martes, 14 de enero de 2020

Vaginocentrismo


Aboguemos por el más sublime placer que puede alcanzarse en esta tierra de nadie, el placer que no hiere y que no ofende, el placer al que uno puede abandonarse por encima de la muerte, porque como dice el vulgo: “Un polvo no tiene reversa” y es así, después de que el orgasmo comience que el mundo explote, que se caigan las vigas de la casa y nos aplasten, que nos pille nuestra esposa. Pero a esa altura nada vale. Y es que eso del sexo es tan bueno, tan divertido y tan sano que toca entrar a analizar y traer a colación, más de mil propuestas y planteamientos del conocimiento popular y otros que yo mismo he elucidado y que tratan de elevar el sexo a la calidad de teoría científica. 

¿Dónde se inicio realmente el meollo de la creación en el dichoso paraíso? 

¿Fue acaso el hombre, la creación primigenia de ese dios alfarero? 

¿Fue entonces la separación de las aguas y de lo seco? 

En ninguno de esos siete días se hizo algo de lo cual dios haya podido estar orgulloso como lo que hizo luego de meterse una descansadita. La verdadera creación la hizo sin pensarla siquiera, Pero, ¿Qué hizo? 

A la mujer. Y se sintió orgulloso como nunca, pues había fabricado al más bello ser que jamás se hubiera imaginado. 

Y vio que el ser era bueno y se relajó sin pensar que al mismo tiempo, había creado al ser por el cual la humanidad se echaría a perder y por el cual el hombre avanzaría a pasos agigantados en todas las áreas del conocimiento. 

En este punto pudimos llamar a esta teoría la teoría del “hembrocentrismo” pero habría que tomar en cuenta otros detalles. 

Creemos no exagerar en lo absoluto cuando afirmamos que el mundo gira alrededor del sexo, y aquí colocamos entonces a nuestra teoría “sexocentrismo”, pero luego de un ligero análisis comprendimos cuan equivocado estaba el bautizo de la dichosa teoría y con ella la de Copérnico, (sin ánimo de ofender a don Nicolás), desechamos muy pronto que el mundo girara alrededor del sol y luego desechamos el hecho de que girase alrededor del Sexo como tal. 

Dios en el paraíso cometió un error de arquitectura: al no tener diseño para la Eva, improvisó y quiso quitarle algo, para que él, teniéndolo, fuera su amo. Y vaya que en lugar de aquello dejó un espacio y una abertura en la cual por obra y gracia del espíritu santo, se acomodó el aquello de Adán y ahí mismito empezó el despelote que traería a la humanidad hasta el día de hoy. 

El espacio o abertura tenía un diseño vertical, contrario al que estamos acostumbrados por la boca y los ojos, y fue tal vez ese diseño anarquista y contrario a los demás el que atrajo por siempre al denominado “sexo fuerte” que quedó prendado de su olor, su contextura, su forma, su color y sus efectos sobre el aquello que dios le había dejado colgado. 

A éste artilugio, que a veces trae pelos consigo y a veces viene sin ellos se le llamó por su uso: vagina, que quiere decir vaina o estuche; y el mundo, señores, se mueve alrededor de una vagina que es el sol de los idiotas, (léase hombres), y por eso a nuestra poderosa teoría, que estamos seguros quedará afianzada en sus mentes con la siguiente demostración; le hemos dado el nombre, con pompa y sin gloria de: “vaginocentrismo”. 

Habiendo dado ya un nombre a nuestra teoría y augurándole prospero futuro, pasamos a dar la respectiva demostración y las bases de su fundamentación, como también los nombres y los pensamientos de la gente que ha aportado algo al “vaginocentrismo” y como no, los aportes del “vaginocentrsimo” a la cultura, a la ciencia y a la educación. 

Nuestra primera demostración consistirá en “reducir al absurdo”, con lo cual no quiere decir que vamos a golpear a Yamid Amat, que es el tipo más absurdo de la televisión; lo que haremos será partir de una hipótesis para llegar a un absurdo, luego llegaremos a una contradicción usando la negación de la hipótesis. Es decir que ambas cosas son una falacia y por tanto quedará demostrada la afirmación de la hipótesis. 

Partamos entonces de la hipótesis: El hombre tiene que alimentarse para sobrevivir y para ello necesita trabajar. Ya porque haya que comprar el dichoso alimento o simplemente recogerlo, en lo cual también se emplea energía que al final es trabajo. Y claro también se alimenta para poder trabajar, de lo que resulta algo así como un “feedback”. De ese círculo vicioso nos quedan dos puntos: la sobredosis de una de ellas o el equilibrio perfecto entre ambas, es decir, la gordura por gula, el cansancio por exceso de trabajo o la completa ecuanimidad entre trabajo y energía para el trabajo. 

Y ustedes pensarán, ¿y eso qué tiene que ver con el “vaginocentrismo?” 

Pues en parte nada, porque trabajar no es nada agradable; pero eso ya es un motivo para que el hombre busque un sentido a la vida, a lo desagradable de realizar el trabajo. Eso de que trabajo y trabajo y comida y comida y nada de diversión es como insoportable. Y es en el camino de tratar de soportar ese círculo vicioso, que halla la diversión más barata, fácil de practicar, cómoda, tonificante, agradable, en fin. Que lógicamente es el sexo. Aquí hacemos una aclaración que no parece ser evidente: si el hombre del “feedback” busca sexo, y puede hallarlo en alguno de su mismo género, deja de competernos, pues como diría Desmond: “no se puede criticar la actuación de dicho primate, pero como al mismo tiempo no garantiza tampoco la reproducción, su subsistencia por una o dos generaciones no cuenta para nuestro estudio.” 

pasemos a analizar los adjetivos que le dimos a esta vía de la felicidad, porque bueno, tal vez no sea la diversión más barata teniendo en cuenta que en ocasiones exige el drama del matrimonio para consumarse y en especial que hay mujeres de esas de “trabajo social” que están prohibidas, pues cobran en dólares o en libras esterlinas, que no son precisamente los kilitos de más de Esther. Además tampoco es nada barato pasarse toda la tarde con la amiguita en cine, en el parque, en la taberna, hasta lograr convencerla de que nos de alguna cosa y luego, ahí si, pagar el taxi hasta y desde el motel, el motel, el licor... No señor definitivamente me equivoqué con lo de barato. 

Está bien, siento que algunos me miran acusativamente, lo acepto, si bien no es barato, tampoco es fácil hallar pareja, ni consumar el acto. Y es que ésta pobreza nos lleva a romper el noveno y el décimo mandamiento en cualquier parte. Sobre todo donde no cobren. Claro que ahí también entra en juego nuestra lujuria. Igual toca inventar nuevas y complicadísimas posiciones para evitar ser descubiertos y que nos expulsen de algún sitio público por ofensas a la moral. Otra cosa que hace difícil el sexo es que, la mujer es y ha sido entrenada para resistir los envites de nuestra libidinosa existencia y resulta toda una proeza convencerla de que eso de follar es delicioso y divertidísimo. 

Por la misma explicación anterior, tal vez me haya equivocado en lo de cómodo, pero me niego a dar un solo paso atrás con eso de “tonificante y agradable”. 

Seguimos sin entrar en calor y sin saber que tiene que ver todo esto con nuestro tema. Pues agárrense y pónganle cuidado a ésta cosa que voy a decir, parece perogrullada, pero bastará con poseer el cociente intelectual de un mongolito para entenderlo: “todo acto que el macho realiza, lo hace en función de la hembra; y toda cosa que hace la hembra, la hace en función de que el macho, realice más cosas en función de ella” (ley primera del vaginocentrismo). 

La mujer se acicala para gustar al hombre, para verse agradable: rímel, labial, “ángel face”, “ponds”, pachulís, soportes de pecho, aumentadores de nalga... y todo eso para hacerse más bella, más atractiva, para llamar la atención de más machos y de ahí escoger a alguno con el cual procrearse; que será escogido en función de lo que haga en fun$ión de dicha hembra. 

En el pasado, alguna de estas divas quedó matada con el jueguito de adentro afuera y el hombre la llamó ninfómana; ella para que no se le agotara el mucharejo, le consiguió suplencia y se hizo la comunidad en matriarcado. Pero eso es historia, sigamos con lo que veníamos: Tacones, minifaldas, pantalones ajustados, escotes pronunciados, tangas, minitangas y microtangas, brasieres “magicup” con espumitas de relleno, orlas y encajes. Y todo eso para verse más bella y cautivar más machos. 

Estilistas finos, mascarillas de azúcar y de pepino, salones de belleza, cabellos tinturados, fajas, tumbacallos, liposucciones, siliconas, estiraditas, cirugías rinoplásticas, lentes de contacto, depiladores, electrodepiladores, láser antiarrugas, máscaras en frío, tevemarketing... todo, absolutamente todo, en función de ser más atractiva al otro sexo y atraparlo en sus redes, y después decirle “que no” un millón de veces y por último, siempre sucede así, entregarse bajo las sábanas de cualesquier hotelucho o sobre la sábana verde “matando grillitos con la espalda” como un último recurso. 

Pero el hombre no se queda atrás, y también usa sus afeites: “shick” “prestobarba” loción “mae jute” desodorante “menem” ropa de moda, deportiva o elegante; peluquero y gimnasio; vehículo, celular (estos dos últimos son ornamentos muy caros pero excelentes, atractivos y efectivos) ah y dinero, porque eso si, un hombre sin dinero no vale nada (con poco dinero tampoco vale nada). 

Podríamos caer en el error de pensar, que el mundo es “dinerocentrista” es decir, que gira en torno al dinero y que el dinero todo lo puede; y que el rey dinero y su poder. Pero no, veamos que hay detrás del dinero y les apuesto, que es lo que estoy pensando. Demostrémoslo. Hagamos lo siguiente: eliminemos el sexo, la vaginología libidinosa y ¿En qué quedamos? Ya no se necesitan tintes ni afeites, ni operaciones estéticas: los peluqueros, estilistas, perfumeros, fabricantes de ropa, cirujanos, diseñadores, escritores de versos ridículos, vates profesionales y demás se quedarían cesantes y ya nadie trabajaría por un salario. ¿Para qué? ¿Por qué? Haber, ¿Díganme para qué? Si ya no hubiese incentivos, no habría alicientes; hombres y mujeres serían iguales y no habría necesidad de taparse las diferencias; nuestros descendientes nacerían por división celular o por el proceso de sembrado y recogido; o nos arrancaríamos un miembro, y éste iría tomando la forma de humano en un determinado lapso de tiempo o por esporas o por huevos autofecundantes. Adiós al viejo y agradable método. Adiós ropa y textileras y cardadores y recolectores y todos los profesionales relacionados con los textiles y todos los profesionales en general; porque ¿Para qué ingenieros químicos o sanitarios o mecánicos o técnicos o lo que sea? Si la reproducción no es un placer, entonces adiós a la superpoblación mundial, mejor dicho, este mundo estaría lleno con tres o cuatro pelagatos y adiós contaminación ambiental a alta escala; 

¿Para qué automóviles? 

¿Para llegar rápido donde quién? 

¿Para qué aviones y transbordadores si ya no hay nadie a quien demostrarle algo? 

¿Para qué los músicos y los productores? 

¿A quién va uno a endulzarle el oído? 

¿Para qué los libros y los editores? 

¿A quién va uno a engañar con pretensiones de sabiduría? 

¿El teléfono y la televisión? 

¿Con quién va uno a hablar o qué va uno a ver si no hay mujeres? 

¿Para qué el láser si ya no eliminará arrugas? 

¿Para qué estudiar y sobresalir? 

¿A quién va uno a conquistar? 

Sin sexo, ¿para qué “playboy” y “sueca”? 

Sin mujeres, ¿qué habría pintado Picasso? 

¿Qué hubiera escrito Neruda? 

¿Qué habría cantado Arjona? 

¿Dónde estaría el machismo que nos ha dado tan grandes hombres? 

¿Dónde quedarían los mártires que nos ha dado el matrimonio? 

¿Para qué historia, qué iba uno a recordar? 

¿Para que dioses, qué va uno a agradecerles? 

¿Para que las grandes guerras, qué iba uno a conquistar? 

¿Para qué la medicina, qué iba uno a estudiar? 

¿Cuáles pecados y cuál redención? 

¿Sobre qué o en qué iba uno a pecar? 

¿Cuál Jesucristo? 

¿Cuál Cristóbal Colón y cuál descubrimiento de América? 

¿Para qué escribir estos Disangelios? 

¿Para qué el dinero, si ya no habrá show de peluches? 

¿Para que el licor, a quién va uno a emborrachar para hacerle la del pisco? 

Sin ese dichoso agujerito, la humanidad estaría condenada a la edad de las cavernas, aunque ¿para qué esconderse en esos agujeros? ¿Con quién? Estaríamos aún más atrás en los albores de la humanidad y ahí permaneceríamos sin ese dulce y provocativo emblema femenino 

Los cuatro pendejos existentes vivirían de la recolección y la pesca; 

Adiós ciencia; 

Adiós economía global; 

Adiós diversión; adiós a todo. 

Todo esto nos lleva a una conclusión: el dinero es un sofisma de distracción; el planeta gira alrededor del sol y la humanidad alrededor de una hermosa vagina. Y no es que seamos machistas o misóginos, porque es el hombre en su afán por buscar compañera, que cambia el medio para impresionar a la hembra y le lleva variados inventos para que ella se vea más hermosa y para que se sienta halagada e importante. 

Como ven tenemos una hipótesis y la negamos, pero el resultado no fue el apetecido, por tanto, (Quod Ed Demonstratum) queda demostrada la teoría del VAGINOCENTRISMO. 

De manera lógica podemos plantear una demostración sin precedentes, partiendo de cuatro preposiciones: 

P: “la teoría del vaginocentrismo es cierta.” 

Q: “el hombre existe.” 

R: “el hombre medio vive.” 

S: “existe la comodidad.” 

Ahora veamos: 

1. q sí y solo sí p. (El hombre existe, si y solo si, la teoría del vaginocentrismo es cierta) 

2. –p entonces –q. (La teoría del vaginocentrismo no es cierta, entonces, el hombre no existe) 

3. –p entonces r entonces –s. (la teoría del vaginocentrismo no existe, entonces, el hombre medio vive, entonces, no existe la comodidad) 

4. (q ó r) ó (q y s). (El hombre existe o el hombre medio vive, o, el hombre existe y existe la comodidad) 

5. Sí q y s entonces p. (Si el hombre existe y existe la comodidad, entonces, la teoría del vaginocentrismo es cierta) 

6. como en el paso 4 el ó es excluyente y el paso 5 es más beneficioso, asumimos que: 

Si q (el hombre existe) y s (existe la comodidad), existen, entonces p (la teoría del vaginocentrismo es cierta), por tanto p, (la teoría del vaginocentrismo es cierta), es verdadera. 

7. quod ed demonstratum. 

La tercera y última demostración se la inventó Nietzsche en su “zaratustra” para demostrar que dios no existe. Aplicándola aquí nos queda: 

El vaginocentrismo existe porque yo existo. Y como yo no aceptaría el mundo sin vaginocentrismo, por tanto, existe. 

Al vaginocentrismo debemos el hecho, de que el hombre se haya erguido, pues el axioma de estética 1.1.1 dice que la mujer se bajó de los árboles para que los machos pudieran verla mejor y al encontrar competencia lejos de los árboles se irguió para descollar entre las demás. Y el hombre se irguió por seguir de cerca el contoneo que la hembra había adquirido en su osadía, es decir, la mujer se bajó de los árboles por pura vanidad y el hombre la siguió, para corroborar la primera ley del vaginocentrismo. 

A nuestro loco giro alrededor del sexo femenino se deben todos los grandes cambios en la humanidad: 

El té de los ingleses, el café colombiano y la coca cola, fabricados para seducir a una mujer; 

El pan “bimbo,” la “aspirina” y los sedantes, hechos para “doblegar” a una mujer. 

Las espadas, los cañones y las armas atómicas, hechas para defender a una mujer; 

La televisión, el queso “gruyere” y la teoría del vaginocentrismo, hecha para convencer a una mujer; 

El horno microondas, la lavadora y la nevera hechas para tener contenta a una mujer; 

El water, el bidé y el jacuzzi: hechos para alivianar a una mujer; 

El desodorante, el talco para pies y las lociones: hechos para oler agradables a una mujer; 

Los espejos, la Internet y los vates ridículos, hechos para subir el ego a una mujer. 

El procesador casero y las computadoras, hechas para hacer que una mujer se equiparara a la inteligencia de un hombre. 

Todo, absolutamente todo, se ha hecho por y para la mujer; por conquistarla y para conquistarla; por ser su esclavo y para ser su esclavo. Pero dejémonos de listas y dictemos en este texto el teorema de “organolepsis” que actúa como segunda ley, en las ocasiones en que es necesaria y dice así: “En todo acto cotidiano o irregular, el hombre solamente huele, ve, oye, degusta y siente sexo” (y a veces hasta lo presiente). De este teorema se desprende un corolario: “los seres humanos se pasan un 99% de su tiempo libre pensando en y buscando sexo; y el 1% restante disfrutándolo.” 

Dejemos a un lado todo lo bueno que nos ha traído el vaginocentrismo y miremos lo malo; Porque como dicen por ahí: “en ese agujero se han perdido más cosas que en el triángulo de las Bermudas y el del Diablo juntos”. Dice otro adagio popular que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer; mi querido amigo B. Koan ha escrito que si detrás de todo gran hombre no hubiese una gran mujer, lo único que veríamos serían grandes hombres. Esto sirve para aclarar que detrás de todo gran hombre derrotado, puede haber fácilmente una gran mujer en fuga; Un hombre por ir tras ella puede olvidar las estrategias: Napoleón se perdió por Josefina, (fuentes serias dicen que diez minutos antes de la batalla de Waterloo ella se pasó de bando; oh la mujer voluble); Hitler el superdictador se perdió por Eva Brown (fue a la que se le ocurrió la genialidad de meterse a territorio Ruso); Don Simón Bolívar se perdió por Manuelita, (con decirles que ella fue la dueña del sable del libertador hasta que lo secuestro el M-19); Einstein se perdió por Mileva (hizo embolatar los papelitos donde el viejo había resuelto el problema de integración de las cuatro fuerzas); Gonzalo se desbarajustó por Angelita (ella fue la culpable de la muerte del nadaísmo, y además fue la culpable de que Arango se convirtiese en un don NADIE); Don Quijote se enloqueció por dulcinea; Tristán por Isolda; Sansón por Dalila; Julio César por Cleopatra; Adán por Eva; Romeo por Julieta; Epimeteo por Pandora; los egipcios por Hat-hor; los Noruegos por Gullverg; Fredy pino no volvió al parche por Diana; Coyote no volvió a la U. por Mónica; Mario no volvió a invitar a chorro por Paola; Mauricio dejó “La mala audición de Beethoven” por la Bruja; y me imagino que ustedes tendrán más ejemplos que yo. 

Claro que aún después de todo esto muchos hombres son incapaces de reconocer que lo único que quieren de una mujer es sexo; de este planteamiento nace la apostasía de Francis: “Rubicunda arma de combate usada por el común de los mortales, para conseguir sexo aduciendo que no es lo más importante.” Otra forma de enunciar este teorema la acaparó el eminente español don Rodrigo de Castilla: “Haced como si no os importara y ya os darán algo.” 

Muchos hombres se han dedicado a producir teoremas sobre el vaginocentrismo, sin saber siquiera a que dios prestaban sus servicios. Es así como el sofisma conocido como: “la falacia de Clinton” que reza: “la mujer sólo cede ante el que insiste” fue desvirtuada mucho antes de su enunciación por el sexólogo Henry Miller, quien demostró que bastaba con no pedírselo a una mujer en las primeras tres citas, para que ésta callera de cabeza en la trampa; Se dice también que la famosa frase de Descartes, fue dicha a la tercera cita con su novia Rosacruz: “retaco luego exijo.” Y se queda uno frío al descubrir que el saludo al emperador: “ave imperator moriturus te salutant” la sacó don Julio de una de sus correrías por la Hélade, de un himno a la diosa del amor y solo le cambio “agujerus.” por “imperator.” 

El Nazareno le dijo a la mujer: “Nolli me tangere” porque sabía que a su sólo contacto iba a mandar al carajo la redención. 

Nietzche tuvo una visión la primer vez que se llevó a una mujer a la cama y aunque haya recortado la frase más tarde, la original decía: “después de esto dios no existe” nada raro fuera que el “proletarios de todos los países uníos” de Marx y el “dios no juega a los dados” de Einstein tengan de alguna manera que ver con el vaginocentrismo. 

Por contraposición a la apostasía de Francis se encuentra el principio de Bravo que dice: “hay que pedir sexo a todas las chicas que conozcas” según las estadísticas, este principio técnico tiene una efectividad del 2.5% al 3.0%, pero según sus usuarios con ese porcentaje semanal es más que suficiente; el principio bravo se basa en un antiquísimo proverbio japonés que dice: “el agua lompe la loca no pol la fuelza sino pol su insistencia.” 

El artículo de fe de Loone dice: “no hay mujer que no lo dé sino hombre que no lo sabe pedir.” 

La tercera regla de Corvick reza: “tres mujeres son mejor que una” y de aquí se deducen las otras dos reglas. 

El inciso tres del código k-ete dice: “sólo sexo, ocio y locura” llamado también la ley de identidad. 

“No hay mujer que no lo dé, lo preste, lo cambie, lo alquile o lo regale” dice la tautología de Evans. 

“Si vas con mujeres no olvides el látigo” observación de la amiga de Zaratustra. 

“Todo por ella” dogma de fe de Loren. 

Señores he ahí la teoría del vaginocentrismo, totalmente desnuda ante ustedes; faltan muchos principios, teoremas y axiomas, que imagino, algún día vendrán a engrosar esta lista. No nos vamos sin antes expresar el interrogante de Jazz, que consiste en la siguiente pregunta: ¿por qué si es tan bueno el sexo las mujeres se hacen rogar tanto? Como interrogante que es, que se quede sin respuesta; y ahora si nos vamos, aunque veamos algunos incrédulos todavía, total a Galileo tampoco le creyeron y como él nos vamos mascullando “...y sin embargo se mueve.”

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