Toda la vida la viví al lado de mis padres, hasta que ellos mueran yo seré la esponjilla bombril eterna junto a ellos. Me expulsaron de casa un par de veces por portarme mal, como aquella vez que con unos amigos robamos el teatro de Aranjuez y nos quedamos con ese proyector escondido en la habitación de mi casa. Eso fue con Hernán, mi difunto amigo rico, que cuando le dieron un carro nuevo por graduarse de bachillerato, se accidentó con la novia en embarazo y se mató él y los mató a ellos y con el "careteta" y "Bacalao" que eran dos bravos para el pillaje. Con ellos rapábamos motos, las desarmábamos y las vendíamos en un santiamén. De allí me hice a mi primera moto, una Yamaha "calibmatic" que armamos con repuestos robados. Ahí la policía empezó a seguirnos y me tocó irme por un tiempo a la sombra de un tío en Puerto Berrio, pero desde allí, mis padres vigilaban para mandarme lo necesario y así hice las paces con la juventud y volví a casa de mis padres a continuar mi larga carrera de vividor. Hasta allí arrastré a mi primo Ricardo y en una moto TT 500 nos accidentamos en la autopista norte, sin papeles y sin nada del vehículo me tocó escaparme y a mi primo lo llevaron a un hospital del seguro social donde le dijeron que no tenía nada, pero al día siguiente murió. A mí no me pasó mayor cosa y me logré ocultar de los problemas y seguí a la sombra de mis padres. Tuve dos hijos y mi mujer otros dos y los puse al cuidado de mis padres, no de una vez, sino despacio y sin que la cosa se notara. Cuando mis hermanos fueron abandonando el hogar, yo llenaba los faltantes con mis hijos y mis entenados. Mi padre compró muchos automóviles y todos los manejé yo en mi provecho, los acabé y los disfruté y hasta un hijo más tengo por ahí que ni reconocer quiero, pero que mío es y un día lo traeré a vivir acá, a la casa de mis padres. La verdad es que mi imagen es más la de un elefante incapaz de moverse y me he enfermado de gravedad últimamente, pero no he perdido mi toque para conseguir lo que quiero sin mucho esfuerzo. En mi vida he trabajado o estudiado y aquí sigo vivo y gordo de cuenta de quienes me trajeron al mundo. Me basta inspirar respeto pareciendo apático con todos y hablando poco o mirando feo, pero la verdadera virtud es que acá sigo 57 años después de mi nacimiento, viviendo de mis padres, de lo que dejen ¿saben que? cuando mueran, nadie dudará que por ser el que más he vivido con ellos, más les he ayudado a conseguir y por tanto, merezco quedarme con la mayoría o con todo. Yo salgo a la calle y camino con parsimonia, casi con dificultad y me balanceo de un lado a otro, pues en mi tiempo de cebado, he adquirido una amplia contextura y mis grandes muslos se rozan provocándome una aspereza y un escozor que no quiero exteriorizar y hasta eso me hace ver especial porque camino sin afán. A veces me divierte oír lo que se dice de mí: "a ese como no le gusta la gente" "a mi papá le caen mal todos" "él no se la lleva bien con nadie"... Ay, que divertido y yo todavía usufructuando.
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