Armín Cortés no vio cambios drásticos en su vida, todos los días se levantaba a trabajar y todos los días debía cumplir con las normas impuestas en el trabajo: cubreboca, guantes y gafas, simplemente para empacar galletas y mantener la cadena transportadora lo más libre posible. Tenía un pase como productor alimentario y con él viajaba a todas partes, si lo cogían de ida, decía que apenas iba al trabajo, si lo cogían de venida decía que apenas venía. El pase era una hoja que argumentaba las restricciones por las que tenía pase, el nombre y el número de cédula. Su familia no salía, pero él llegaba puntualmente a comprar provisiones y le parecía de lujo tener el privilegio de caminante.
Aurelio Zamora Pérez tiene un puesto en la plaza y debe atenderlo todos los días. Su cambio más fuerte es que él mismo cree que se arriesga demasiado y que también debería tener vacaciones como los demás. En su lugar de trabajo usa una mascarilla por orden de la dirección, pero casi nunca la tiene sobre la nariz porque igual no cree que la solución sea eso.
Parmenio Tovar es uno de los pocos que dejó su trabajo para la casa y desde la empresa le exigen más que de costumbre, debe dar pruebas de su presencia frente a la máquina constantemente por lo que la empresa activó su cámara y registra los tiempos en que se levanta. Quisiera uno que teletrabajar fuera más cómodo, pero los negreros requieren no sólo hechos sino horas de estar sentado frente a la pantalla.
Ulises y Vanessa usan sus cámaras pay per view caseras y no han tenido que mover su negocio, ni se arriesgan tratando con gente. Ella o él hacen el show requerido ─según los gustos─ o ambos y el dinero se les consigna electrónicamente. Para ellos la vida no ha cambiado y su puesto de trabajo tampoco. Les afecta sólo salir a aprovisionarse, pero están seguros y calentitos.
Santiago Sanclemente Espitia profesor de artística, decidió salir a pasear desde el 31 de marzo, alega que el gobierno adelantó las vacaciones y que por tanto está en vacaciones, aunque discurre sobre el mensaje televisivo que dice que no son vacaciones. Al cabo pues, pregunta si son o no vacaciones y que se decidan para saber que hacer con su tiempo libre. Vacaciones en reclusión no son vacaciones, arguye.
José David López Parra está en prisión hace 22 años y no ha sentido la cuarentena, aunque constantemente les obligan a lavarse las manos y aíslan en celda a cualquiera que presente signos de agripamiento, las salidas al patio han disminuido y las visitas no llegan. Igual él hace 12 años no recibe ninguna visita... ni le importa.
Mercedes Palacios Mena es enfermera de tiempo completo y la vida le ha cambiado un poquito, no porque esté en cuarentena o aislamiento, que todos los días va a trabajar, sino que le han ampliado las horas extras y pasa más tiempo en la clínica. Extrema los cuidados para no llevar la peste a casa, porque sabe que si alguien de su familia necesita UCI, morirá, ella conoce la situación hospitalaria en Medellín y sabe lo mal dotados que están, a pesar de las promesas y grandes gastos de los empresarios de la región, que son eso, promesas y discursos falsos.
Sergio Arozamena es aseador de un edificio del centro de la ciudad. Su trabajo es más ameno porque casi nadie le pisa, pero la cuarentena no le ha dejado nada. Ruega enfermarse aunque sea de una gripa más simple para sacar siquiera cuatro días para cuidarse en casa, no le importa si le da la sepa nueva, sabe que con cualquiera de las dos sale ganando, tendrá que quedarse en casa: si se salva, tendrá vacaciones pagas y si se muere saldrá de deudas de una vez por todas. Lástima que su contrato es por prestación de servicios, si no trabaja, no come.
Pedro Javier Santos trabaja como vigilante en "Vigilancia Covarrubia" y todos los días debe cumplir el horario esclavizante de 12 horas en un edificio de apartamentos en la zona norte de Medellín. Mascarilla, alcohol desinfectante, puerta cerrada y aguantarse a los vecinos que, aburridos de estar encerrados todo el día, bajan a ponerle charla, aunque así se sabe unos chismes buenísimos de algunos habitantes. Lo más que ha cambiado es la afluencia de personas y el tener que estar abriendo, remotamente, la puerta del garaje, por lo demás parte sin novedad. Erre.
Antes de la cuarentena Jorge Sebastián Zapata no tenía trabajo y en recesión tampoco esperó encontrarlo pero se inscribió en cuanta ayuda pudo, se aprovechó de la piedad de sus vecinos y de la buena fe de su arrendador. Su vida no empeoró, es probable que apenas pase la crisis le traten peor, pero de momento está en el paraíso de los pobres: comiendo y viviendo de las promesas de un futuro mejor y de la caridad de los buenos hombres que ama el señor.
Benitín María Solorzano Montoya no ha sentido un ápice del aislamiento, ni siquiera ha sentido el dolor de su nombre propio, ni el desprecio por los padres que le impusieron tan dura carga. seguro se dará cuenta de que puede cambiarse el nombre luego de que haya sufrido el matoneo en la primaria y la secundaria, cuando ya nunca podrá olvidar ni dejar de odiar a sus progenitores por el abuso. Por el momento, en su etapa de lactancia, con tan sólo tres meses de vida, es ajeno a toda patraña mediática, al bien y al mal.
José David López Parra está en prisión hace 22 años y no ha sentido la cuarentena, aunque constantemente les obligan a lavarse las manos y aíslan en celda a cualquiera que presente signos de agripamiento, las salidas al patio han disminuido y las visitas no llegan. Igual él hace 12 años no recibe ninguna visita... ni le importa.
Mercedes Palacios Mena es enfermera de tiempo completo y la vida le ha cambiado un poquito, no porque esté en cuarentena o aislamiento, que todos los días va a trabajar, sino que le han ampliado las horas extras y pasa más tiempo en la clínica. Extrema los cuidados para no llevar la peste a casa, porque sabe que si alguien de su familia necesita UCI, morirá, ella conoce la situación hospitalaria en Medellín y sabe lo mal dotados que están, a pesar de las promesas y grandes gastos de los empresarios de la región, que son eso, promesas y discursos falsos.
Sergio Arozamena es aseador de un edificio del centro de la ciudad. Su trabajo es más ameno porque casi nadie le pisa, pero la cuarentena no le ha dejado nada. Ruega enfermarse aunque sea de una gripa más simple para sacar siquiera cuatro días para cuidarse en casa, no le importa si le da la sepa nueva, sabe que con cualquiera de las dos sale ganando, tendrá que quedarse en casa: si se salva, tendrá vacaciones pagas y si se muere saldrá de deudas de una vez por todas. Lástima que su contrato es por prestación de servicios, si no trabaja, no come.
Pedro Javier Santos trabaja como vigilante en "Vigilancia Covarrubia" y todos los días debe cumplir el horario esclavizante de 12 horas en un edificio de apartamentos en la zona norte de Medellín. Mascarilla, alcohol desinfectante, puerta cerrada y aguantarse a los vecinos que, aburridos de estar encerrados todo el día, bajan a ponerle charla, aunque así se sabe unos chismes buenísimos de algunos habitantes. Lo más que ha cambiado es la afluencia de personas y el tener que estar abriendo, remotamente, la puerta del garaje, por lo demás parte sin novedad. Erre.
Antes de la cuarentena Jorge Sebastián Zapata no tenía trabajo y en recesión tampoco esperó encontrarlo pero se inscribió en cuanta ayuda pudo, se aprovechó de la piedad de sus vecinos y de la buena fe de su arrendador. Su vida no empeoró, es probable que apenas pase la crisis le traten peor, pero de momento está en el paraíso de los pobres: comiendo y viviendo de las promesas de un futuro mejor y de la caridad de los buenos hombres que ama el señor.
Benitín María Solorzano Montoya no ha sentido un ápice del aislamiento, ni siquiera ha sentido el dolor de su nombre propio, ni el desprecio por los padres que le impusieron tan dura carga. seguro se dará cuenta de que puede cambiarse el nombre luego de que haya sufrido el matoneo en la primaria y la secundaria, cuando ya nunca podrá olvidar ni dejar de odiar a sus progenitores por el abuso. Por el momento, en su etapa de lactancia, con tan sólo tres meses de vida, es ajeno a toda patraña mediática, al bien y al mal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario