Txiao Sun se encontraba enfrente de la mujer más hermosa que había visto en su vida, le excitaba todos los sentidos y le impulsaba en todas direcciones, sus hormonas rebotaban contra sus preceptos morales y la pugna implacable no dejaba de tener distintos ganadores cada vez. Es importante aclarar que la educación de Txiao Sun fue, exageradamente rígida, abuela, madre, padre, hermanos y profesoras -colegio de monjas para más señas- habían construido un muro infranqueable, capaz de resistir los embates mismos del llamado de natura y perfectamente asegurado y resguardado de toda mirada o dispositivo de escucha. Él era una torre y el foso a su alrededor tenía trampas y cocodrilos y cepos y estacas y... infranqueable. Ni siquiera en sus fantasías dejaban de importunarle los fantasmas de la templanza y la disciplina. Pero aquella noche no era una noche corriente y Txiao Sun dedicó unas miradas furtivas a la chica de sus sueños y aquella le fue leve y se acercó y... maravillosamente estaba flirteando y de pronto, tan sólo en unas semanas de andar viéndose a escondidas llegaron a un beso que casi ella tuvo que arrancárselo. De una cosa se saltó a la otra y a pocas semanas de aquellos besos apasionados surgió lo inevitable, tuvieron sexo consentido. No fue la gran cosa, la inexperiencia de Txiao Sun era extrema y aunque ella trataba de poner de su parte, la tara educativa del primero le impedía aceptar lo que el consideraba una vulgaridad completa de parte de su media naranja. El sexo nunca fue divertido y la llama fue apagándose por las mismas razones y además la culpa del sexo prematrimonial que tanto le compungía a Txiao Sun y la monótona postura en el sexo y la insistente llamada de ella para que pudiera pasar y... El embarazo. Así le enseñaron a él que debía hacerse, por vía divina y para obtener resultados de paternidad y, casi sin proponérselo, lo había logrado, ella estaba encinta y ya casi a punto de dar a luz. A esa bella mujer que le alteraba las hormonas y lo ponía en pugna se le ampliaron las caderas y le crecieron los senos y le aparecieron unos surcos en la piel y el deseo quedó aún más desecho y ya sólo acudían a un encuentro sexual cuando era estrictamente necesario y así, Txiao Sun fue padre de doce y trabajó toda su vida para mantener a su familia y desear a otra. La fortuna le hizo despertarse enfrente de la mujer más hermosa que había visto en su vida.
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