lunes, 2 de julio de 2018

Ensayo sobre la risa y otros demonios Capítulo III

Al salir de la casa, entre risas y llantos de risa, que llorar también forma parte de la risa, llegaron a su casa y la risa no se les soltaba ni un momento y de manera casi inmediata la popocha redactó el chiste en el panel de uno de esos sistemas de comunicación -puede esto implicar que el mal no se presentó en su fase terminal inmediatamente, recuerden que después de esto, nadie volvió a redactarlo ni a contarlo- vía red y se lo envió a todos sus contactos y estos a su vez hicieron exactamente lo mismo. Esto explica que al llegar a la tienda a la mañana siguiente encontrara el contagio en los atendientes, y a su vez explica como llegó a la ciudad de manera tan rápida y como se popularizó entre sus habientes. He de suponer que los contactos, de los contactos, de los contactos, abarcaron todo el pueblo en una sola noche, pero no explicaba porque todos los otros que habían leído el chiste del camello, no padecieron el flagelo de la risa. Descubrí que leer el chiste era un detonante y que se necesitaba una segunda componente porque yo nunca fui afectado, ni el que llamaban "doctor" ni su familia, ni a dos de los profesores que venían de la ciudad contigua. Aún no tenía ninguna teoría para tal inmunidad. Incluso probé contarles el cuento del camello a unos amigos lejanos -so pena de  comparendo oficial- y comprobé que no fueron afectados, si se rieron un rato -de otra manera serían muy mal educados- pero luego del rato reglamentario de risa, siguieron su vida normal. Asumí desde allí que tal virus y chiste solo afectaban a la población nativa. Esta teoría quedó sin comprobación porque ya no había población nativa que no estuviera contagiada. Cabe anotar acá que la tasa de nacimientos fue disminuyendo hasta la extinción total, al parecer la risa es un excelente remedio para la lascivia y, en mi caso, no puede uno tener sexo con una persona que se está riendo, así sepa que es una enfermedad y que nada tienen que ver con el acto mismo; la risa desalienta y apaga el fuego interno y no quiero ponerme en los zapatos de aquellos que trataron de perpetuar la especie entre carcajadas. Sí nacieron unos cuantos niños en los primeros años de la peste blanca -en este caso era porque todos mostraban los dientes- pero muchos no se criaban porque en vez de llorar para que les dieran alimento, reían todo el día hasta que se les descosía el ombligo en un descuido y quedaban "herníaos" de por vida o simplemente se desangraban en los pañales. Los hospitales siguieron teniendo clientela, porque de tanto reírse, a la población se le ocasionó un daño complejo en el corazón. Bien es sabido que la risa es un remedio infalible, pero demasiada risa, termina afectando la respiración, la circulación y el corazón y realmente la risa, se vuelve infalible. Muchos llegaban a morirse de la risa al pie mismo del hospital y frente a la risa generalizada de los médicos y enfermeros, cuya sola visión de ver el dolor provocado en un corazón enfermo que se cubría con risas y no expresaba más que un cuadro humorístico. ¿Supongo yo que a alguno de ustedes le han dado un puntapié o se ha caído sobre el "huesito de la alegría"? A eso me refiero: En el primer instante se siente el dolor, pero por alguna causa desconocida, a uno le da tentación de risa, pero de la falsa, o sea que "Ju Ju ju ju" "ay ay ay" "ju ju ju". Duele pero no sale llanto sino risa y esa situación, ya de por sí es cómica. De todas maneras, el pensar en una población muerta de risa, es mejor que pensar en una población muerta de hambre. Pero si nos vamos a todo lo que se dice de la risa  y de que aquel que solo se ríe de sus picardías se acuerda o se esta embobando, cosa que a mí me parece más cercana. La mayoría de la población parecía sufrir de imbecilidad o cretinismo. No importaba lo serio y fundamentado que uno les estuviera diciendo, sólo miraban y se reían y si por casualidad se mencionaba la palabra "camello" en la conversación, podía uno provocar un ataque cardíaco fulminante. La paciente cero nunca paró de reírse por completo, pero logró dominar una técnica que confundía. Cuando escuchaba procuraba  poner atención, aunque sólo fuera a frases cortas y después soltaba dos o tres "je" perversos que daban todas las indicaciones pertinentes, pero no pasaban de allí. Uno se imaginaba en brazos de ella, pero la situación, un poco cortante de risa, desdibujaba la cuestión. Al otro paciente cero, no debe olvidarse que el efecto se dio por partida doble en un primer chiste, nunca le encontraron diferente a aquel día, dicen que él era así desde antes, es decir que por todo se reía y que no tenía picardías, así que sólo quedaba una opción: de nacimiento era embobao.

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