Ella le dijo: "caer en tus trampas otra vez" y él se irritó "por favor" Pero no dijo más, supuso que las cosas hechas y dichas estaban tomando un camino sin retorno, todo camino es sin retorno, el tiempo fluye y Heráclito tenía razón y la tiene aún. Se enfadó consigo mismo por no expresar la situación de la manera más simple, pero recordó su historial y su pasado: ¿trampa? a que trampa se refería si ella desde muy niña fue intocable para él aunque su pensamiento fuera completamente libre; el nunca le insinuó o le propuso nada hasta aquel fatídico día en que, luego de un viaje a la ciudad pérdida Deloro, Ella en la flor de su adolescencia y en la flor de su belleza, le susurró unas palabras al oído, por las que luego él preguntó su significado y por las que más tarde ocurrirían las cosas que ocurrieron y por las que ahora ella implacable, en su papel de hembra, sintiéndose tal vez acosada, le decía: "caer en tus trampas otra vez". Se repetía a sí mismo "¿cuales trampas? ¿cuales malditas trampas? Juego limpio, por eso es que pierdo, Si me diera a la tarea de inventar paraísos artificiales y a prometer las cosas que no puedo, si me diera a la labor de ofrecerle cosas que no tengo o que no puedo entregar, eso sería trampa, pero nada más falso. Yo no entré a su casa como un galán, ni la drogué o le prometí un paraíso, ni su casa conozco, ni su familia, ni sus ideales" Se decía que el no había sido Paris, que no podía transformarse en toro para raptar a Io, ni surgir de la tierra en una cuádriga para llevarla al Hades, y que, de ninguna manera, imponía violencias, ni estaba "exigiendo" nada y la palabra le aparecía así resaltada en su cerebro: "exigiendo". ¿Qué acaso él no era un viejo lobo, que sabía cómo influir en los pensamientos y en las acciones de ciertas personas? pero él siempre odió la manipulación y la obligación y a nadie se la imponía y tal vez era la razón de vivir solo. Los lobos solitarios, si se les encierra, mueren de tedio, deambulan territorios ajenos para cumplir ciertas funciones necesarias a la evolución y al instinto, pero cuando pierden la libertad se vuelven hoscos, huraños y la mayor de las veces mueren sin remedio y, ay, también mueren si nadie osa reducirles. ¿De qué podría alimentarse un viejo lobo, que no practica la caza? Es probable que ella no lo conociera lo suficiente, pero él le había mostrado lo que era, sin tapujos y sin vergüenzas y lo único que había que esconder era, la razón que ella consideraba una trampa, el motivo de sus asperezas, era el silencio. ¿Qué no era importante el silencio? pero algún día se enteraría ella de la verdadera manipulación y de la verdadera intrusión en la vida de otros, cuando la connivencia acaba con todo el ideal, cuando el otro absorbe de tal manera que no deja lugar al desarrollo de la personalidad. Y si, tal vez era esa su trampa, el mundo fácil, el engaño consistía en no ofrecer resistencia a la manera de Miller, en dejarse atrapar y permitir que la presa huyera, cárdena pero viva. La trampa consistía en consentirle todo, menos la esclavitud. La trampa era dejarla ser. La trampa era no acosarla, sino dejarla desprotegida para que escudriñara el mundo. La trampa entonces, si existió. Ella le dijo: "más tarde hablamos" y él respondió: "Por favor".
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