domingo, 15 de abril de 2018

Cacao sabanero

Trató de tomar a la derecha y se dio cuenta que su cuerpo no le respondía, trató de enfocar su destino o de recordar que hacía allí parado y de pronto un ramalazo de electricidad lo iluminó y levantó la mano al carro que pasaba pero no reconoció un taxi ni una moto que frenaron de improviso, casi estaba seguro que sólo había levantado la mano, pero la chica que acompañaba al taxista le gritó algo, supuso que un insulto. El conductor del vehículo apenas si lo miró cuando le hizo la señal de equivocado con ambas manos. Un hombre que estaba en la acera le dijo que porque no respondía al insulto de la pasajera de la moto "¿no se dio cuenta que lo insultó?" lo miró y de nuevo el ramalazo de electricidad en su cerebro le hizo decir "no entiende" y pensó que lo había hecho en perfecto japonés como acostumbraba a decir a quienes le llamaban la atención en la calle para despistarlos y perderlos. Cayó en cuenta que esperaba un Renault 12 rojo y lo vio bajar por la parte más alejada de la calle. Descubrió con placer que su cuerpo le respondía en esa dirección y lo siguió hasta el siguiente giro. Allí se detuvo y reconoció a su hermano y a su amiga de toda la vida, se gritaron y levantaron las manos pero de todo lo que gritó no recordó nada un instante después que su hermano se bajara y el coche siguiera su camino. Entendió como que algo botaba aceite y lo llevaba urgente al taller. Tampoco entendió las razones de su hermano para no ir directo a casa y alejarse y perderse. Se sintió muy a disgusto de tener que caminar hasta su casa solo. Organizó lo mejor que pudo sus pensamientos y trato de ubicarse. Su primera impresión lo traicionó pues pensó en tomar una falda empinada a solo tres cuadras de su casa y se objetó a sí mismo que estaba más lejos de lo que imaginaba, pues aún debía pasar por la universidad de Antioquia y el jardín botánico antes de llegar a esa falda y eso no eran tres cuadras. Caminó. Cuando volvió a pensar en su situación se dio cuenta que había dejado caer varias cosas de su mochila, pensó por primera vez en lo que llevaba encima. Su portátil y su grabadora de cinta tipo walkman, ¿un yoyo? !qué carajos¡ se dio cuenta que rodó e hizo esfuerzos para mantener en su cabeza sus pertenencias y no dejarlas olvidadas. Hizo una lista y  con mucha dificultad, casi esfuerzo sobre humano, se acercó al yoyo y lo recogió, lo devolvió a su mochila. Caminó. ¿Señora que le debo? Nada mijo usted no ha pedido nada. Hace rato que llegó y se puso a jugar con esos chinches pero no me pidió nada. Uy señor disculpe, creo que lo herí con mis zapatos. "No se preocupe" dijo, aunque la herida era superficial, sangraba. Se volvió y señaló dos estuches en el suelo, le era imposible decir lo que eran, pero sabía que eran suyos, los reconoció suyos y con seguridad pensó que les dijo a los chicos que los recogieran, pero sólo señaló como si estuviera ebrio. Los chicos entendieron, los recogieron y se los entregaron y el se los guardó en la mochila que aún contenía su portátil. Preguntó como llegar a su barrio y le señalaron unas escaleras. Se asió fuertemente y trató de ordenarle a su cuerpo que subiera, lo hizo penosamente y ascendió hasta una casa más alta. Le propusieron jugar a la sorpresa y le tocó a él, limpiar la casa, según rezaba el papel que desenvolvió. Le dieron la mala noticia de que ese camino estaba cerrado hacía varios años. Se asomó y efectivamente notó que faltaba un tramo de puente y que se podía salvar de un brinco, pero no en sus condiciones. Se sintió desolado y por fin de su boca salió algo coherente para pedir el favor de que le llamaran un taxi. ¿Si vendrá por acá a recogerme? Claro que sí y ¿no estarán preocupados sus amigos? ¿conoce usted a mis amigos? Si ¿no son los que viven allá por la ve?

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