Pesadamente abrió los ojos y no recordó donde estaba, trató en vano de distinguir las figuras que un poco de trasluz que entraba por una ventana le permitía discernir, vió una mesa cerca de él y hasta un televisor o por lo menos la pantalla de una PC. Trató de recordar la noche anterior y escenas difusas le llegaban a la mente pero ninguna concreta o que pudiera ayudarle en tal predicamento. Abrió más los ojos, hasta casi le dolían por el esfuerzo, los cerró y de nuevo quiso evocar los últimos instantes de la noche anterior y fue en vano. ¿Estaría en la cama de alguna chica? Nadie había a su lado. ¿Se quedó donde algún amigo? Aparte de él la habitación estaba vacía. ¿Por que no levantarse y preguntar? Aún era muy temprano por lo que podía intuirse y no quería ser una molestia. ¿Anoche habría bebido de más? No sentía resaca y además no recordaba que día era. Por lo general no bebía en semana, sólo ocasionalmente los viernes y con sus compañeros de trabajo. ¿Fue viernes ayer? Sintió impotencia. Buscó más atrás en su vida, intentó evocar su trabajo, su día cotidiano, sus gustos y sus aberraciones y constató que en su cerebro sólo estaba el despertar de esta mañana en un cuarto desconocido. Se esforzó por recordar su propio cuarto y de nuevo cerró los ojos para facilitárselo. Nada. De pronto reaccionó y como un resorte se levantó de la cama y busco a tientas un interruptor. Lo halló y lo obturó. Nada tenía sentido ¿porque su cerebro no acertaba al más mínimo recuerdo? La habitación era pequeña y junto a la mesa del televisor había un tocador y lo que vió en el espejo la dejó petrificada. Era una mujer y felizmente había perdido la memoria por completo.
domingo, 17 de septiembre de 2017
domingo, 10 de septiembre de 2017
Equidad, igualdad, fraternidad
El equipo de perforación había logrado la asombrosa profundidad de 158 kilómetros y el sistema de extracción funcionaba sin mayores perturbaciones; el sueño de Ogdes Perruval estaba en pie y el mineral de diamante fluía a la superficie sin complicaciones. Cientos y cientos de toneladas de diamantes que servirían para explotar otras tantas minas en el mundo y convertiría cada onza en dinero contante y sonante y encontraría mil formas más de extraer las riquezas de los continentes y del mar, en oro, en plata, en combustible, en gas y ese dinero lo repartiría equitativamente en una población humana ávida de dinero y poder. Siempre en sus sueños se preguntaba lo que pasaría si cada ser humano del planeta tuviera lo suficiente para comprarse un Lamborghini y un palacio real y le restase el dinero suficiente para vivir a plenitud y con opulencia. Cada ser humano podría adquirir, sin más esfuerzo, sin más trabajo las cosas que siempre anhelaba, ya no tendrían que quejarse nunca más. Cada ser humano "pobre" estaría en el mismo puesto de la lista forbes y cada uno tendría acceso a la salud, al lujo, al entramado social del jetset, al verdadero derecho a vivir en una casa. Con todos millonarios nadie tendría que romperse las espaldas sembrando el campo y nadie viajaría en barcos a no ser que fuese por placer. Nadie tendría que donar a tal o cual fundación pues nadie necesitaría ayuda económica y nadie aspiraría a los puestos del poder, pues teniendo el mayor poder, no se necesitaría un mandatario que distribuyera una pobreza inexistente. El dinero resolvería todos los problemas. Eso pensaba Perruval mientras convertía todo lo que puede extraerse de la tierra en dinero contante. De pronto despertó y recordó el sueño y pensó en lo ridículo que es el cerebro, imaginar esas cosas él, que casi experimentaba la sensación de ser un gran científico, pues su carrera universitaria quedó truncada en el inicio de sus esfuerzos; Sólo pensar en convertir en dinero todo lo que se puediera convertir en dinero era una idea tonta. La suma de las inversiones en algunas empresas superan con creces lo que pueda dar la venta o comercialización de un producto, por lo tanto no es rentable dicha empresa. Y más ridículo aún pensar que el problema se centra en repartir a todos y que todos sean ricos. ¿quién siembra? ¿quién produce? Una sociedad sin esclavos no es productiva, se requiere el desequilibrio inestable en una rueda para que ésta siga su camino y, ¿qué haría la humanidad con dinero? ¿Ayudar a los pobres? ¿comprar Lamborghinis? ¿diezmar a sus dioses? ¿educarse? ¿leer? Dos imposiblilidades físicas se le presentaban a Ogdes y en ellas pensaba: Transformar todo en oro para repartirlo equitativamente y la consecuencia de hacerlo. Y en ambas pensaba cuando el despertador lo empujó de la cama para ducharse a toda prisa y tomar su trabajo en la mina de carbón de Haerwusu. Se puso el mono amarillo por tercera vez esa misma semana -no tuvo tiempo de lavar ni tenía mucha ropa y ese aún no se veía tan sucio- y se empaquetó el típico casco amarillo, se subió en el inmenso camión Caterpillar y dejó que los problemas de sus sueños esperarán a la hora del sueño y se enfrascó en los del mundo real: trabajar para sobrevivir, trabajar para llevar la comida a sus hijos, trabajar para pagar las deudas de la hipoteca y los impuestos que se habían acumulado, trabajar para que otros no lo hicieran, trabajar para educar a su hijos y así, en medio del estruendo del encendido no pensó más en lo ridículo de los sueños.
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