Yo sé cual es el camino al que me estoy enfrentando, cada vez soy más viejo y la razón es el tiempo que llevo sobre la faz de la tierra. Se sabe que se está viejo por cosas sin importancia al principio, pero que se van acumulando y convirtiendo en el escollo para continuar y tal vez, sea la razón por la que se abandona este mundo sin demasiado reparo. Bien sabido es el miedo que la juventud le tiene a la muerte, pero es porque su vida no les reclama más derecho que el propio y por ello la juventud aparece bella e insolente en el tinglado donde se presenta la escena de la vida. No se trata de que a más viejo más decepción, se trata de que la vejez es la decepción misma de todo y ahí, en ese momento en que inicia la decepción, cuando ya no se crea sino que se recuerda, ahí está la vejez. Siempre lo dije en mi juventud: los viejos se sientan a recordar el pasado, los jóvenes a construir ese pasado. Eso me pasó, se me acabó el mundo y las expectativas. No existe una sola cosa que me haga vibrar. Me encantaba viajar y soñaba con ir más lejos de lo que mi presupuesto me permitía y de pronto empecé a odiar viajar y subirme a los aviones y pensar en una terminal es un principio de fastidio en mi vida. Me encantaba sentarme a diseñar cosas nuevas, armas, cuchillas, dispositivos de combate y ahora los encuentro tan inútiles. Amaba las armas y ahora el verlas no me hace gracia, ni siquiera les tome miedo o respeto, es que me causan arcadas. Las mujeres fueron para mí, lo que son ahora para los jóvenes y en general no me importaba más que la femineidad, pero ahora puede llegar la reina de Saba con sus medidas perfectas y hasta exageradas y no dispara en mí más que una cierta repugnancia de ver a tantos mocos tras ella repitiéndole las mismas palabras impuras y su sonrisa de idiota al recibirlas. Ni que decir de la música que fue mi vibrato personal, algunos hasta me decían que yo tenía banda sonora propia, pues cuando me veían el ambiente se llenaba de música. Ahora vivo en un lugar apartado donde me molesta hasta la risa de los niños que juegan y nunca en mi casa suena música o algo parecido a ella. Desprecio los sonidos actuales y ninguna banda, o sonido cumple mis expectativas. Nuevas normas, nuevos impuestos, nuevas reformas y nuevas represiones y atropellos. Nada me conmueve. Decepcionado de la gente estoy porque sé lo bajos que son y que ninguna revolución puede ganarse porque siempre hay un catecúmeno dispuesto a venderla al mejor postor. El cansancio ya no es la excepción sino la norma. Todo nuevo inicio que tanto celebran las revistas del corazón y los seguidores de los autores de superación personal me llena de dudas y de desprecio, de dudas por su fin y de desprecio por los sacrificios que se deban realizar y aclaro que todo proyecto nuevo, necesitará sacrificios que no los vale, porque nada vale lágrimas, nada vale nada. Al final la vida vale nada, tanto filosofar por la valía de la vida y dejar todo en cacareo porque la gente se mata entre sí por el valor de nada, al final, con sólo 10000 pesos de elementos químicos podemos cubrir cualesquier vida y la gente habla de alma, ¿cuál alma? ¿quién la vió? ¿qué dios me dotó de ella para que valga más? El incentivo para levantarme era escribir una canción, un nuevo texto, una salida a tocar, una chica, la fe, la esperanza de la juventud, los amigos. Todo se acabó, no hay razón para seguir y me preguntó porque no damos al traste con esta vida de porquería como lo han hecho tantos y la respuesta que aparece defensiva es "la cobardía de vivir" la que esgrimen muchos, tampoco alcanza. La razón de seguir andando es la inercia conseguida en esos primeros días, pero no hay ninguna energía nueva en el proceso y la cinética deberá llegar a cero, porque las cosas no mejoran ni mejorarán. La entropía es positiva siempre. "Hoy te quiero más que ayer pero menos que mañana" que tontería, todo tiende a decaer, no se es más joven mañana, el tiempo no regresa, todo se va para siempre, no es cualidad de ciertas cosas no más, es todo y en ese todo estamos incluidos. Ahora todas las enfermedades me asaltan. El inmortal que se movía joven o era capaz de quitarse un yeso que le pusieron en la mañana, se volvió tan frágil como una mariposa, ahora debe tomar una docena de pastillas para equilibrar los procesos que su cuerpo no logra equilibrar por si mismo. Ahora se orina en la cama y debe colocar un despertador para no olvidar una u otra cosa. La memoria prodigiosa se volvió un alzheimer y el pulso delicado capaz de detener una bomba de tiempo cortando el alambre más difícil, ya no acierta a empacar el líquido de una botella en otra ni a utilizar unas tijeras por el corte demarcado. La máquina de guerra es un trasto viejo e inservible que pierde combustible y cuyo motor no genera la potencia escasa para mover su mamotrético cuerpo y por eso le corresponde el deshuesadero. Ahh si. Al deshuesadero iremos todos, tarde o temprano.
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