Hace como 20 años murió un tipo en esta pinera, era profesor de la escuelita que trasladaron al barrial y era un tipo raro. Vivía sólo en esa casa abandonada que se cayó de soledad apenas el se murió, bueno si a eso se le puede decir casa, eran como cinco puertas y cada una daba a una habitación y él sólo ocupaba una, en las otras se escuchaban ruidos extraños pero nunca eran abiertas. Cuando era niña fui a visitarle algunas veces porque ese anciano me brindaba paz y sosiego y eso explica que sepa tanto de él. Mi madre le odiaba porque, bueno porque sí, porque mi madre odiaba a todos, pero del viejo profesor odiaba que siempre vestía perfectamente igual: botas, camisa roja o negra y pantalón azul de mezclilla, siempre chaqueta. O la del uniforme del colegio, el delantal que ellos usaban o la del uniforme de los rockeros, porque dicen que era músico y cantaba verdades en la cara de la gente y... En fin a mí me gustaba oírlo cantar dos o tres canciones, pero hasta donde supe no eran de él. Mi madre me decía que ese señor era una "fotografía". A decir verdad cuando yo estudié en la escuelita él fue mi profesor y me divertía los raciocinios que hacía sobre diversos temas: Odiaba los animales y si algún perro se le acercaba, el le daba un puntapié y por eso era que los animales apenas lo veían huían de él y la gente empezó a comentar que los perros le huían porque tenía pacto con el diablo. Una vez le pregunté y me dijo que sólo se trataba de una cuestión justa: "ningún animal se siente a gusto con otro animal de especie diferente y yo más que no me siento a gusto ni con los de mi especie, apenas si marco mi territorio". Poco antes de morir, se sentaba en la silla afuera de su casa y discurría -solo- hablaba solo y se auto exponía las razones por las que los niños son una plaga: "los niños son grandes criminales, son malignos, manejan la peor actitud, se burlan de los defectos de todos, son cínicos con sus familiares y conocidos, son egoístas con sus juguetes, son selectivos en sus compañeros de juego y aíslan y agreden psicológicamente a otros niños por la simpleza más absurda, son inquisitivos y dominantes y hacen sólo lo que quieren. Si un niño entra en tú habitación y te saca de la mano, debes ir con él por la fuerza, ya que se aprovechan de su ternura y la usan como arma; no veo porque tanta alharaca porque va a nacer uno nuevo, ya les conocemos: maquinitas de cagar y comer y de estar dormidos y llorar. Si he de desearle algo bueno a esa M que esta embarazada es que aborte, que si no quiere por las buenas que dios la haga caer en un pantanero y se le chorree esa babosa que lleva dentro, ese parásito, esa masa de células que será, de cualquier manera, un dolor de cabeza para la misma humanidad..." Nadie le gustaba, nadie le caía bien, todo lo masticaba y lo escupía y nadie lo visitaba. En su cocina tenía muy pocas cosas y todas en la nevera porque le rehuía a los bichos que abundaban en esa pinera. Tinto, agua panela, pastas, arroz, yo nunca pude ver más cuando entraba a la cocina y según la señora de la tienda, el mandaba por una pipeta de gas cada tres años, eso puede ser chisme, pero el hijo de esa señora que era quien le llevaba las cosas de la cocina, me dijo que a ese viejo loco no le gustaban los cambios y que siempre compraba lo mismo y en el mismo sitio y a las mismas personas, que no le gustaba conocer gente, ni tratarla, era un ogro intratable, irritable y socialmente incomprendido. Su casa apestaba a tabaco, a viejo, a guardado. La gente hablaba mal de aquella casa apartada y de su inquilino, se hablaba de las brujas de la pinera, de los fantasmas de la pinera, del viejo de la pinera. Cuando la luz caía, ya nadie entraba a esa zona, allá se quedaba el viejo en la sombra en su silla de bus, discurriendo solo y fumando tabaco: "La vejez es una enfermedad terminal, ser viejo es una ignominia y ser viejo entre la sociedad es un asco. Todo te duele, para todo requieres ayuda, todo te fastidia, la vejez no debería existir pues es el momento en el que logramos tomarle desprecio a la existencia, el momento en el que odiamos todo lo hecho y la inutilidad de lo acontecido, la inutilidad del conocimiento que muere a nuestros pies, la inutilidad de amar o despreciar, la inutilidad de todo porque nada sobrevive a la catástrofe de la muerte." Y así se oye aún entre la pinera los rumores de las disertaciones de aquel anciano, mientras se siente un extraño olor a tabaco y a viejo.
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