jueves, 27 de diciembre de 2018

Ensayo sobre la risa y otros demonios Capítulo X (Final)

De tantas y tantas cosas que pude haberles contado sobre el pueblo en las montañas que desapareció a causa de la risa y sobre cuyas ruinas hoy no se erige nada, dudo que por temor, porque la trascendencia de lo ocurrido no pasó a mayores y me considero el único relator de tal suceso y por lo demás, los conquistadores ya no eran atraídos o, muy por lo bajo, la gente recordaba el incidente, pero no querían saber nada de él o arriesgarse a sufrir de ese mal que asoló esas tierras, en fin, a ese pueblo nadie volvió y las montañas nunca fueron ocupadas de nuevo. Esperamos que algún día, otra civilización que excave las ruinas trate de explicar o explique definitivamente la desaparición de un pueblo entero ¿a causa de qué? No logro imaginar que un ente, humano o no, excave fosas y encuentre esqueletos completos de homo sapiens y pueda decir tan campante: "murió de risa". El que haya visto inhumar, sabe que las mandíbulas casi siempre se sueltan y parece que la calavera, literalmente, se riera, pero eso ocurre en todas partes del mundo y no sólo en Gelotolandia. Así que tal incidente carecerá de efecto. Los cadáveres podrán mostrar señas de impactos o incluso mostrar que se fatigó el corazón y hasta, de alguna manera informar que murieron por un ataque cardíaco, pero nadie podrá buscar a la risa como precursora de todas esas nefastas muertes. Ahí vuelvo sobre aquello de la causa primaria o latente. Puede que algún historiador o un relator se digne desenfrascar las risas de ese pueblucho en las montañas y que alguien le ponga cuidado al peligro de ciertas enfermedades que surgen sin aviso y desaparecen de igual manera, no olviden a Txé con los ciegos y con el síndrome del voto en blanco. Quien quita que un día, o incluso que ya haya pasado, un pueblo sufra del mal de decir solamente la verdad -ese pueblo también desaparecería por obvias razones- o de un mal más siniestro como una sordera inactiva, aquella que pretende oír, pero sólo lo que necesita. En el metro la forma cotidiana sería algo como: ¿Qué horas tenés? Ah si, hoy es martes. Ah entonces aquí me bajo. O una más simple: Queremos libertad. Ahí tienen para que quemen a su antojo. Viva México cabrones. Podría ocurrir que un pueblo sufra de impertinencia o de ateísmo absoluto e incluso de ausencia de inhibición. Todo podría pasar y yo sólo redacto lo que viví en aquella aurora con aquellos pueblos montañeros que murieron de risa. Me llevo a la tumba el cuento del camello, aprendí a respetarlo y aprendí a olvidarlo, ya ni sé de que se trataba, Ah si, sobre un camello varado en el desierto, pero no le entiendo el chiste. No quiera dios seguir mandando castigos, a estos sus pueblos y dejando que mueran solos y desamparados en las montañas. ¿Cuántas culturas y cuántas civilizaciones habrán sufrido lo mismo o sufrirán en este momento sin que nadie se entere ni por asomo? Algunos dirán que son cosas que no pasan sino en los libros, pero yo me aferro y repito que fue cierto y que todo el pueblo desapareció y que fue todo por contar un maldito chiste a un par de adolescentes sin criterio y sin consciencia. No quedan moralejas y no esperaba que quedara alguna cosa, similar a Txe, tan pronto como apareció, desapareció, aunque en este caso toda una cultura desapareció de las montañas donde fue aislada y sin necesidad de bañarlas con gases neurotóxicos o dejarles ir un misil, es más, sin necesidad de disparar una sola bala, aunque, si somos sinceros, no faltaron los ataques de risa que terminaron en balaceras, cosa que a mí me sonaba a cuento fraudulento. No me cabe en la cabeza gente matándose secos de la risa, pero dicen que así fue en el principio del mal. Porque al acabarse las municiones la gente dejó de cargar armas y hasta machetes y rulas. Sabían que manejar armas enojados era un gran peligro que se incrementaba con las arcadas de la risotada y por eso también desaparecieron las armas. De los Popochos jamás volví a saber, supongo que corrieron la misma suerte de todos los demás si sufrían los mismos males que todos los demás porque hasta donde sé la Popocha, que estaba entradita en carnes y hasta en edad, no le soltó nada a nadie y, si ya era apática al sexo antes de lo ocurrido, con la risa debió pasarse de la raya y evitar la descendencia y si la tuvo, también debió sufrir la misma suerte que los neonatos de Gelotolandia: Salir disparados de la matriz por exceso de "pujanza" y quedar allí mismito ahogados en su propia risa incapaz de llenar los pulmones. Me queda por resolver si la risa resultó ser un "remedio infalible" y eso en cuanto a si, al reírse, la gente sentía placer y el cerebro de recompensa les daba endorfinas, que en cuanto a si el remedio fue absoluto por la desaparición de toda una comuna, de eso estoy completamente seguro.

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