domingo, 28 de mayo de 2017

Agujeros en el tiempo

Ella estaba sentada en una silla batiente, lo suficiente para entrelazar sus pies con el que se encontraba al frente de una manera casi disimulada por la oscuridad reinante que se dejaba entrever por algún que otro ramalazo de luz de un rayo o por los poco deslumbrantes rayos tardos de luz de luna, el corredor estaba en silencio, aunque de vez en cuando se escuchaban unos cantos del bosque, ya un ave nocturna, ya una rata de campo, ya el viento entre los pinos. Los tres visitantes disfrutaban un café hirviente, cuyas expectativas de conservarse, en aquel páramo eran pocas. Con el calor sensual que aquellos pies le transmitían For An evocó como unos minutos antes había sentido el motor de un vehículo aproximarse y de inmediato supo que le buscaban a él, pues aquellos parajes no son vía para otra cosa y la gente es ampliamente rala y dispersa. Aguzó la vista hacía el camino pantanoso más bajo y esperó, al cabo de unos segundos. el vehículo dejó ver su carga, pero su pobre vista no le permitió reconocer sino dos formas humanas, una de ellas hembra. Se apearon del vehículo y subieron por la escarpada lateral del rancho, que da acceso al corredor, For An se desplazó hasta la cocina y esperó allí a los visitantes, les ofreció algo de comer y los saludo sin efusión. Zhin Zi Da Lin y su hermano Otto pertenecían a la región de Loto Alto a unas 5 millas de allí y el sol ya andaba ocultándose, alguna razón muy poderosa debió llevarles a atravesar el camino Innui, esa vía sólo la atraviesan uno o dos viajeros al día y sólo en las horas de luz, pero ninguno dio mayor razón y For An sólo calentó el café y los acomodó en las sillas del corredor. Una rata marsupial conocida en esas tierras como zarigueya se dejó entrever rapidamente por los lados de la cocina y Otto corrió hacía ella con una linterna y siguió sus pasos hasta detrás de la casa, Zhin Zi se levantó de la batiente y se sentó de nuevo al lado de For An y permanecieron en silencio, susurrando cosas incomprensibles en voz baja, casi farfullando, mientras la cercanía les producía una especie de sopor que les imbuía un desasosiego grato, una especie como de sensación de envenenamiento con mandrágora, el tiempos se dilató como en una pintura de Dalí y se derretía por entre los matorrales, mientras de cuando en vez, For An Y Zhin Zi cruzaban sus miradas, que en aquella oscuridad era un referirse vagamente en la dirección del otro y ni aún en la oscuridad tenue, sus direcciones permanecían más que un instante en el mismo sentido, se alejaban de nuevo como impulsadas por ese mismo tiempo que caía a los lados del camino Innui y que no cejaba de fluir, pero no a la misma velocidad que el tiempo real sino a la velocidad de la cámara más lenta y había una como necesidad de que nadie rompiera tal hechizo y los movimientos de Otto o sus acciones, apenas si eran perceptibles porque todos los sentidos habían tomado el mismo camino y tanto For An como Zhin Zi eran uno mismo y distintos, sabían que deseaban lo mismo, sabían que las mismas cosas les hacía ebullir y por eso el balbuceo incoherente que ninguno depuso, fingiendo para un resto del mundo que no estaba presente y fingiendo también para ambos que tal cosa no existió ni les afectó. Los minutos que Otto permaneció tras el didelfimorfo no fueron particularmente largos y el silencio no fue particularmente incómodo porque ambos anhelaban que aquel suceso se repitiera, pero fue como entrar en una especie de agujero en el tiempo y a ambos les pareció una situación excesiva y embarazosa, pero de una calidez y un bochorno exquisito. Luego de acabado el café no se conversó de nada más que del camino de regreso y los tres se despidieron lentamente, pero la fuerza del abrazo que se dieron Zhin Zi y For An, presagió el deseo de volver a aquel momento en que el tiempo se detuvo.

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