posición ligeramente cerrados, esa expresión que muchos odiamos porque aunque su cara no era la sonrisa en sí, parecía estar a punto de soltar la carcajada y burlarse en nuestras narices de nuestra comedida estupidez. Su nariz era perfecta, con el pequeño respingo de las narices adolescentes y la coquetería de una maga blanca. No hay que hablar de lo esbelta que era, sólo pude verla unos segundos de pie y aún así podría a divinar sus medidas; su corpiño tenía una talla menor, pero eso no era razón para que sobre la camisa de seda negra no surgieran imponentes dos delicadas dunas y sus brazos colgarán como dos estelas, doblándose ligeramente donde las caderas empiezan a ensancharse para mostrar aún más sensualidad. La blusa cubría sus caderas, pero la prominencia de aquellas iba acorde con el contorno de los brazos que se levantaban a su lado y su apariencia toda era la de una vampiresa bebé que urge de alimento. Mencioné que también sus pantalones eran negros y aparte de sus blancas manos con dedos largos y terminados en uñas pintadas de rojo, a excepción de la uña del dedo medio que parecía de un violeta o lila, sólo podía verse la piel de su rostro enmarcada en su cabello lacio y negro azabache, pálida como un cadáver pero tan atractiva en su visión completa y corpórea. El delineador bajo su ojos ostentaba una raya ligeramente larga lo que le daba una apariencia de faraona egipcia y las sombras sobre sus párpados apenas era una delicada cenefa que hacía resaltar más su palidez. Mientras estuvo sentada pude  notar que mientras no revisaba la marquesina de su cabello, llevaba las manos delicadamente al borde de sus muslos que permanecían uno junto al otro y las deslizaba casi hasta tocar la curvatura de las rodillas. Era un movimiento sensual y recatado al mismo tiempo. Todo ese ser de amor fluía como un fantasma al frente de mí. Nos habíamos subido en la misma estación y aunque yo llevaba una máscara de respiración en la cara -esas cosas que venden para que no le entren a los pulmones mucha contaminación- y Valdemar me dirigía la palabra con algo confuso sobre las últimas horas de viaje, pude notar que se levantó cuando el metro anuncio la siguiente parada y se despidió de la amiga a su lado con una voz que revelaba toda intención, pues salió bronca y gruesa como en los cuarteles: "chao amiguis".

sábado, 25 de noviembre de 2017

La cura de todos los males

Estaba sentada en la cocina mirando como hervían las ollas del almuerzo, pensó en sus hermanos que pronto llagarían del trabajo a por su comida y ella obedientemente les tendría que servir como lo había hecho toda la vida; vendría Yamid que construía una casa a poca distancia de allí, y vendría Paco que cuidaba unos cultivos en la hacienda alquilada para tal desde que se salió de las drogas, si, Paco era adicto, pero juraba que ya no más por su pequeña hija Valeria, para que se la dejaran ver y llevar de cuando en vez donde su madre. Pensó en su madre, una anciana que de tanto caminar había olvidado tal recurso y ahora se ayudaba con un palo de escoba en sus desplazamientos. Su pensamiento saltó al padre. Su padre era un hombre senil que aún no había perdido la memoria, pero que se comportaba como un niño. Había que cambiarlo, llevarlo al baño, darle la comida a cucharadas, cuidar que no se orinara en la cama y de limpiar si lo hacía, obligarlo a caminar después de cada comida, ponerle un babero y aguantar sus gritos cuando se enojaba. Rosa era la única que permanecía célibe de su familia, su madre y su padre habían dado a luz diecisiete vástagos y ella ya se acercaba a los cincuenta. Toda la vida es mucha para vivirla entre dos ancianos y los hermanos que volvían a la casa paterna de cuando en vez para celebrar un acontecimiento. Ofelia venía de Cúcuta, Martín de Barrancabermeja o Jairo de Medellín, eso no alteraba más que las cantidades de ollas en la cocina porque a todos había que servirles y no descuidar a los viejos porque ella era la esclava, la del martirio. Sus hermanos venían con sus hijos y sus esposas y esposos y ella montaba el almuerzo, contaba cabezas y servía el desayuno, preparaba más por si alguien se aparecía de improvisto. Vino Miriam de Santuario con sus dos hijas y ella montó más caldo, más sal, más presas y sirvió. Vino Susana, la menor de sus hermanas que ya tenía cuatro hijos y los trajo a todos y su esposo y se quedaron a amanecer y ella les hizo comida y les tendió colchones en la pieza de atrás para que durmieran y al día siguiente vino Martha de Rionegro, pero vino sola y a llevarse unos pies de unas maticas que no le querían pegar en su jardín. Se envolvió una toalla mojada en la cabeza y siguió pensando que aún le faltaba esperar a Oscar, otro hermano que enviudó y como no tenía hijos se volvió a la casa paterna y cuidaba el cultivo de la familia, atrás estaba la cosecha y había que hacer jugo para el calor y cuidar las matas del jardín y barrer y sacudir por toda la casa y lavar la ropa de toda la semana, de pronto llamaron a la tienda "Doña Rosaaaa, una crema" y recordó al instante que ese era su otro dolor de cabeza, como una entrada de dinero para ella se le ocurrió poner una tienda de confituras y helados para los niños de la escuelita y, aunque algo le quedaba después de pagar deudas, odiaba esa frase de un único sujeto y sin predicado, "doña rosa" le caía al hígado y esa manía infantil de alargar la vocal final como si ella estuviera muy lejos la ponía una furia, pero tenía que salir y atender por la ventana a cuanto pequeño patán estuviera dispuesto a gastarse las monedas en su tienda. Así era su rutina, fue y atendió y regresó al banco de la cocina. Era cristiana y le habían enseñado que dios es la cura para el alma y ella estaba cansada, harta de todo. Todos los días lo mismo, todos los fines de semana lo mismo, todos los días de guardar y las fiestas lo mismo, todos los años lo mismo. Ella sola en esa inmensa cocina esperando que las ollas hirvieran para contar cabezas y servir y hacer caminar a su padre y cuidar de las torpezas de su madre y arreglar el cuarto donde se quedaron sus sobrinos ayer y esa maldita tienda "Doña Rosaaa" y el vértigo la consumió y apuró el contenido de la botellita de Racumin.

domingo, 5 de noviembre de 2017

20.000 leguas de viaje submarino contado por mí

Pues muy fácil, un mancito me subió a un ballenero y recorrimos el mundo, ni idea por donde porque yo jamás había salido de mi islita y eso de que paralelos y latitudes  no entiendo es nada, vi muchos pescados, iba con un negro que era mi esclavo personal que se llamaba Amaranto y ese negro bruto sabe menos que yo, también me acompañaba un caza tigres que se aburrió en américa cuando los mismos se extinguieron y que andaba tratando de cambiar de animal de presa, pasamos por debajo del agua como siete meses y después un diluvio inmenso nos arrancó del bote ese y quedamos varados en una isla sin poder saber donde. Ah y ese capitán Memo tenía muchos aparatos raros que seguro eran del servicio secreto yanqui. He dicho.

El fantasma de la pinera. Las disquisiciones inapropiadas de un hombre con enjundia

Hace como 20 años murió un tipo en esta pinera, era profesor de la escuelita que trasladaron al barrial y era un tipo raro. Vivía sólo en esa casa abandonada que se cayó de soledad apenas el se murió, bueno si a eso se le puede decir casa, eran como cinco puertas y cada una daba a una habitación y él sólo ocupaba una, en las otras se escuchaban ruidos extraños pero nunca eran abiertas. Cuando era niña fui a visitarle algunas veces porque ese anciano me brindaba paz y sosiego y eso explica que sepa tanto de él. Mi madre le odiaba porque, bueno porque sí, porque mi madre odiaba a todos, pero del viejo profesor odiaba que siempre vestía perfectamente igual: botas, camisa roja o negra y pantalón azul de mezclilla, siempre chaqueta. O la del uniforme del colegio, el delantal que ellos usaban o la del uniforme de los rockeros, porque dicen que era músico y cantaba verdades en la cara de la gente y... En fin a mí me gustaba oírlo cantar dos o tres canciones, pero hasta donde supe no eran de él. Mi madre me decía que ese señor era una "fotografía". A decir verdad cuando yo estudié en la escuelita él fue mi profesor y me divertía los raciocinios que hacía sobre diversos temas: Odiaba los animales y si algún perro se le acercaba, el le daba un puntapié y por eso era que los animales apenas lo veían huían de él y la gente empezó a comentar que los perros le huían porque tenía pacto con el diablo. Una vez le pregunté y me dijo que sólo se trataba de una cuestión justa: "ningún animal se siente a gusto con otro animal de especie diferente y yo más que no me siento a gusto ni con los de mi especie, apenas si marco mi territorio". Poco antes de morir, se sentaba en la silla afuera de su casa y discurría -solo- hablaba solo y se auto exponía las razones por las que los niños son una plaga: "los niños son grandes criminales, son malignos, manejan la peor actitud, se burlan de los defectos de todos, son cínicos con sus familiares y conocidos, son egoístas con sus juguetes, son selectivos en sus compañeros de juego y aíslan y agreden psicológicamente a otros niños por la simpleza más absurda, son inquisitivos y dominantes y hacen sólo lo que quieren. Si un niño entra en tú habitación y te saca de la mano, debes ir con él por la fuerza, ya que se aprovechan de su ternura y la usan como arma; no veo porque tanta alharaca porque va a nacer uno nuevo, ya les conocemos: maquinitas de cagar y comer y de estar dormidos y llorar. Si he de desearle algo bueno a esa M que esta embarazada es que aborte, que si no quiere por las buenas que dios la haga caer en un pantanero y se le chorree esa babosa que lleva dentro, ese parásito, esa masa de células que será, de cualquier manera, un dolor de cabeza para la misma humanidad..." Nadie le gustaba, nadie le caía bien, todo lo masticaba y lo escupía y nadie lo visitaba. En su cocina tenía muy pocas cosas y todas en la nevera porque le rehuía a los bichos que abundaban en esa pinera. Tinto, agua panela, pastas, arroz, yo nunca pude ver más cuando entraba a la cocina y según la señora de la tienda, el mandaba por una pipeta de gas cada tres años, eso puede ser chisme, pero el hijo de esa señora que era quien le llevaba las cosas de la cocina, me dijo que a ese viejo loco no le gustaban los cambios y que siempre compraba lo mismo y en el mismo sitio y a las mismas personas, que no le gustaba conocer gente, ni tratarla, era un ogro intratable, irritable y socialmente incomprendido. Su casa apestaba a tabaco, a viejo, a guardado. La gente hablaba mal de aquella casa apartada y de su inquilino, se hablaba de las brujas de la pinera, de los fantasmas de la pinera, del viejo de la pinera. Cuando la luz caía, ya nadie entraba a esa zona, allá se quedaba el viejo en la sombra en su silla de bus, discurriendo solo y fumando tabaco: "La vejez es una enfermedad terminal, ser viejo es una ignominia y ser viejo entre la sociedad es un asco. Todo te duele, para todo requieres ayuda, todo te fastidia, la vejez no debería existir pues es el momento en el que logramos tomarle desprecio a la existencia, el momento en el que odiamos todo lo hecho y la inutilidad de lo acontecido, la inutilidad del conocimiento que muere a nuestros pies, la inutilidad de amar o despreciar, la inutilidad de todo porque nada sobrevive a la catástrofe de la muerte." Y así se oye aún entre la pinera los rumores de las disertaciones de aquel anciano, mientras se siente un extraño olor a tabaco y a viejo.

sábado, 28 de octubre de 2017

Carta al hijo

Yo sé lo difícil que resulta crecer y enfrentarse al mundo y sé como la comunidad te ataca y espera verte caer para pisotearte o verte salir airoso y halagarte con sus mieles hipócritas, mientras espera secretamente la caída. Debes saber que no siempre se gana y que un día, se cae. Entiendo un cierto afán de sobresalir en el medio y hasta comprendo que no haya sido el padre óptimo o siquiera cercano a lo que has necesitado para desarrollarte apropiadamente. Te has acostumbrado a hacer tú voluntad y no has sufrido grandes pérdidas o ataques. Es probable que el sentirte duro, y el que tus decisiones no te hayan causado grandes oposiciones, no te hayan permitido pulir el sentido de la derrota, ¡¡¡cuántas veces hay que caer para eso!!! O puede que me equivoque y tú sentido de pérdida sea tan alto que no lo he notado. Sé lo que represento para ti, y lo que piensas de mí, que soy arrogante, necio y testarudo ¡¡¡casi lo que piensan mis enemigos!!! sé que fui un ídolo para ti cuando estabas joven, pero ahora mis decisiones no te son valiosas o consideras que mis aportes son los de un viejo cacreco que ha entrado en la demencia senil. Recuerdo con los nombres de las canciones o las ideas que he tenido para los álbumes nuevos o aquella vez que me difamaste porque recibí a un viejo amigo en un lugar que no era el habitual, incluso cuando decidiste no beber más en los ensayos para contradecir aquella manía mía de pensar que sin licor no hay revolución o ¿recuerdas? cuando expusiste que aquella canción que hice en mi juventud y que todos los rockeros cantan y piden, "no es la gran cosa";  hasta la vez que te indiqué como tocar en una entrada y te aprovechaste y te burlaste de mi cojera con los tiempos -imagínate, me crié sin saber de tiempos ni de ritmos- pero supongo que así piensas de mucho de lo que hice y hago. Es definitivo, el hijo menosprecia al padre y la razón es, para mí, evidente: la sensación de autosuficiencia que corroe tus entrañas; ya no necesitas del viejo para componer o cantar, ni para grabar o hacerte de buenos músicos; ya no necesitas que te lleve al baño o te amarre los zapatos, ni siquiera que hable por ti ¿recuerdas cuando el rubor no te permitía siquiera dirigir la palabra a otros? ¿Recuerdas cuando todos decían, en vez de opinar "como dice mi papá"? Hoy tomas las decisiones, llevas las riendas del barco, diriges a voluntad tú nave y no recibes ya de mis recomendaciones sino golpes y contusiones: Cuando literalmente te expulsé de la banda o cuando te propuse golpear a tus amigos si volvían a visitarte cuando yo estaba (recordarás que te escribí una carta por ello) e incluso la propuesta de no abarrotar los fines de semana con una única idea fija. Toda idea fija puede ser llevada a cabo con eficacia pero una que otra, por muchos motivos y sobre todo cuando somos cuatro independientes, puede frustrarse y de allí sólo surge la decepción. Sé que los libros de superación personal dicen lo contrario hijo, pero, no les creas. Una idea fija en mente te hace olvidar las otras mil cosas importantes que eres. A todo esto te escribía, no para regañarte o decirte que has hecho cosas malas, la normativa social es un entramado en el que movemos nuestras vidas, pero de ninguna manera esas normas cobijan el genio y siempre podremos despreciarlas o alterarlas a nuestra conveniencia. Lo hacía para desearte buen viaje y muchos éxitos, te pediría muchas cosas, pero ya no estás a mi alcance: buscas venganza contra mí y contra todo y no te has dado cuenta que cada ataque es sólo para hacerte entender que piensas aún como un niño de brazos al que se le ha metido en la cabeza que quiere un dulce y que sin ese dulce desfallece. Tienes razón en una cosa; yo no tengo amigos: tengo alumnos, tengo seguidores, tengo compañeros. A los amigos los alejé hace tiempo por la misma razón que hoy alejas a los tuyos: suficiencia o creencia en la suficiencia. Es tan difícil pensar en amigos que difieren tanto en la edad que se me conmueve el seso hasta el llanto de saber lo de aquellos que llegaron a casa por mí y terminaron odiándome por mí -no creo que esto requiera mayor explicación- Te escribía para contarte que yo salté del barco hace dos temporadas, abandoné el timón y lo entregué al vigía. Era un general y me arranqué los galones, ahora apenas soy un soldado raso, brinco cuando me ordenan brincar y no discuto las órdenes de arriba. Era un macho alfa y he sido vencido, por eso divago por las selvas. Ya no cazo, sobrevivo del carroñeo. Te escribo para que sepas lo que pienso y además para que te enteres que, incluso en lo que piensas, has superado mis expectativas y las tuyas propias, ve, avanza y por favor no olvides que después de la tormenta sigue la calma... y luego la tormenta... y luego la calma...




































viernes, 13 de octubre de 2017

Carta de una madre científica a su hija adolescente (Ética a Nicómaca)

Siempre hay dos caminos, uno pedregoso y otro pavimentado, a veces el pedregoso es un camino de tierra o un lodazal. No siempre el mejor camino es el más difícil, a veces es el peor camino disfrazado y nos resulta la vida de tomar por uno y por otro. Cada camino es una bifurcación cuántica y cada que se toma una decisión de uno de ellos, en otro universo, otro ser que es una fiel copia de usted toma el otro así que no se angustie por la culpa, tome el que haya de tomar, las consecuencias de uno y otro se verán en uno y otro universo -bueno, si aceptamos la teoría multivérsica- lo que a grandes rasgos no cambia en absoluto una decisión puesto que, aunque no conozcamos las consecuencias de tal o cual camino, deben llevarse a cabo en cada universo correspondiente. En el universo que nos ocupa, la cosa es diferente, se toma una decisión y ésta afecta por completo nuestra percepción y las consecuencias. Si decides comerte o no aquel postre; si decides quedarte un rato más o salir más temprano; si te das o no un beso con fulano; si te pones tal o cual ropa; si haces la tarea o la aplazas... En fin, no puedes escapar de tus decisiones, pero ojo, no atreverse también es una decisión, aunque tomada por el miedo a la acción. La vida te dará oportunidades, dudo que únicas y no falta el que le agrega "el que piensa pierde" que va, si una oportunidad no puede ser pensada tiene que ser una trampa. No hay oportunidades procesadas por el instinto: un salto, un aferrarse a algo en la caída, una reacción ante el miedo o un esquivamiento automático al manejar, son válidos porque no se trataba de procesar y se entrena conscientemente la reacción para que actúe como una parte de la memoria muscular, es decir. son casualidad, instinto o suerte. Las decisiones que pueden afectarte en la vida tienen que ser pensadas, analizadas y cuestionadas por sus consecuencias, sopesar las implicaciones de cada acto es importante y no mandarse de cabeza por cada agujero en el camino. Muchas cosas pueden invertirse, pero hay otras que no, una mala decisión en ciertos aspectos como el sexo o la vida y la muerte, dejan consecuencias profundas y difíciles de borrar; aún si hay un equilibrio mental es difícil recuperarse de cometer un asesinato por imprudencia o dejar atrás una elección de vida que no quiere zafarse de ti. Piensa bien tus actuaciones, mira los pros y contras, no escojas en caliente, respira profundo antes de responder a un asunto, aléjate y exíje que se te permita analizar tus respuestas, si te exigen respuestas inmediatas, desconfía. Ahora, confía en tu madre, nada es tan complejo que no pueda deshacerse, basta con tener una personalidad resuelta y comprometida, si el otro ve tus debilidades abusará de ti, si el otro siente tu fortaleza dudará en hacerte daño. A lo que me refiero es que no puedes andar jugando con florecitas, si tomas una decisión resuelve en consecuencia. Fíjate, si le dices a tu novio que lo vas a pensar, piénsalo, pero no pueden estar terminando y reconciliándose dos o tres veces al mes, ahí es donde lo coges a él de bobo y él a ti. Si una relación no fructifica, abandónala sin mirar atrás o te arriesgas a llevar trás de ti, demasiadas historias y todas ellas irán sobre tus espaldas. En cuánto a "¿qué hacer?" no te preocupes, haz las cosas por decisión propia y bien analizadas y si no fueron de tus apetencias o de tus gustos, súmalo al grupo de tus experiencias, cada cosa en la vida es una experiencia y las cosas "malas" son buenas para la experiencia y la madurez.

domingo, 8 de octubre de 2017

Razones no faltan

Hace algún tiempo llamé a B. K. acababa de llegarme la noticia del suicidio de un amigo en Bogotá. En estas fechas y ante ciertos sucesos tiendo a sentirme bastante vacío e inocuo y le llamé para preguntarle porque carajos la gente se suicidaba, aunque no es nunca la raíz del consuelo, su manera sobria de ver las cosas me alivia de una extraña manera y esto fue lo que me contestó, ah, y escrito porque él odia hablar por teléfono:

Santiago García llegó una mañana a su casa y arrasó con los ventanales del tercer piso. Su mujercita le vió llegar tantas veces así que le propuso que se dieran un tiempo, que ya no aguantaba más. Ella salió y al llegar al primer piso lo había olvidado todo y le compró una bebida refrescante a su amado, pero cuando regresó y abrió la puerta lo encontró muerto. Se había colgado de una puerta con su propia correa.

Jaime Leguizamón tenía todo lo que un hombre podía desear, dinero y mujeres y las disfrutaba en pleno. Su familia era disfuncional como todas las familias humanas, su madre y hermana eran las prostitutas del barrio, pero no, prostituta es la que cobra por el trabajo y ellas no lo hacían, lo disfrutaban simplemente y un día su hermana llegó a la casa y lo encontró colgado de la canilla del baño.

Juan David Ortíz era un muchacho alegre y sincero, flaco, de nariz aguileña, de ojos tristes, pero siempre se le veía sonriente, algo lo carcomía por dentro y un día llegó a casa, sacó a su hijo de 10 años a la calle y se colgó de la reja del patio. Los médicos en la autopsia dijeron haberle hallado una enfermedad mortal que iba a dar cuenta de él.

Lorena Paz Del Río fue la mujer más dependiente de todas, dependía de cada novio que se conseguía y sufría un mil cada que hacía el obligatorio cambio. En su casa guardaban la escopeta del celador y ella llamó a su último ex, le dijo que si no volvía con ella se volaba la tapa de los sesos y eso hizo con la dichosa escopeta.

Rolando Palacios era pillo de barrio, un segundón en uno de tantos recovecos oficinales de la ciudad de Medellín en cuanto a droga y narcotráfico se refiere. Le pasó lo que a Romeo, Encaprichado por una dama le juró que si no regresaba con ella se daría un tiro y por el mismo teléfono que le hablaba se oyó el sonido de un disparo con el arma de dotación, que rompía huesos craneales y dejaba inerte al ex propietario.

Ricardo Grajales Montero trabajaba en una empresa de mecánica y en el turno nocturno; una mañana atravesando el puente Barranquilla se subió a la estructura y se arrojó a los rieles del metro. Unas semanas después, el metro construyó barreras que impedían hacer eso. A Ricardo le diagnosticaron una depresión crónica y se medicaba con ansiolíticos.

Juan Esteban Pedraza juraba que no había una mujer que pudiera resistírsele y cuando la halló se pegó de unos cables de electricidad que le hicieron sufrir horrores y que al final lo mataron por las quemaduras internas.

Susana Ipichil pasaba ya de los cuarenta y se creyó aquello de que, vive rápido muere joven y que después de los 40 la vida va en descenso, se consiguió una escopeta y se la disparó en la boca.

Matías Arias Se subió a una torre muy alta para probar su valentía, resbaló.

Laura Arrieta compuso muchas melodías y era una gran diva en el medio donde su música era un éxito. Tuvo mil amantes y un día perdió toda ganas de vivir pues un cáncer de garganta le salió al paso. Subió a un edificio en el centro de inversiones y desde allí se lanzó a la fama.

La gente no se mata porque esté feliz ni por que la vida haya que celebrarla con bombos y platillos, lo que veo es todo lo contrario, depresiones, penas, honor, orgullos pendejos y muchas pelotas para abandonar esta vida sin mandatos divinos.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Un día pesado

Pesadamente abrió los ojos y no recordó donde estaba, trató en vano de distinguir las figuras que un poco de trasluz que entraba por una ventana le permitía discernir, vió una mesa cerca de él y hasta un televisor o por lo menos la pantalla de una PC. Trató de recordar la noche anterior y escenas difusas le llegaban a la mente pero ninguna concreta o que pudiera ayudarle en tal predicamento. Abrió más los ojos, hasta casi le dolían por el esfuerzo, los cerró y de nuevo quiso evocar los últimos instantes de la noche anterior y fue en vano. ¿Estaría en la cama de alguna chica? Nadie había a su lado. ¿Se quedó donde algún amigo? Aparte de él la habitación estaba vacía. ¿Por que no levantarse y preguntar? Aún era muy temprano por lo que podía intuirse y no quería ser una molestia. ¿Anoche habría bebido de más? No sentía resaca y además no recordaba que día era. Por lo general no bebía en semana, sólo ocasionalmente los viernes y con sus compañeros de trabajo. ¿Fue viernes ayer? Sintió impotencia. Buscó más atrás en su vida, intentó evocar su trabajo, su día cotidiano, sus gustos y sus aberraciones y constató que en su cerebro sólo estaba el despertar de esta mañana en un cuarto desconocido. Se esforzó por recordar su propio cuarto y de nuevo cerró los ojos para facilitárselo. Nada. De pronto reaccionó y como un resorte se levantó de la cama y busco a tientas un interruptor. Lo halló y lo obturó. Nada tenía sentido ¿porque su cerebro no acertaba al más mínimo recuerdo? La habitación era pequeña y junto a la mesa del televisor había un tocador y lo que vió en el espejo la dejó petrificada. Era una mujer y felizmente había perdido la memoria por completo.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Equidad, igualdad, fraternidad

El equipo de perforación había logrado la asombrosa profundidad de 158 kilómetros y el sistema de extracción funcionaba sin mayores perturbaciones; el sueño de Ogdes Perruval estaba en pie y el mineral de diamante fluía a la superficie sin complicaciones. Cientos y cientos de toneladas de diamantes que servirían para explotar otras tantas minas en el mundo y convertiría cada onza en dinero contante y sonante y encontraría mil formas más de extraer las riquezas de los continentes y del mar, en oro, en plata, en combustible, en gas y ese dinero lo repartiría equitativamente en una población humana ávida de dinero y poder. Siempre en sus sueños se preguntaba lo que pasaría si cada ser humano del planeta tuviera lo suficiente para comprarse un Lamborghini y un palacio real y le restase el dinero suficiente para vivir a plenitud y con opulencia. Cada ser humano podría adquirir, sin más esfuerzo, sin más trabajo las cosas que siempre anhelaba, ya no tendrían que quejarse nunca más. Cada ser humano "pobre" estaría en el mismo puesto de la lista forbes y cada uno tendría acceso a la salud, al lujo, al entramado social del jetset, al verdadero derecho a vivir en una casa. Con todos millonarios nadie tendría que romperse las espaldas sembrando el campo y nadie viajaría en barcos a no ser que fuese por placer. Nadie tendría que donar a tal o cual fundación pues nadie necesitaría ayuda económica y nadie aspiraría a los puestos del poder, pues teniendo el mayor poder, no se necesitaría un mandatario que distribuyera una pobreza inexistente. El dinero resolvería todos los problemas. Eso pensaba Perruval mientras convertía todo lo que puede extraerse de la tierra en dinero contante. De pronto despertó y recordó el sueño y pensó en lo ridículo que es el cerebro, imaginar esas cosas él, que casi experimentaba la sensación de ser un gran científico, pues su carrera universitaria quedó truncada en el inicio de sus esfuerzos; Sólo pensar en convertir en dinero todo lo que se puediera convertir en dinero era una idea tonta. La suma de las inversiones en algunas empresas superan con creces lo que pueda dar la venta o comercialización de un producto, por lo tanto no es rentable dicha empresa. Y más ridículo aún pensar que el problema se centra en repartir a todos y que todos sean ricos. ¿quién siembra? ¿quién produce? Una sociedad sin esclavos no es productiva, se requiere el desequilibrio inestable en una rueda para que ésta siga su camino y, ¿qué haría la humanidad con dinero? ¿Ayudar a los pobres? ¿comprar Lamborghinis? ¿diezmar a sus dioses? ¿educarse? ¿leer? Dos imposiblilidades físicas se le presentaban a Ogdes y en ellas pensaba: Transformar todo en oro para repartirlo equitativamente y la consecuencia de hacerlo. Y en ambas pensaba cuando el despertador lo empujó de la cama para ducharse a toda prisa y tomar su trabajo en la mina de carbón de Haerwusu. Se puso el mono amarillo por tercera vez esa misma semana -no tuvo tiempo de lavar ni tenía mucha ropa y ese aún no se veía tan sucio- y se empaquetó el típico casco amarillo, se subió en el inmenso camión Caterpillar y dejó que los problemas de sus sueños esperarán a la hora del sueño y se enfrascó en los del mundo real: trabajar para sobrevivir, trabajar para llevar la comida a sus hijos, trabajar para pagar las deudas de la hipoteca y los impuestos que se habían acumulado, trabajar para que otros no lo hicieran, trabajar para educar a su hijos y así, en medio del estruendo del encendido no pensó más en lo ridículo de los sueños.

domingo, 30 de julio de 2017

El otro Garrick

Si claro, yo vencí el tedio y las ganas de escaparme hace tiempo, y sé, te aseguro, que viajar o leer, o acaso tener muchas mujeres o amigos, e incluso poseer dinero y propiedades en abundancia no es la solución a la desgana. Hay quien piensa que tal cosa proviene del miedo y el deseo de servir a un fin más alto -la religión si queréis- sufrid y se os dará el cielo. ¿y es qué acaso si el cielo existe deja de ser un paquete de aburrimiento? Ser ángel, arcángel o querubín, director de los celestiales coros o reemplazar a San Pedro en su silla o al mismísimo dios de los cristianos me parece ya de una monotonía bárbara. El infierno sería más apetente, pero mi desánimo consiste en la certeza de su inexistencia. Incluso preferiría un infierno griego con paso por el inframundo y viendo rarezas como Cerbero y Caronte e incluso el Cocito y el Estigia; el cielo de la mitología germana me es igual de aburrido que los demás: licor comida y guerra !Qué hastío¡ el inframundo egipcio es una perfecta porquería y así, no habiendo una religión con un cielo o un infierno lo bastante atractivo como para morirse me declaro apático al suicidio. Me dicen que la diversión está en la familia, en los problemas que aquella te plantea, en la manera de solucionarlos, en el esfuerzo que se realiza y ese suplicio de esclavos nunca me ha llamado la atención. Me aseguran que la red informática es una maravilla de distracción pero en ella no he podido pasar más que unos minutos !Está tan llena de trivialidades¡ Ahora, no piensen que yo he pedido la receta de la felicidad y que no sé porque los demás son felices, que si hay una receta es la ignorancia y la superchería, ay, como viven aquellos que hablan de brujas y apariciones y disfrutan recalcando "es verdad" "es verdad" y ¿los que hablan de religiones y prometen castigos? ni hablar. Se es feliz con amo porque solivia la necesidad de pensar. No pueden imaginarse lo felices que fueron los bávaros con su bosudito. De nuevo: ¿Quiere viajar? viaje; ¿Quiere conocer gente? hágalo; ¿Quiere ver un espectáculo del cirque du soleil? No se lo pierda: Pero, si con eso se cura su tedio, entonces su tedio no se parece en nada al mío, puesto que el mío no tiene cura más que la muerte y la muerte como cura no es más que un sinapismo si hay que aguantarse esos cielos e infiernos furibundos llenos de seres humanos. Sí mi querida amiga, soy una gran patada en el trasero, en las pelotas si quiere, porque no creo que la aburrición y el desgano tengan una cura y si alguien encuentra una, resultará ser pasajera. A la mejor encuentra un cataplasma o una droga que la haga vibrar, pero llegará el momento no muy lejano que tal emplasto pierda sus efectos y quedamos al comienzo de este cuento. Yo vencí el tedio porque no peleo con él.

domingo, 23 de julio de 2017

Príncipio antrópico

Txiao Sun se encontraba enfrente de la mujer más hermosa que había visto en su vida, le excitaba todos los sentidos y le impulsaba en todas direcciones, sus hormonas rebotaban contra sus preceptos morales y la pugna implacable no dejaba de tener distintos ganadores cada vez. Es importante aclarar que la educación de Txiao Sun fue, exageradamente rígida, abuela, madre, padre, hermanos y profesoras -colegio de monjas para más señas- habían construido un muro infranqueable, capaz de resistir los embates mismos del llamado de natura y perfectamente asegurado y resguardado de toda mirada o dispositivo de escucha. Él era una torre y el foso a su alrededor tenía trampas y cocodrilos y cepos y estacas y... infranqueable. Ni siquiera en sus fantasías dejaban de importunarle los fantasmas de la templanza y la disciplina. Pero aquella noche no era una noche corriente y Txiao Sun dedicó unas miradas furtivas a la chica de sus sueños y aquella le fue leve y se acercó y... maravillosamente estaba flirteando y de pronto, tan sólo en unas semanas de andar viéndose a escondidas llegaron a un beso que casi ella tuvo que arrancárselo. De una cosa se saltó a la otra y a pocas semanas de aquellos besos apasionados surgió lo inevitable, tuvieron sexo consentido. No fue la gran cosa, la inexperiencia de Txiao Sun era extrema y aunque ella trataba de poner de su parte, la tara educativa del primero le impedía aceptar lo que el consideraba una vulgaridad completa de parte de su media naranja. El sexo nunca fue divertido y la llama fue apagándose por las mismas razones y además la culpa del sexo prematrimonial que tanto le compungía a Txiao Sun y la monótona postura en el sexo y la insistente llamada de ella para que pudiera pasar y... El embarazo. Así le enseñaron a él que debía hacerse, por vía divina y para obtener resultados de paternidad y, casi sin proponérselo, lo había logrado, ella estaba encinta y ya casi a punto de dar a luz. A esa bella mujer que le alteraba las hormonas y lo ponía en pugna se le ampliaron las caderas y le crecieron los senos y le aparecieron unos surcos en la piel y el deseo quedó aún más desecho y ya sólo acudían a un encuentro sexual cuando era estrictamente necesario y así, Txiao Sun fue padre de doce y trabajó toda su vida para mantener a su familia y desear a otra. La fortuna le hizo despertarse enfrente de la mujer más hermosa que había visto en su vida.

domingo, 16 de julio de 2017

El viejo

Yo sé cual es el camino al que me estoy enfrentando, cada vez soy más viejo y la razón es el tiempo que llevo sobre la faz de la tierra. Se sabe que se está viejo por cosas sin importancia al principio, pero que se van acumulando y convirtiendo en el escollo para continuar y tal vez, sea la razón por la que se abandona este mundo sin demasiado reparo. Bien sabido es el miedo que la juventud le tiene a la muerte, pero es porque su vida no les reclama más derecho que el propio y por ello la juventud aparece bella e insolente en el tinglado donde se presenta la escena de la vida. No se trata de que a más viejo más decepción, se trata de que la vejez es la decepción misma de todo y ahí, en ese momento en que inicia la decepción, cuando ya no se crea sino que se recuerda, ahí está la vejez. Siempre lo dije en mi juventud: los viejos se sientan a recordar el pasado, los jóvenes a construir ese pasado. Eso me pasó, se me acabó el mundo y las expectativas. No existe una sola cosa que me haga vibrar. Me encantaba viajar y soñaba con ir más lejos de lo que mi presupuesto me permitía y de pronto empecé a odiar viajar y subirme a los aviones y pensar en una terminal es un principio de fastidio en mi vida. Me encantaba sentarme a diseñar cosas nuevas, armas, cuchillas, dispositivos de combate y ahora los encuentro tan inútiles. Amaba las armas y ahora el verlas no me hace gracia, ni siquiera les tome miedo o respeto, es que me causan arcadas. Las mujeres fueron para mí, lo que son ahora para los jóvenes y en general no me importaba más que la femineidad, pero ahora puede llegar la reina de Saba con sus medidas perfectas y hasta exageradas y no dispara en mí más que una cierta repugnancia de ver a tantos mocos tras ella repitiéndole las mismas palabras impuras y su sonrisa de idiota al recibirlas. Ni que decir de la música que fue mi vibrato personal, algunos hasta me decían que yo tenía banda sonora propia, pues cuando me veían el ambiente se llenaba de música. Ahora vivo en un lugar apartado donde me molesta hasta la risa de los niños que juegan y nunca en mi casa suena música o algo parecido a ella. Desprecio los sonidos actuales y ninguna banda, o sonido cumple mis expectativas. Nuevas normas, nuevos impuestos, nuevas reformas y nuevas represiones y atropellos. Nada me conmueve. Decepcionado de la gente estoy porque sé lo bajos que son y que ninguna revolución puede ganarse porque siempre hay un catecúmeno dispuesto a venderla al mejor postor. El cansancio ya no es la excepción sino la norma. Todo nuevo inicio que tanto celebran las revistas del corazón y los seguidores de los autores de superación personal me llena de dudas y de desprecio, de dudas por su fin y de desprecio por los sacrificios que se deban realizar y aclaro que todo proyecto nuevo, necesitará sacrificios que no los vale, porque nada vale lágrimas, nada vale nada. Al final la vida vale nada, tanto filosofar por la valía de la vida y dejar todo en cacareo porque la gente se mata entre sí por el valor de nada, al final, con sólo 10000 pesos de elementos químicos podemos cubrir cualesquier vida y la gente habla de alma, ¿cuál alma? ¿quién la vió? ¿qué dios me dotó de ella para que valga más? El incentivo para levantarme era escribir una canción, un nuevo texto, una salida a tocar, una chica, la fe, la esperanza de la juventud, los amigos. Todo se acabó, no hay razón para seguir y me preguntó porque no damos al traste con esta vida de porquería como lo han hecho tantos y la respuesta que aparece defensiva es "la cobardía de vivir" la que esgrimen muchos, tampoco alcanza. La razón de seguir andando es la inercia conseguida en esos primeros días, pero no hay ninguna energía nueva en el proceso y la cinética deberá llegar a cero, porque las cosas no mejoran ni mejorarán. La entropía es positiva siempre. "Hoy te quiero más que ayer pero menos que mañana" que tontería, todo tiende a decaer, no se es más joven mañana, el tiempo no regresa, todo se va para siempre, no es cualidad de ciertas cosas no más, es todo y en ese todo estamos incluidos. Ahora todas las enfermedades me asaltan. El inmortal que se movía joven o era capaz de quitarse un yeso que le pusieron en la mañana, se volvió tan frágil como una mariposa, ahora debe tomar una docena de pastillas para equilibrar los procesos que su cuerpo no logra equilibrar por si mismo. Ahora se orina en la cama y debe colocar un despertador para no olvidar una u otra cosa. La memoria prodigiosa se volvió un alzheimer y el pulso delicado capaz de detener una bomba de tiempo cortando el alambre más difícil, ya no acierta a empacar el líquido de una botella en otra ni a utilizar unas tijeras por el corte demarcado. La máquina de guerra es un trasto viejo e inservible que pierde combustible y cuyo motor no genera la potencia escasa para mover su mamotrético cuerpo y por eso le corresponde el deshuesadero. Ahh si. Al deshuesadero iremos todos, tarde o temprano.

domingo, 9 de julio de 2017

Fracasado soy

Quise ser piloto de aerolínea o piloto de combate pero me causan vértigo las alturas y me aterra despegar del suelo hasta de un brinco, soy aero y acrofóbico. Me dediqué pues, a algo menos lejos de mi zona de confortabilidad. así que estudié un poco de mecánica y fundición y soldadura. No me resultó muy efectivo porque la gente pensaba que si era mecánico podía arreglar un carro o una moto y ambos sistemas me eran desconocidos. En un momento opté por la ingeniería que me salvaría de la ignorancia como de las máquinas simples y caí derrotado, en Colombia la ingeniería no maneja ingenios ni los diseña, sólo es un peón administrativo. Me alejé de nuevo y aprendí electricidad y electrónica para montar un taller donde me llevarán cosas de mi ramo y donde no fuera esclavo de nadie y, fatal, la escalación de los sistemas electrónicos no es apta para ciegos y se volvió más fácil reemplazar por uno nuevo que reparar y, lentamente sólo me llevaban radios por los que cobrar era más que un descaro. El área del servicio no me fue grata, a las gentes de mi tipo se les desprecia por no querer parecerse a nadie, por apáticos y por oportunistas; en realidad todos lo somos, pero quien es capaz de ocultarlo sobrevive y, ni que decir que fui un fiasco haciendo teatro. Me dediqué a las ventas callejeras y de nuevo descubrí mi incapacidad para ponderar una marca, un producto o un sabor y la absoluta incapacidad de engañar a un ser humano, aunque en eso fuese mi vida. Decidí montar mi propia empresa de armas de combate de diseños y manufactura propios, pero me dí cuenta que la mercadotecnia y la propaganda hacen parte del engaño primario al que hay que someter al comprador. Me dediqué a la música, pero incapaz de besar traseros por oportunidades y de comercializar el producto de mí ingenio musical y el hecho de no ser descubierto por un gran "visionario" me mantuvo fuera de las grandes ligas y aún hoy, toco, como dice el poeta "por amor al arte". También escribí grandes libros que fueron rechazados porque "no aportan nada" y mi ensueño como escritor se fue por el desagüe de los primeros editores que visité. Participé en dos o tres concursos que ofrecían buenos premios y ni siquiera se dignaron responderme, me eché la soga al cuello de lo poco valioso de mis ideas como escritor y de mis cuentos. En algún momento con el auge de las computadoras pensé en dedicarme a prestar servicios de ese tipo, pero, lastimosamente el asunto aquel de no ser ciudadano digital me hace inhábil frente a tanto dato y orden y... deseche la idea sin intentarla. Hice mis pinos en las artes de guerra y hasta obtuve cintas negras, no me fueron útiles, pelear me es aterrador y enseñar apático. Como padre fui un fracaso y como amante fui demasiado lento. No fui al servicio militar y me evadí, nunca me gradúe, nadie me escuchó la rebeldía. Fui de obrero y me fue muy fácil, todo consiste en que otros piensen por ti y te manden, en obedecer y en cumplir horarios y ya, pero me cansé de que me mandarán y de estar en ese repetitivo ciclo de vida. Es definitivo que hay seres fracasados en este mundo de humanos, que nacimos para estorbar y que nuestro mejor refugio debería ser la tumba.

domingo, 25 de junio de 2017

Mnémosina

Uapa Berrofa y su hermana Nuispla Cispla Tuvieron padres amados, Nibema Tricauhopra y Saaexipo Aayueita, ambos pertenecían a la tribu Mevelamejusaurneplu, habitantes del valle Pivito en las oscuras tierras regadas por el río Povoto, donde la cosecha estaba garantizada por la madre tierra y el poderoso delta que formaba el Povoto en cuyas riveras, después de una temporada de sequía se erguía fértil el más variado de los sembradíos. 4000 años pasaron por la historia sin que aquel río les dejara sin alimento y esta no sería la excepción. Uapa Berrofa tuvo descendencia con Cisuesflo Sasajuvala y los mevejusaurnepluenses acogieron con gritos la llegada de Charuhosa Pagamala Bea y de Pisalosa Lapra, condenados desde niños a ser los dioses de los Mevelamejusaurneplu, porque en el valle Pivito como en las demás ciudades de Chahoshala se acostumbraba el delfinismo y ya desde los días de Nibema Tricauhopra y de Saaexipo Aayueita, se esperaba la llegada de los nuevos herederos de la tierra de Pivito. Pero el mal no duerme y todos temían al poderoso rey oscuro Carnavavigriblan que ya se acercaba en su carroza Caceumepotateu fabricada con los sueños de los poetas y que venía a provocar a la humanidad y a llevarla al oscuro mundo de la nada de Nodemo y que otros llamaban de manera aún más oscura Clolatro. Allí no existía la luz y aunque los hombres eran atraídos a ese reino con mentiras, muchos no podían evitar la seducción de hacer su vida en sueños que hacían más grande a Caceumopotateu y se acercaban más al oscuro Carnavavigriblan que pilotaba impertérrito desde el castillo de proa su aterradora nave del mal. Las leyendas cuentan que un legendario guerrero Ganeeins domeñó al poderoso Carnavavigriblan pero no logró acabar con él ―el mal es inmortal― y lo condenó a permanecer en Clolatro atado a un fuerte lazo que se corroe con los actos malos de la humanidad y que, un día, terminará cediendo a la fuerza del maligno Carnavavigriblan el oscuro y éste surgirá en el delta del Povoto para desgracia y ruina de todos los Mevejusaurnepluenses. Ese día los herederos de la tierra, rogarán para que un nuevo héroe también renazca y le dé nuevas esperanzas al pueblo que se instaló en el valle de Pivito.

domingo, 11 de junio de 2017

Retrato de hombre con un perro

Ella le dijo: "caer en tus trampas otra vez" y él se irritó "por favor" Pero no dijo más, supuso que las cosas hechas y dichas estaban tomando un camino sin retorno, todo camino es sin retorno, el tiempo fluye y Heráclito tenía razón y la tiene aún. Se enfadó consigo mismo por no expresar la situación de la manera más simple, pero recordó su historial y su pasado: ¿trampa? a que trampa se refería si ella desde muy niña fue intocable para él aunque su pensamiento fuera completamente libre; el nunca le insinuó o le propuso nada hasta aquel fatídico día en que, luego de un viaje a la ciudad pérdida Deloro, Ella en la flor de su adolescencia y en la flor de su belleza, le susurró unas palabras al oído, por las que luego él preguntó su significado y por las que más tarde ocurrirían las cosas que ocurrieron y por las que ahora ella implacable, en su papel de hembra, sintiéndose tal vez acosada, le decía: "caer en tus trampas otra vez". Se repetía a sí mismo "¿cuales trampas? ¿cuales malditas trampas? Juego limpio, por eso es que pierdo, Si me diera a la tarea de inventar paraísos artificiales y a prometer las cosas que no puedo, si me diera a la labor de ofrecerle cosas que no tengo o que no puedo entregar, eso sería trampa, pero nada más falso. Yo no entré a su casa como un galán, ni la drogué o le prometí un paraíso, ni su casa conozco, ni su familia, ni sus ideales" Se decía que el no había sido Paris, que no podía transformarse en toro para raptar a Io, ni surgir de la tierra en una cuádriga para llevarla al Hades, y que, de ninguna manera, imponía violencias, ni estaba "exigiendo" nada y la palabra le aparecía así resaltada en su cerebro: "exigiendo". ¿Qué acaso él no era un viejo lobo, que sabía cómo influir en los pensamientos y en las acciones de ciertas personas? pero él siempre odió la manipulación y la obligación y a nadie se la imponía y tal vez era la razón de vivir solo. Los lobos solitarios, si se les encierra, mueren de tedio, deambulan territorios ajenos para cumplir ciertas funciones necesarias a la evolución y al instinto, pero cuando pierden la libertad se vuelven hoscos, huraños y la mayor de las veces mueren sin remedio y, ay, también mueren si nadie osa reducirles. ¿De qué podría alimentarse un viejo lobo, que no practica la caza? Es probable que ella no lo conociera lo suficiente, pero él le había mostrado lo que era, sin tapujos y sin vergüenzas y lo único que había que esconder era, la razón que ella consideraba una trampa, el motivo de sus asperezas, era el silencio. ¿Qué no era importante el silencio? pero algún día se enteraría ella de la verdadera manipulación y de la verdadera intrusión en la vida de otros, cuando la connivencia acaba con todo el ideal, cuando el otro absorbe de tal manera que no deja lugar al desarrollo de la personalidad. Y si, tal vez era esa su trampa, el mundo fácil, el engaño consistía en no ofrecer resistencia a la manera de Miller, en dejarse atrapar y permitir que la presa huyera, cárdena pero viva. La trampa consistía en consentirle todo, menos la esclavitud. La trampa era dejarla ser. La trampa era no acosarla, sino dejarla desprotegida para que escudriñara el mundo. La trampa entonces, si existió. Ella le dijo: "más tarde hablamos" y él respondió: "Por favor".

domingo, 28 de mayo de 2017

Agujeros en el tiempo

Ella estaba sentada en una silla batiente, lo suficiente para entrelazar sus pies con el que se encontraba al frente de una manera casi disimulada por la oscuridad reinante que se dejaba entrever por algún que otro ramalazo de luz de un rayo o por los poco deslumbrantes rayos tardos de luz de luna, el corredor estaba en silencio, aunque de vez en cuando se escuchaban unos cantos del bosque, ya un ave nocturna, ya una rata de campo, ya el viento entre los pinos. Los tres visitantes disfrutaban un café hirviente, cuyas expectativas de conservarse, en aquel páramo eran pocas. Con el calor sensual que aquellos pies le transmitían For An evocó como unos minutos antes había sentido el motor de un vehículo aproximarse y de inmediato supo que le buscaban a él, pues aquellos parajes no son vía para otra cosa y la gente es ampliamente rala y dispersa. Aguzó la vista hacía el camino pantanoso más bajo y esperó, al cabo de unos segundos. el vehículo dejó ver su carga, pero su pobre vista no le permitió reconocer sino dos formas humanas, una de ellas hembra. Se apearon del vehículo y subieron por la escarpada lateral del rancho, que da acceso al corredor, For An se desplazó hasta la cocina y esperó allí a los visitantes, les ofreció algo de comer y los saludo sin efusión. Zhin Zi Da Lin y su hermano Otto pertenecían a la región de Loto Alto a unas 5 millas de allí y el sol ya andaba ocultándose, alguna razón muy poderosa debió llevarles a atravesar el camino Innui, esa vía sólo la atraviesan uno o dos viajeros al día y sólo en las horas de luz, pero ninguno dio mayor razón y For An sólo calentó el café y los acomodó en las sillas del corredor. Una rata marsupial conocida en esas tierras como zarigueya se dejó entrever rapidamente por los lados de la cocina y Otto corrió hacía ella con una linterna y siguió sus pasos hasta detrás de la casa, Zhin Zi se levantó de la batiente y se sentó de nuevo al lado de For An y permanecieron en silencio, susurrando cosas incomprensibles en voz baja, casi farfullando, mientras la cercanía les producía una especie de sopor que les imbuía un desasosiego grato, una especie como de sensación de envenenamiento con mandrágora, el tiempos se dilató como en una pintura de Dalí y se derretía por entre los matorrales, mientras de cuando en vez, For An Y Zhin Zi cruzaban sus miradas, que en aquella oscuridad era un referirse vagamente en la dirección del otro y ni aún en la oscuridad tenue, sus direcciones permanecían más que un instante en el mismo sentido, se alejaban de nuevo como impulsadas por ese mismo tiempo que caía a los lados del camino Innui y que no cejaba de fluir, pero no a la misma velocidad que el tiempo real sino a la velocidad de la cámara más lenta y había una como necesidad de que nadie rompiera tal hechizo y los movimientos de Otto o sus acciones, apenas si eran perceptibles porque todos los sentidos habían tomado el mismo camino y tanto For An como Zhin Zi eran uno mismo y distintos, sabían que deseaban lo mismo, sabían que las mismas cosas les hacía ebullir y por eso el balbuceo incoherente que ninguno depuso, fingiendo para un resto del mundo que no estaba presente y fingiendo también para ambos que tal cosa no existió ni les afectó. Los minutos que Otto permaneció tras el didelfimorfo no fueron particularmente largos y el silencio no fue particularmente incómodo porque ambos anhelaban que aquel suceso se repitiera, pero fue como entrar en una especie de agujero en el tiempo y a ambos les pareció una situación excesiva y embarazosa, pero de una calidez y un bochorno exquisito. Luego de acabado el café no se conversó de nada más que del camino de regreso y los tres se despidieron lentamente, pero la fuerza del abrazo que se dieron Zhin Zi y For An, presagió el deseo de volver a aquel momento en que el tiempo se detuvo.

domingo, 14 de mayo de 2017

Carta encontrada en una escena de crimen

Voy a dejar esta carta, ni sé el motivo de explicarle a alguien mis sentimientos, la escribo más para explicarme a mi mismo este inmenso vacío en el pecho, en la cabeza, en la vida. Mi edad no es muy importante, hará, desde que nací, que la tierra ha dado poco más de dos decenas de vueltas alrededor de su punto de giro. He tenido relativamente todo muy fácil, mi vida no ha sido complicada, he padecido los dolores de una que otra enfermedad pasajera, pero mis padres fueron buenos criando, con decir que soy el cuarto de una familia de seis y no recuerdo que me faltara comida o ropa, ni siquiera estudio, porque terminé mis estudios universitarios en una popularísima universidad de la ciudad y muy pronto fui captado por una empresa que buscaba ingenieros jóvenes y, aunque no pagaban muy bien, pagaban suficiente para derrochar. En cuestiones de amor tampoco he sido un marginado, conocí chicas, me enamoré si puede decirse así; no es que haya sufrido, no conozco esa sensación de "morir por otro" o de "me hace falta", una vez hasta estuve a punto de casarme, pero no es mi intención contar mi vida, ni hacer esto más extenso de lo que se deba. Lo que quiero aclarar es que mal que bien he tenido un poco de todo con las escaseces que pueden tolerarse, lo que demuestra mi perfecta salud al escribir esta carta. No padezco pues, una enfermedad terminal ni nada que se le asemeje y no he sufrido de ausencias; ni siquiera sufrí gran cosa el día que me informaron la muerte de mi madre, al momento lo vi como una cuestión plenamente natural y comprensible y no fui al cementerio o estuve en esa farsa que llaman velación. Tampoco creo estar loco, pero ese apartado no puede depender de mis creencias y tampoco de los estudios disparatados de un psiquiatra que asegurará no sé que idioteces sobre mi yo y la disputa con mi ego y la mediación de mi súper yo, cuando todos ellos en mí están completamente de acuerdo en que esta existencia es una porquería. Si estoy proyectando es sobre mí mismo, porque mi imago materna y paterna no están, ni estuvieron ausentes en la formación primaria de mis imaginarios. Física y mentalmente en mis cabales, declaro que la vida es una mierda, que no existe una razón para vivir, que el sexo no es tan bueno para vivir en pos de él; que la felicidad que siente el ser humano con tareas mediocres o con regalos o con compras no es tan llamativa como para levantarme un día más, que no encuentro nada, absolutamente nada que pueda enumerar como incentivo para respirar o moverme en tal o cual dirección y por ello recurro a este método, simple y efectivo, de pegarme un tiro bajo la barbilla. ¿Se preguntarán si me frustré en mi trabajo? No. no fui el mejor, pero hasta descubrí una cierta manera de agregar genes no genes a una reacción PCR en la que podría convertir las cadenas, una tontería, como hacer que un virus reproduzca, no un principio farmacéutico, sino cocaína por ejemplo. Igual, a nadie conté tal situación y a la tumba habré de llevármela. ¿Qué me trae acá pues? Una gran decepción, pero no una personal, es que siento que la humanidad es una cosa tan tonta, tan trivial ¿a qué nacer o porque preocuparse por vivir? ¿a qué levantarse, trabajar, comer, volver a casa, comer, y de nuevo a lo mismo? ¿vivir para comprarse un auto o una casa o salir de paseo a algún extraño lugar del mundo? ¿qué de raro tiene otro lugar del mundo? ¿qué no hacen lo mismo? ¿no se levantan , trabajan, comen, vuelven a casa, comen? Me da risa la gente que muestra sus fotos en la torre Eiffel o en la rue de Saint Germain o al lado del arco del triunfo o en le champs elysees o en el carajo que quiera al pie de la mismísima esfinge o en Nabatea o en... O con un sujeto famoso: me tomé una foto con el jodido dios de tal cultura, con la estrella del porno de los años 20's, con la cantante de tal música con el filósofo de tal peste. Nada de eso conmueve o altera o me inspira y más siento náuseas de la humanidad que se proyecta en tales nimiedades y bajezas. Se preguntaran si para alguien soy importante y eso no puedo responderlo yo, supongo que a alguien "le haré falta" en el mismo sentido de arriba, pero esas sólo son sandeces que se repiten como fórmula cada que alguien fenece o decide fenecerse a sí mismo. Preocuparme de mis bienes no queda claro, que los que se crean con derecho vengan a rapiñar sobre mi cadáver por lo que deseen, no dejo a nadie un legado como tal, excepto la alegría que puedan obtener de no tener que soportar mis constantes esfuerzos por mantenerme en esta vida y para lo cual me desayunaba cada mañana con dosis altas de optimismo, servilismo y esperanza de que en algún momento le encontraría la sal a la vida, pero esta maldita resultó serme sosa, así que con este único disparo, que no puede escribirse a condición de no parecer loco o que aparezca como un gag (bang) y, no temiendo dejar a alguien sin mencionar porque sé que esta frase la escuche en alguna parte: "ahí les dejo su puto mundo".

domingo, 9 de abril de 2017

El viajero natural

Yo no he salido de mi país porque viajar acá es muy costoso, ni siquiera conozco las afueras de mi ciudad, ni he llegado a visitar la capital de la que, por suerte, me tocó en el azar de las patrias. Tampoco he deseado salir más allá de los muros de mi casa, aunque lo he hecho, muy vagamente, recuerdo que en la estación lluviosa de mi ciudad -es casi todo el año- traté de cruzar los matorrales que me limitaban con la carretera I 69 y en alguna ocasión, lo recuerdo bien, uno de mis compañeros me lo contó, debía llegar a un pavimento y seguirlo en cualquier sentido y este me llevaría a una ciudad grande y elegante. Salté los primeros árboles y me entretuve pensando en lo que podría pasarme al cruzar el resto de arboleda y en el canto de una tijereta, un pájaro negro que parece una golondrina. No es que me preocupara realmente, es que no me importaba saber si tal cosa como una ciudad existía. Tal vez fue ese mismo lluvioso año de 1969, que vino una persona de fuera y lo que, en un principio pudo ser imaginación viva de lo que pudiera ser al viajar fuera de mi país, se convirtió en desilusión al oírle hablar de leyes y de impuestos y de etiquetas. Caminé hasta el punto desde donde podía divisar la larga serpiente de pavimento y soñé allí despierto con esa ciudad que oyera en mi imaginación: sin arboles, con gritos de horror de la gente ansiosa tratando de llegar a algún lado, con luces opacando la noche estrellada, con agentes policiales dirigiendo las máquinas con absurdos movimientos de brazos y con pitos de pasta; con locales semi iluminados y equipos de sonido evitando que las palabras del emisor llegasen al receptor y la gente feliz en un mundo de sonidos vibrantes y punzantes que no dejaban que el pensamiento fluyera porque colapsaba las sinapsis. Soñé con mucha gente invadiendo espacios, caminando en tumultos, irrespetando la esfera vital. Soñé dementes destruyendo el mundo con su consumo y creyéndose dueños de la tierra, hasta creí ver una bandera con una cruz de retorcidos brazos. Soñé gente abandonando hijos en las calles y gente en esas calles abandonados a sí mismos, vi la pobreza, la miseria, la rabia, el dominio de unos sobre otros sin mediar más diferencia que el poder del dinero y la propiedad. Vi soledad, engaño, avaricia y desprecié mi deseo de apartarme del hogar. Fue algo así como un ataque de ausencia que duro un minuto y en ese minuto vislumbré lo que Nostradamus: hambre, guerra y miseria; tantas cosas cruzaron por mi mente que no pude resistir el impacto y me di vuelta a casa.

domingo, 26 de febrero de 2017

Simón el Estilita

No nació viejo, ni siquiera nació, es decir, no se apareció de la nada, pero nadie recuerda nada de su niñez, ni el mismo; Toda su niñez la pasó al cuidado de las monjas de la caridad, pero eso sólo sirvió para que terminara repudiando, que no odiando, a las mujeres como raza. A pesar de que esas mujeres también le enseñaron a odiar la religión con toda su alma, no porque se lo hubieran propuesto, sino de tanto proponerse enseñarle sus virtudes. No es raro que un afán metódico, se convierta en un trauma, sobre todo en las almas libres y vírgenes de la ética y la moral que enseñan en todo hogar. Simón murió virgen porque en cada mujer que se le acercaba veía a la madre superiora de la que se enamoró aún siendo un rapazuelo. No era bella como en las películas, pero era su ideal y Simón era un hombre de ideales. Terminada su infancia ingresó al seminario y allí completó con gran honor sus estudios bíblicos y teológicos. La exégesis de las escrituras, la vida de los santos, la filosofía de Tomás de Aquino y su Summa theologiae, san Francisco por Joergensen, Teresa de Cálcuta por sí misma, El Libro de la vida de santa Teresa de Jesús, san Ambrosio obispo, san Basilio Magno, san Juan Nepomuceno, san Policarpo de Esmirna, san Vicente Ferrer, san Pedro Claver, san Isidro Labrador, san Cirilo de Alejandría, san Juan Crisóstomo... De allí le quedó un gran amor por la literatura y un gran asco por los santos, que ya las santas estaban en desgracia. Se convirtió en diácono a la tierna edad de 17 años y defendía con pudor cada uno de los actos y ritos que llevaba a cabo, predicaba la palabra de la biblia como un diestro orador y daba la interpretación aprehendida, sin descansar ofrecía ayuda a los jóvenes de la comuna y les facilitaba libros sagrados de la biblioteca interna, pero tenía un problema, su rigidez mental, era estricto como ninguno y solía recomendar penitencia -cilicio y disciplina- y el mismo ejecutaba un que otro golpe, sopapo o cachetada, hasta que se enfrentó con el nuevo régimen que prohibía los golpes y las escaramuzas con el apostolado y sobre todo con los chicos del barrio y por tal, resultó implicado en un cruce de palabras, en un escándalo mayor que por poco va a juicio, aunque en mi barrio las cosas se arreglan con plomo y por poco lo arreglan a él, de no ser por la intervención de un anciano cura que era muy respetado por esa comunidad y allí fue donde se refundió y renunció a todo. Atravesó por la universidad y estudió literatura y allí aprendió más sobre el hombre, sobre el vivir alejado de él, sobre despreciar su cultura y sus afanes. No cumplidos los 25 años buscó la manera de alejarse del mundo y sus demonios, de sus gustos y de sus contradicciones, repudiaba la televisión y las noticias, en los libros sólo, encontraba paz, aunque nunca en su vida volvió a retomar textos religiosos, logró amasar una pequeña fortuna y adquirió los servicios de un amo de llaves, que le cocinara y permaneciera en silencio en una casita que se construyó en la sima de una montaña; se requerían dos horas para recorrer el camino escarpado hasta una carretera destapada por la cual, al caminar 4 kilómetros, te arrojaba a una vereda desde la que podías tranquilamente tomar un bus que tardaba dos horas en llevarte a un pueblo cercano, del que podías acceder a la capital en apenas 6 horas. Simón se enterró allí por el resto de su vida para hacer penitencia, no por el bien de los hombres, por el bien de sí mismo, porque a pesar de que odiaba las religiones y lo que ellas implicaban, estaba seguro que esa era la manera de alcanzar el cielo.

viernes, 6 de enero de 2017

Jaque mate

No sé jugar ajedrez, no me refiero a conocer los movimientos porque sé como se mueve el peón, limitado por todos lados, no en balde es el peón. De movimientos rectos y cortos y limitados a un miserable paso por vez. Sé que las torres son más libres en sus caminos rectos y los alfiles en sus diagonales, sé que el caballo tiene una forma muy particular de moverse y saltar sobre sus oponentes y que la reina es libre de moverse a su antojo. El rey es el símbolo de la vagancia, no hace nada, pero sin él no hay partida. Yo sé que no sé jugar porque me harta que sea lento, que haya que esperar a que el otro piense indeterminadas estrategias o tensarse con el raqueteo del ping pong. Yo sé que no muevo piezas porque soy más bien una especie de resorte que requiere de un impulso o una tensión para acumular fuerza antes de ser liberado y por ello, yo no he realizado movimientos a los que no me viese obligado. Yo no hice ningún movimiento al que no me viera obligado porque tenía las negras y siempre estuve a la defensiva; si me acosabas con un pretendido mate de pastor movía mi rey y lo preparaba para un enroque y cuando ingenuamente me apuntalabas con un intencional mate de pasillo, movía mi rey para defenderlo. No estaba en postura de ataque, ni quería estarlo, pues de lo contrario habría construido un foso, un rastrillo y hasta una barbacana para limitar tus movimientos, cuando vi tus planes para destruir mis defensas; tu torre de reina se había colado en mis entrañas y amenazabas mis almenas con saltos de solípedo. Yo al principio pretendí no jugar y hacer el del tonto, pero sin quererlo me impediste llegar a tal posición; la del loco me hubiese sido posible, pero no viste cuando expuse todas mis intenciones y en el juego está prohibido avisar y menos a ti, que a mi mejor intento de acercarme, te enrocas para ocultar tus piernas y dejarme en jaque de tú aliento. Limpio te entregué mis establos y mis torres y dejaste pasar la oportunidad como para decirme: "igual te tengo en mis manos". Lentamente los ejércitos se fueron entregando y las torretas y almenas se fueron al piso por la guerra de minas con que me acechabas. No hay manera de esperar tablas y ahora mi rey anda triste en el pórtico esperando que la dama que gobierna las blancas decida dar el golpe mortal a su figura.

miércoles, 4 de enero de 2017

Héroes

Juan Guillermo Escribano Toro, hijo de la vida y natural de... No supe de donde era, sé que si salías al centro o si llegabas a un concierto al primero que te encontrabas era a "Don Juan Guillermo" como le decían algunos de sus conocidos. Era un tipo alto y enjuto, de nariz recta, con la frente prominente y los labios firmes y pequeños. Se dejaba crecer una barbejo que le semejaba un chivo y su cabello largo lo llevaba en una cola simple; era más bien extraño verle con él suelto. Unos zapatos deportivos color café, un jean y una camiseta, acompañada de una chaqueta simple de algodón o un gabán tipo militar. Ese era el Héroe que siempre vi entre botellas y alcohol, amanecido un viernes y un sábado y un domingo. Siempre dispuesto para el alcohol y la fiesta. Cuando llegaba pedía un trago o sacaba de su colección personal alguna botella de plástico con residuos de uno y otro día: ¿cerveza o ron?. No le faltaba nunca un poco de líquido elemento etilizado. No le hacía el feo a ninguno, pero, como disfrutaba de la "arañita". ¿Qué vamos a comprar? ¿arañita? En cuanto a música era un rebelde y un poeta, llevaba consigo un reproductor con las listas semanales de su autoría y le sumaba unos poemas de  L. De Greiff y unas lecturas de G. Arango. El ferrocabral y Larralde. Apenas veía a alguien con una guitarra se apresuraba a solicitarle algo de Piero o de Serrat -las obras rebeldes de aquellos, no sus capitulaciones- Yo sé de donde salió su apodo, el Héroe, le escribió una carta a un tipo de uno de los grupos que seguía y en esa carta firmaba: "Soy el terror que aletea en la noche... soy la goma de mascar que se pega en tú zapato... soy la mancha en tú traje dominical..." y un algo sobre sufrirás convulsiones y... Cuando se dieron una cita, la clave del saludo fue "ah vos sos el héroe púrpura" y así se quedó por mucho tiempo. Anécdotas mil, acampadas, fiestas, borracheras. Cada viernes nos encontrábamos en algún sitio de la ciudad para celebrar que estábamos vivos y cada sábado se lo encontraba a él, en la calle, sin haber dormido, con su botella en la mano: ¿Un De ville? y así llamaba a sus amigos el domingo en la tarde para que lo acompañaran a rematar en el parque del Periodista. Era capaz de beber desde que le daban el alta del trabajo el viernes hasta el último tercio de la madrugada del lunes y así salía a trabajar en una empresa de esas que fabrican estanterías y alacenas con madera prensada. Montó un negocio con su cuñado que no le valió de mucho y luego regresó a la misma empresa de donde había venido porque al lado del cuñado, bebió más y se hizo más disperso. Eso realmente no le importaba, lo que pasaba es que la plata no se le veía y en la casa de sus padres no andaban muy bien de dinero, lo normal en la sociedad colombiana. Decidió cambiar de carrera y le pidió ayuda a un muchacho que trabajaba en estampación y allá fue a dar con toda su premura y sus ganas de aprender y se hizo respetar y se hizo adorar y ay, allí fue donde terminó sus días de Héroe, allí conoció la mujer que le derribó el sueño de ser un Bukowski. Le prometió todo y le dio todo y también se lo quitó todo. Ella era insufrible con los celos a sus amigos, no lo dejaba quedar hasta tarde. La promesa del sexo amarraba fuertemente al héroe que se expuso en batalla y que no había sido templado para tales lides. Ocurrió lo inevitable, ella quedo en embarazo y el celo se hizo absurdo y el Héroe sucumbió sin honores y sin ser enterrado. Nunca más volví a ver un Héroe de esas proporciones. Nunca más pude creer en el amor que derriba mundos y, de ese duelo de cisnes y de pingüinos, no ganó el cisne. No ganó la gracia, ganó el desdén; no ganó la poesía, ganó el grito; no ganó el canto... Todos perdimos, porque perdimos al único héroe digno de seguirse.

domingo, 1 de enero de 2017

Arturo Sirenaico

Lo importante de Arturo, era que él no vivía para las cosas comunes que viven los seres humanos, no. A él le importaban otras cosas y quería vivir las más inusuales empresas. Se dijera que quería contradecir a la humanidad, pero en lo referente a la causa era igual a todos. Será fácil que me entiendan si les impongo un ejemplo, pero no quiero que lo malinterpreten. Arturo se casó cuatro veces en su vida, pero no lo hacía por el matrimonio mismo sino por el divorcio. Sabía que me iban a malinterpretar. No se trataba de divorciarse por hacerlo o por lo que pudiera pasar después, o por quedar libre, o por el dinero de la víctima -que nunca se casó con mujeres pudientes-  La razón de haberse casado, literalmente, era la de vivir el divorcio, ahí precisaba su gusto. Casarse es un placer dicen los que se casan, sino, tal vez, no lo harían. A Arturo no le parecía gracioso casarse, lo impulsaba, la espera de un par de años para llegar al conflicto de la convivencia, al estado de inapetencia sexual, al punto culminante en que los lemmings inician su ruta suicida y ese era Arturo Sirenaico. Comprendo que no me comprendan, no es fácil entender razones que a simple vista no la tienen. El no comía para alimentarse, lo hacía porque sentía un tremendo placer de evacuar su intestino. Hallaba un verdadero placer en asistir a los entierros, pero más placer le daba comunicar las defunciones. Ver en los ojos de los dolientes el rostro de terror, desconsuelo e impotencia cuando él, precisamente él, sin ninguna piedad, con el rostro impasivo le decía: "Su hija murió atropellada" y cuando la víctima lograba asesarse y le preguntaba "¿pero cómo?" le era aún más gratificante decirle "No sé, sólo fui enviado a comunicárselo". En esos casos la víctima espera consuelo y Sirenaico no ofrecía nada. Trabajaba en una planta de lácteos cerca a la terminal de transportes y, cuando le tocaba el turno nocturno, se desplazaba a pie hasta las instalaciones de la policlínica -3 kilómetros al suroeste- para ver entrar heridos en las horas de la madrugada y su otro placer consistía en salir al pequeño balcón de su casa para vejar la condición humana de los que por allí pasaban. Uno era ratero, el otro, traidor, otra cortesana, otra adúltera, todos anormales o fuera de la ley. No tuvo hijos y no se le conoció mujer, ni hombre. Al morir, la iglesia no dudó un ápice en canonizarlo y nombrarlo santo por la virtud de acompañar a los muertos y porque de los heridos, varios manifestaron sentirse mejor en su presencia y hasta recuperar la vida que habían perdido en el accidente y otros muchos testigos de su presencia en el balcón, juraban que de allí partía un halo de divinidad y que aquel viejo siempre rezaba en voz queda por los transeúntes.