Quise ser piloto de aerolínea o piloto de combate pero me causan vértigo las alturas y me aterra despegar del suelo hasta de un brinco, soy aero y acrofóbico. Me dediqué pues, a algo menos lejos de mi zona de confortabilidad. así que estudié un poco de mecánica y fundición y soldadura. No me resultó muy efectivo porque la gente pensaba que si era mecánico podía arreglar un carro o una moto y ambos sistemas me eran desconocidos. En un momento opté por la ingeniería que me salvaría de la ignorancia como de las máquinas simples y caí derrotado, en Colombia la ingeniería no maneja ingenios ni los diseña, sólo es un peón administrativo. Me alejé de nuevo y aprendí electricidad y electrónica para montar un taller donde me llevarán cosas de mi ramo y donde no fuera esclavo de nadie y, fatal, la escalación de los sistemas electrónicos no es apta para ciegos y se volvió más fácil reemplazar por uno nuevo que reparar y, lentamente sólo me llevaban radios por los que cobrar era más que un descaro. El área del servicio no me fue grata, a las gentes de mi tipo se les desprecia por no querer parecerse a nadie, por apáticos y por oportunistas; en realidad todos lo somos, pero quien es capaz de ocultarlo sobrevive y, ni que decir que fui un fiasco haciendo teatro. Me dediqué a las ventas callejeras y de nuevo descubrí mi incapacidad para ponderar una marca, un producto o un sabor y la absoluta incapacidad de engañar a un ser humano, aunque en eso fuese mi vida. Decidí montar mi propia empresa de armas de combate de diseños y manufactura propios, pero me dí cuenta que la mercadotecnia y la propaganda hacen parte del engaño primario al que hay que someter al comprador. Me dediqué a la música, pero incapaz de besar traseros por oportunidades y de comercializar el producto de mí ingenio musical y el hecho de no ser descubierto por un gran "visionario" me mantuvo fuera de las grandes ligas y aún hoy, toco, como dice el poeta "por amor al arte". También escribí grandes libros que fueron rechazados porque "no aportan nada" y mi ensueño como escritor se fue por el desagüe de los primeros editores que visité. Participé en dos o tres concursos que ofrecían buenos premios y ni siquiera se dignaron responderme, me eché la soga al cuello de lo poco valioso de mis ideas como escritor y de mis cuentos. En algún momento con el auge de las computadoras pensé en dedicarme a prestar servicios de ese tipo, pero, lastimosamente el asunto aquel de no ser ciudadano digital me hace inhábil frente a tanto dato y orden y... deseche la idea sin intentarla. Hice mis pinos en las artes de guerra y hasta obtuve cintas negras, no me fueron útiles, pelear me es aterrador y enseñar apático. Como padre fui un fracaso y como amante fui demasiado lento. No fui al servicio militar y me evadí, nunca me gradúe, nadie me escuchó la rebeldía. Fui de obrero y me fue muy fácil, todo consiste en que otros piensen por ti y te manden, en obedecer y en cumplir horarios y ya, pero me cansé de que me mandarán y de estar en ese repetitivo ciclo de vida. Es definitivo que hay seres fracasados en este mundo de humanos, que nacimos para estorbar y que nuestro mejor refugio debería ser la tumba.
excelente!!!
ResponderEliminarDivertido escrito, un abrazo!
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