Sergio Palomino Palacio estaba hermoso después de haber pasado unas horas con el tanatopráctico de la funeraria "La Fe". Sufrió un ataque cardíaco mientras ejecutaba el acto sexual con una chica 20 años más joven que él. No es por decir que en el velorio requerido y oficiado, los cuchicheos aseguraban que "murió feliz" o que "qué dicha morir así". Aunque el promedio más alto juraban que Palomino iría directo al infierno por andar con esos arrebatos de lascivia a esa edad tan encumbrada. El velorio y el entierro no dejaron de ser esa patética muestra de hipocresía general donde unos van a dar pésames que no sienten y otros reciben pésames que no necesitan porque ya andaban hartos de las andadas de su padre, hermano y esposo respectivamente. Seamos sinceros, Palomino no fue una perita en dulce para ninguno de sus allegados. No faltaba que alguna que otra persona lo hubiera idealizado en entornos totalmente diferentes al familiar.
"Palomino Palacio Sergio Andrés" -rugió una voz celestial- "presentarse a juicio. Rige la audiencia su honorable majestad Sam Pedro Trinocreo. Los honorables miembros del jurado: los doce apóstoles elegidos al azar entre las listas de ciudadanos del cielo."
Tampoco hay mucho que contar sobre el juicio, pusieron una balanza, empezaron a cantarle la tabla y por cada pecado le agregaban una ficha al lado que decía "malo" y en letra menuda: "al infierno". En la otra decía "bueno" y en letra menuda "bienaventurado". Los pecados veniales se acumulaban y llevaban una ficha por cada 7 de ellos en el lado estipulado, pero se cancelaban con labores de niño explorador como pasar una abuelita la calle o responder con cortesía, así que no necesitó ni acumuló demasiadas monedas por esos conceptos. Los que si le traían de los pelos eran las veces que se había burlado de la ley, tanto la divina como la humana y su periplo de seguidor de las huestes del satanismo en las que tampoco creía, pero que le llamaban la atención por contradecir las normas cristianas. Problemas de adolescente decía y se defendía "y que más da que en mi juventud me haya gustado el metal". Se arrepintió y lloró y hasta se quejó de que le cargaban tirria. Todos sabemos que eso en el cielo no se vale, muerto el muerto, los arrepentimientos no pueden hacerse al momento de ser llamados a juicio. No sé porqué, pero así es la cosa. La balanza estaba en equilibrio forzoso y tiraba más a un lado que al otro y una tosesita bien dirigida, no me pregunten si hubo sobornos o fue el llanto de aquella alma en pena o que le rezó mucho al padre celestial o a la virgen María ¿que sé yo? el hecho es que como el aliento de los magos que mueve cigarrillos, este vaho celestial pegó en el plato "bueno" y se sostuvo allí como por obra divina y Palomino Palacio Sergio Andrés, pasó a ser parte de los ciudadanos del cielo.
No había alcanzado a descansar ni a felicitarse por haber burlado la justicia divina, cuando le llegó a la celda -obvio que en el cielo se tiene que dormir en alguna parte y son pequeñas celdas como las de los monasterios, un catre, una palangana para lavarse la cara y las manos y... No, los santos y los habitantes del cielo no dan del cuerpo, así que olvídense de tuberías de desagüe y de cosas tan humanas como el inodoro y el papel higiénico o los olores ofensivos sulfurosos, esos se quedan y pertenecen al infierno mismo- como les decía, estaba Palomino en su celda cuando le llegó correo celestial, nada de mails, los computadores que son la manzana del siglo XXI no son bien vistos en el cielo. Jobs andaba del lado del negrito Lucifer y ni que decir de todos esos fascinerosos de Silicon Valley. Leyó la carta, debía presentarse al punto en las instalaciones de los coros celestiales, pero el pobre Palomino era mas desentonado que un gato cuando le pisan la cola y no daba una nota buena ni cuando gemía. Allá se presentó y allá sufrió su salvación como alma en pena pues todos le miraban con rencor y desprecio por tener que repetir los salmos de la mañana y por tener que ensayar el doble en época de concierto. Más asustado y preocupado estaba con tanto rezongo y solfeo y la verdad se hartó de andar cantando coritos de alabanza y pidiendo por almas que desconocía y se le arrimó a Sam Pedro para solicitarle un cambio de puesto. Le dieron sin mucho reparo el puesto de querubín. No me vengan con cuentos de que la edad de Palomino no era adecuada para tal puesto, recuerden que en el cielo no hay edad y el alma es un sustrato que se acomoda a lo que le pidan. Apenas terminado su contrato con los coros celestiales Palomino se acurrucó a los pies del trono del salvador, porque ese hombre, perdón, ese espíritu no anduvo por allí mientras Sergio Palomino fue Querubín en pleno, su trabajo era bastante descorazonador, permanecer allí como adorno divino. Para más colmo, los querubines son algo así como los coristas del coro y repetían en canon las alabanzas de los primeros, por fortuna la letra era poca y los sordinos eran opacados por las potentes voces de los coristas primarios y al final el sólo hacía la voz en off -seguía la pista- como muchos artistas actuales. Se sentía un poco cansado por eso y hasta se llegó a imaginar como si fuera el muñeco de ventrílocuo que siempre había odiado. La labor no era de su agrado y además no estaba muy a gusto con la visión de un miembro viril encapuchado y sin desarrollar. También es cierto que su deseo sexual había desaparecido por completo o por lo menos no le molestaba, aunque no dejaba de pensar en esa chiquita con la que salía en la tierra. En fin, el puesto de querubín lo cambió por uno de serafín, con lo que no ganó en entusiasmo pero ganó en cultura porque los serafines tienen un rango más alto que los querubines y así, no teniendo nada más que hacer, se dedicó al bullying profesional en contra de los querubines que habitaban más abajo del trono por no encontrar que más hacer con tanto tiempo de ocio. Se anota que Sam Pedro no estuvo muy de acuerdo con el cambio, pero como se hizo dentro de las leyes: un serafín quería el puesto de querubín para acercársele más a una monita hermosa que ocupaba uno de esos puestos y que parecía un ángel -perdón por lo meloso pero yo sólo repito lo necesario para que esta historia tenga forma- como esa que aparece en esos cuadros viejos sobándose una piernita toda rolliza de niña buena. Pasó una temporada tratando de adaptarse al puesto y pensando cosas malas o mejor dicho, empezó a tener pensamientos lujuriosos, sin decirle a ninguno de sus amiguitos serafines, aunque no niega que mientras dormían al lado del trono celestial el aprovechaba y le metía mano a esos rinconcitos imberbes que los demás serafines tenían en sus entrepiernas. Claro que no le funcionaba el miembro de ninguna manera, así que, aunque el buscaba a las serafines hembra, le daba lo mismo cual nalga sobaba.
Encontrado alguna vez con las manos en la masa, o mejor dicho, atrapado in flagranti, o sea en el toqueteo, y acusado por algunos serafines de andársele pasando la mano, manifestó que el puesto le aburría y pidió ser trasladado a otra prefectura del cielo.
Sam Pedro le manifestó que no quedaban muchos puestos, pero que probara yendo a la escuela de ángel guardián y nuestro Sergio Andrés Palomino Palacio se enlistó en la escuela de ángel de la guarda.
La carrera duraba una eternidad porque en el cielo las universidades eran públicas y las filas y los exámenes de admisión eran un completo escándalo insalvable que nuestro héroe aceptó y atacó estoico, saltándose puestecitos con cohechos y promesas sin cumplir. En la universidad del cielo no anduvo mucho por clase porque eran unas jerigonzas inmamables y eternas sobre los peligros de volverse a la tierra a cuidar almas humanas. Poco tiempo después de iniciado, aunque estuvo a punto de ser expulsado por bajo rendimiento, logró graduarse como ángel guardián.
Su primer trabajo consistió en cuidar a un minusválido que andaba en silla de ruedas y al que dejó espichar de un carro en una descolgada de Santa Helena por andarle poniendo más cuidado al sieso de una campesina rubia que se las daba de alza pesas porque ese trasero no era normal. Al segundo protegido lo perdió, en el sentido de la palabra porque su cuerpo nunca apareció como el del hijo de Lindberg. El se encarnizó en una película que más bien era un video de Ramstein sobre el sexo femenino y el chico, aún púber, fue separado de su familia y nadie pidió rescate ni recompensa, ni supo quién, cómo o cuándo se lo llevaron. Antes de ser destituido por ineficaz, perdió a un apostador compulsivo que se atragantó con una pieza de juego mientras Palomino disfrutaba el show de las conejitas y mientras los crupiers tomaban un descanso; a un anciano que le habían prometido vivir hasta los ciento siete años lo dejó debajo de una escalera por asomarse a la chica en minifalda que escalaba indecisa sobre donde poner los pies y así perdió un total de 12 protegidos.
Destituido de ángel de la guarda volvió al cielo sin puesto pero empezó a preguntarse donde andaban las once mil vírgenes, a lo que recibió respuesta inmediata de parte de unos amigos que había hecho en la universidad y que al parecer pertenecían a bloques de guerrilla urbana. Las vírgenes se encontraban en una parte especial del cielo a donde sólo podían llegar los arcángeles y se trazó su siguiente meta: ser un arcángel a toda costa. No le fue fácil adquirir tal estatus administrativo, ya que los arcángeles son los más cercanos a dios y eso los hace privilegiados y escasos, pero por encima de todo, estaba el deseo.
Encontrado alguna vez con las manos en la masa, o mejor dicho, atrapado in flagranti, o sea en el toqueteo, y acusado por algunos serafines de andársele pasando la mano, manifestó que el puesto le aburría y pidió ser trasladado a otra prefectura del cielo.
Sam Pedro le manifestó que no quedaban muchos puestos, pero que probara yendo a la escuela de ángel guardián y nuestro Sergio Andrés Palomino Palacio se enlistó en la escuela de ángel de la guarda.
La carrera duraba una eternidad porque en el cielo las universidades eran públicas y las filas y los exámenes de admisión eran un completo escándalo insalvable que nuestro héroe aceptó y atacó estoico, saltándose puestecitos con cohechos y promesas sin cumplir. En la universidad del cielo no anduvo mucho por clase porque eran unas jerigonzas inmamables y eternas sobre los peligros de volverse a la tierra a cuidar almas humanas. Poco tiempo después de iniciado, aunque estuvo a punto de ser expulsado por bajo rendimiento, logró graduarse como ángel guardián.
Su primer trabajo consistió en cuidar a un minusválido que andaba en silla de ruedas y al que dejó espichar de un carro en una descolgada de Santa Helena por andarle poniendo más cuidado al sieso de una campesina rubia que se las daba de alza pesas porque ese trasero no era normal. Al segundo protegido lo perdió, en el sentido de la palabra porque su cuerpo nunca apareció como el del hijo de Lindberg. El se encarnizó en una película que más bien era un video de Ramstein sobre el sexo femenino y el chico, aún púber, fue separado de su familia y nadie pidió rescate ni recompensa, ni supo quién, cómo o cuándo se lo llevaron. Antes de ser destituido por ineficaz, perdió a un apostador compulsivo que se atragantó con una pieza de juego mientras Palomino disfrutaba el show de las conejitas y mientras los crupiers tomaban un descanso; a un anciano que le habían prometido vivir hasta los ciento siete años lo dejó debajo de una escalera por asomarse a la chica en minifalda que escalaba indecisa sobre donde poner los pies y así perdió un total de 12 protegidos.
Destituido de ángel de la guarda volvió al cielo sin puesto pero empezó a preguntarse donde andaban las once mil vírgenes, a lo que recibió respuesta inmediata de parte de unos amigos que había hecho en la universidad y que al parecer pertenecían a bloques de guerrilla urbana. Las vírgenes se encontraban en una parte especial del cielo a donde sólo podían llegar los arcángeles y se trazó su siguiente meta: ser un arcángel a toda costa. No le fue fácil adquirir tal estatus administrativo, ya que los arcángeles son los más cercanos a dios y eso los hace privilegiados y escasos, pero por encima de todo, estaba el deseo.
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