Anoche me fumé un porro con los amigos y llegué tarde a casa, trastabillé en la entrada y golpeé la mesa del portico. Desperté a Jorge y, la señora Molinares, alcanzó a encender la bombilla en señal de disgusto, esa, la que vive en la casa vecina. Pero esto no es historia. Estudié en un colegio católico e hice el bachiller en otro de igual calaña y nombre, San Agustin, en esos años visité el hospital poco o nada, que iba de visita o por alguna vacuna natural, un resfrío o unas paperas y mis hazañas en los libros de anotaciones no pasaron de ser lo normal de un joven superando las incongruencias de la adolescencia. Eso tampoco es historia. Me gradué como agrónomo, conseguí un trabajo de capataz en una finca y con ello crié tres hijos que van a la escuela y apuntan hacía la normalidad pero eso tampoco es historia. Pienso que las torres gemelas fueron derribadas, no por esos aviones y el colapso de su peso sobre sí mismo, sino por bombas colocadas en sus bases, creo en el terraplanismo y en la inexistencia de los viajes espaciales y los mil engaños que la nasa nos muestra en video. Pero eso tampoco es historia. La historia no es una realidad ni una falsedad, la historia es un promedio de lo que se acepta y la repetición consensuada de un hecho. Alemania perdió las dos guerras mundiales; dos aviones Boeing chocaron contra las torres gemelas; la tierra es redonda. Esos promedios son los que enseñan y son los que aparecen en los libros de historia. De nada sirve que les cuente lo que hacía mientras esos aviones chocaban esas torres porque esa historia no aparecerá jamás en los libros de historia, así que la historia son las cosas relevantes a una nación o a un pueblo o a un país; pero a nadie le importa lo que le ocurrió a Tangamandapio o Claveles de los Ríos la semana pasada. La historia se plaga de lo que se traduce en cambios o mutaciones y que, en apariencia, afecte a una amplia población. La verdad es que me da lo mismo si la tierra es plana o curva porque igual debo trabajarla para vivir y no hubo implicaciones de esos choques a las torres en mi vida. Vi la noticia en televisión y seguí en mi tarea como si nada. Mi perro es un buen ejemplo de historia, pero no tiene una historia para la historia. Se levanta muy temprano y espera a que le abra la puerta para ir al patio, menea la cola y deja pelos por todos lados. Mi mujer le abre y sale ella también, se juaga la boca y hace el desayuno mientras yo me ducho para irme al trabajo. A eso le llaman historia cotidiana y no tiene ningún valor intrínseco para la historia. A mis estados personales y a mis idas al médico y mis enfermedades como las de mis parientes, le llaman historia médica y tampoco tiene relevancia para la historia, a menos que en ella esté escondida una bipolaridad o una esquizofrenia que un día me lleve a matar unos cuantos seres humanos, no puede superarse a la historia en masacres y en asesinatos y muertes vitales a la historia: Hitler, Francisco Fernando, Gaitán, Luis XVI, Nerón, Calígula... o en hechos que, tarde o temprano sean apreciados por los pobladores de la tierra: Kung Fu Tze, Mao, Lenin, Engels, Darwin, Mendel, Jesús... Verdad o mentira la idealización de esos nombres ha hecho la historia ¿A quién le importa la vida y obra de Bertulfo Lamprea o las innominables aventuras de Fito Artunduaga Serna? La historia oficial la escriben los poderosos y borran con la mano los errores y usan corrector sobre sus pasos falsos. Historia de verdad es la que se vuelve mojón de otra y las historias personales, son eso, personales, nadie publicará un libro de historia personal a menos que crea que esa historia es sinigual o que le abrase un deseo inmenso de contar tonterías que no valen la pena ni para una familia de un estado o de una tribu. Toda biografía es arrogancia, pedancia, egocentrismo ¿A quién le puede interesar más que a quien la escribe? Ahh eso sí, si es de uno de esos que mencioné, tiene relevancia cómo Newton calculó la gravedad ayudado por una manzana o cómo Fleming en un descuido y Kekulé en un sueño ayudaron al mundo con una historia y algunas de ellas se convierten en anécdotas que compiten por salir a la luz y en ser contadas por profesores caducos que quieren mostrar ejemplos de superación. ¿Me va a contar una historia? ¿De cuáles? Personalmente no me interesa ninguna.