viernes, 20 de noviembre de 2015

La lógica desarrollada en la niñez temprana

Salustiano Marín Delgado despotricaba a diestra y siniestra sobre la manera tan insulsa de ser atraídos por las ventas, los malos programas, los engaños y las patrañas que nos pasan por televisión. ―Claro ―decía― 10 minutos de propagandas y 2 de la serie que ofrecen; lo ponen a uno a esperar como un marrano en diciembre; y de las propagandas que pasan 100% son mentiras. Así despotricaba mientras el canal de turno le implantaba ideas sobre qué decir, comer, pensar y comprar. El niño de la casa, de apenas 7 años de edad, lo miraba entre atento y prevenido, se dirigió al panel del televisor y lo apagó.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Diana, Luz y Patricia

El escenario es cualquier lugar sin una descripción amplia, una sala donde por casualidad se han reunido estas tres personas que sólo tienen  en común el género humano y el sexo ―¿qué más puede pedirse?― Se saludaron y anduvieron divagando sobre temas del día que no tenían mucha importancia. Todo el mundo sabe que entre tres mujeres es difícil que se trate un tema de suma importancia para la filosofía o para el mundo ―Eso no cuenta como misóginia porque las realidades no tienen bando― Ninguna de ellas había buscado más allá de las intimidades que no se le cuentan sino a las grandes amigas, en parte por tener una confidente y en parte por generar envidia, que es lo más que muchas desean. 

Luz: Imagínense que esta semana me conquiste un papasito de rechupete, mejor dicho con ese si me caso. ―Tuvo tiempo además de describirlo pero, imaginen ustedes, por eso estos se llaman cuentos― y era así y asa...

Patricia: A mí porque no se me da la gana, pero yo todavía hago que los hombres volteen a mirarme y hasta piropos me echan ―alguien olvidó decir que Patricia era la más veterana y ya pasaba de los 40― Hasta un señor del edificio me invitó a salir.

Diana: Yo, eso sí, con mi marido tengo y eso que propuestas no me faltan, pero gas, con mis dos hijos y mi marido me sostengo hasta el día del juicio final.

Luz: ¿Dos hijos? que pereza eso de criar muchachos y tenerlos que soportar.

Diana: Ven a ésta y ¿A qué vinimos pues al mundo? como dijo el señor: "creced y multiplicaos"

Luz: Pero m'ija es que el embarazo es muy horrible y la deja a una toda hecha pedazos...

Patricia: Ay! si!!

Diana: Hay hombre, si los machos le dicen a una que se ve linda embarazada, usted es que no ha parido.

Luz: ¿Linda? no jodas, ¿Una barrigona rechoncha te parece linda? eso lo dicen por no dejar.

Patricia: A mi también me dijeron que cuando estaba en embarazo de mi Lucha, me veía hermosa.

Luz: No nos hagamos las pendejas muchachas: el embarazo es un mal para cualquiera: No sólo porque se nos acaba toda la belleza, sino porque un hijo es un chupasangre que acaba con todo. ¿Están felices de haber parido? déjenme yo les digo un par de cosas. Se pasa muy rico en la cama, pero apenas empiezan ese montón de células en mitosis desesperadas a atacar el cuerpo anfitrión, todo desaparece; sé de quienes no pueden volver ni a ver al marido porque les da fastidio, la comida les da náuseas, moverse les duele y hasta sé que se vuelven una máquina de gases andante ¿Qué bonito puede ser eso?

Patricia: Ay! si mija todo eso es verdad, imagínese que  en embarazo no podía ver las sopas y cocinar me daba un fastidio.

Diana: Yo no pude volver a acostarme con mi marido hasta que la niña no tenía como 2 años y ahí quedé en embarazo de Juliancito.

Luz: Eso no es nada, las tetas que bastante le gustan a los hombres, de grandes y erguidas, pasan a ser una bolsa inapetente llena de estrías apenas pasa la lactancia; La piel hermosa de la que nuestros hombres se enamoraron, queda como un cuero viejo pasado a cuchilladas por el estiramiento al que se ve sometida; La virginal entrada de la que los hombres se vanaglorian por su estrechez queda flácida y descarnada, sino es que, para ganarse unos pesos de más, en el hospital,  no te practican una cesárea, dejándote esa horrenda cicatriz.

Patricia: Luisita nació por vía natural.

Diana: A mí si me hicieron la cesárea, pero eso con los años casi no se nota.

Luz: Si, espere, y el papá, si es que se hace responsable, feliz no debe estar con la perspectiva de tener que trabajar como un burro para pañales, leche y sostenimiento de la que pare.

Diana: José ha sido un hombre muy responsable, se ha partido la espalda trabajando, pero responsable como el solo.

Patricia: Ay! a mí si me tocó solita, porque ese apestao, apenas me vio de tres meses se desapareció.

Luz: No m'ija, espere, a ninguna le gusta la mierda, pero eso es lo que es un muchachito recién nacido, llanto y mierda, trasnochar para cuidarlo, cambiarlo cuando está cagado hasta la nuca y después mecerlo y besarlo para que apenas pueda con la lengua, empiece a salir y a quedarse tarde en la calle o a consumir drogas y una en la casa angustiada por el diablo.

Diana: Pero las satisfacciones que te dan esos verracos compensa todo, no te imaginás que mi hija ya salió del bachillerato y está que se casa con un galán, que ni te cuento.

Patricia: La mía si me salió brinconcita, yo le he dicho que cuidado con quedar en embarazo, pero ¿quién es una para darle esos consejos?

Luz: Aclaro que un hijo no es cosa a la ligera, que es un parásito que vive del cuerpo de la madre y por lo mismo, el cuerpo de ella trata de desecharlo, para fatalidad, los nacimientos son cada vez más fáciles y efectivos, gracias a las comodidades y a la ciencia misma; pero no deja de ser eso, un cuerpo extraño que usurpa las funciones de la madre y luego de secarla, la desecha.

Diana: Deja de ser exagerada que el mundo está lleno de gente parida.

Luz: Eso es lo que digo. Ya hay más que suficientes y yo me declaro sexual no reproductora.


Epílogo: Diana y Patricia conversan animadamente sobre Luz que no se encuentra presente.

Diana: ¿Te acordás de Luz?

Patricia: Claro boba, esa que se creía de mejor familia.

Diana: Pues imagináte que se casó, que está en embarazo y que vive dizque feliz por su nuevo retoño.

Patricia: Que va, A mí me contaron que si estuvo en embarazo, pero que el marido apenas la vio de seis meses, cogió las de Villadiego y ella abortó porque no era capaz de criar sola al muchacho, que el cuerpo le quedó como sobrao de tigre y anda en una depresión de casi suicidio porque no pudo con lo que le contaron del muchachito que abortó, que ya estaba formado y era un ser entero.

Diana: Eso le pasa por lengüizafada.

Cuando te pidan ayuda

― ¿Qué tan grande tiene que ser un cuento ―preguntaba Eladio en la clase de literatura―

― Tan grande como quieras ―le respondió la encargada de la cátedra― Y tan pequeño como puedas para no ser molesto.

― ¿Siempre hay que empezar "érase una vez" o "Había una vez"?

― No es necesario, pero es un clásico del cuento, yo prefiero iniciar por otro lado, pero esos son gustos y clasicismos, no se afane por ello.

― Déjeme pues que le cuente un cuento ¿Sabe contar? conmigo no cuente.

La función de los best sellers

Llevaba un largo rato leyendo un texto sin mirar a nadie y sin detenerse y una persona a su lado se interesó por lo que leía el ensimismado Bartolomé; era un libro grande y pesado con una solapa... acá se siguen tres páginas sobre la descripción de la silla armonizada en la que estaba Koan, el escritorio y lo esmirriado que se encontraba el texto, el redactor prefiere ir al grano.

― ¿Qué lee amigo?

― Una estupidez ―contestó tosco B. K.― 

― Pero lo veo bien entretenido.

― Cómo dije, una estupidez, escrita por un estúpido sobre cuatro estúpidos que creen estupideces. Si me lo pregunta creo que podría haber sido un "best seller"

― Discúlpeme, pero lo he estado observando largo rato y no ha parado usted de consumir página tras página. ¿Si es tan estúpido porque sigue leyendo?

― Le repito, es entretenido ―contestó―