Día primero: (viernes 20 de marzo) Debido a un coronavirus, el gobierno departamental ha decretado un encierro de tres días, partiendo desde el viernes a las 7:00 pm hasta el martes a las 3:00 am. Tiro sin novedad después de que nuestro mandatario le ordenará a la ministra del interior que saliera a decirle a todo el mundo que el único que podía decretar era él. No sólo se hizo el ridículo porque la mayoría no le copió y hasta de imbécil lo trataron, sino que juraron que la peste era por su culpa y su ineptitud. Se les olvidó lo bueno que fue en la campaña y la cantidad de dinero que hace ayudando a sus "amigos" de aerolíneas y de las empresas dueñas del país. Pero sin duda fue el precursor de enviar por los colombianos atrapados en Wuhan y el autor de dejar las fronteras abiertas hasta nuevo aviso. Es más, fue el que esperó hasta que algunos alcalduchos se paniquearon y decretaron ley seca, toque de queda y encierro solidario.
Día segundo: (sábado 21 de marzo) Por sobrados motivos, decido no quedarme en la ciudad y muero de rabia el pensar que así juegan con nosotros los mandatarios, me desconecto de redes, celulares y modelos de información, tengo una radio pero no sintoniza emisoras de noticias: una de extremistas religiosos que han empezado a rezar para ver qué dios se apiada de sus plegarias, una de esa estúpida música juvenil o varias, no he podido contar cuantas y la emisora U de A, donde el imbécil mayor dice: ¿qué haremos con los enfermos de oncología que tienen cáncer? Y luego se despide del canal de la ciencia con un "si dios quiere" que odio a más no poder. Apago la radio. Mis vecinos más cercanos no me hablan mucho a menos que necesiten un favor, herramientas o algo de conocimiento práctico.
Día tercero: (domingo 22 de marzo) Fui a Las Mercedes por provisiones, está a unos cinco kilómetros de mi posición tomando al norte. Allí me enteré que hay nuevos decretos que cancelan y avalan el primero y se sintonizan con el primero y con la desinformación general. El gobierno central decreta una cuarentena de 15 días. Darán el martes para aprovisionarse y luego plum, a encontrarse con uno mismo en la soledad de cada casa y habitación. Supongo que no somos dueños de nosotros mismos. Quien manda ordena atrincherarse, decreta encierro, auto secuestro… vigilia. En todo el país se siente el pánico propagado por la ignorancia y los medios: escucho a uno que dice que van 12000 muertos y a otro que recuerda una de mis frases ¿le avisamos cuando vaya un millón? Mil millones, le corrijo. Allí cerca alguien pone en altavoz un mensaje de whatsapp donde una señora habla de muertos y de ataúdes y de cuidarse y de desesperación… me voy sin escuchar el resto, sólo veo miedo y desconfianza en todos. Toda la semana escuché eso de lavarse las manos, toser en una servilleta o en la fosa cubital —pocos entienden a menos que les digan que estornude en el hueco del codo— usar desinfectante en gel y mantenerse alejado del vecino. Yo sé de higiene y mantenerme alejado del prójimo es mi ideal desde siempre tanto anímica como física e intelectualmente.
Día cuarto: (lunes 23 de marzo) Se decreta que nadie sale el martes y se cobran por errores 980.000 pesos colombianos de multa que irán a parar a las arcas de un avivato. No comprendo yo que harán las prostitutas —no es eufemismo— los vendedores de "Bonice", chococonos, paletas, jugos, los que atienden chazas de cigarrillos y en general los trabajadores informales que ascienden a un delicado 45%. ¿Yo? Con tres paquetes de espaguetis, media libra de mantequilla, licor y cigarrillos podré vivir sin necesidad del mundo. No tengo electricidad, ni redes sociales, ni datos, ni minutos. No me preocupa demasiado la humanidad, seguramente en quince días seguirán allí. El decreto abarca montones de imprecisiones sobre quién puede salir y quien no. Si está enfermo sale con un acompañante, salen los de la salud y los del transporte que deben llevar a la primeros, se garantiza el abastecimiento, así que quienes fabrican, llevan y empacan comida deben salir, se cierran las autopistas. I60 está muerta, fui hasta allí para cerciorarme de los poderes del gobierno. Me aclaro, no puedo salir de mi casa. Soy nadie por decreto y no soy dueño de mi vida por presunción ajena. ¡Qué maldita rabia!
Día quinto: (martes 24 de marzo) Tengo velas para tres días más y deberé conseguir algo de detergente, mi ropa huele a viejo y a jabón de losa. Lo primero puede ser normal, Huele a encierro y a mojado. Por las mañanas abro la puerta y no deja de pasar algún desocupado que me cuenta buenas nuevas o me dice que ponga el televisor en "Teleantioquia" que ahí dicen todo. Más mentiras sobre la situación real, más sobre los poderosos hombres que gobiernan y más improvisación y muestras de ignorancia. Desde un principio sabíase que el virus se desarrolló en Wuhan China y harto sabía la ciencia sobre zoonosis y había advertido sobre lo que podría ocurrir. Un virus muta en un animal y luego pasa al humano que, indefenso frente a la mutación, debe enfrentarlo con sus defensas o morir o esperar a que la ciencia le encuentre vacuna. Realmente es un virus de gripe, una nueva gripe que provoca deficiencia respiratoria como el SARS o el MERS, pero si hay buenas defensas, esmerada atención y muchas camas y ventiladores, no hay tanto problema. Ese es el caso, un país cuyo sistema de atención hospitalario está colapsado, no podrá atender la emergencia y nuestros poderosos mandatarios la vieron clara. Auto secuestro antes de que cunda la muerte y luego seremos héroes por salvar muchas vidas. Póngale cuidado que después de esto van a repartir medallas de honor, nominaciones a premios de paz, menciones honoríficas y reconocimientos públicos de "héroes" que sólo se lavaban las manos como Pilatos.
Día sexto: (miércoles 25 de marzo) Debí volver a la ciudad. El campo no es agreste y hay mucho que hacer todo el día, pero el desabastecimiento y la usura es el pan de cada día. Los tomates, el maracuyá y la piña duplicaron su precio. En la ciudad tampoco es pan dulce. Los avivatos tratan de especular con el miedo. Muchos andan como en un mundo muerto con respiradores de filtro de pintura, tapabocas, medias y hasta servilletas. Me apertreché de algunas cosas y volví a la trinchera a esperar nuevas buenas o malas. Lo más cruel que pueda pasar es que el virus nos alcance y estar sometidos a padecer una gripe. Confío pleno en mi sistema inmune y en algunas pocas cosas que cargo para estar a gusto conmigo mismo. Me falta algo de lectura, parece que tendré que recurrir al modelo de lectura virtual. Las bibliotecas han cerrado. Releeré a Harari y algo sobre la mente humana y otros pocos textos que me acompañan. Sobre el estado o sus réplicas no he querido siquiera echarle un ojo a las lecturas. Camilo me informa que, de una manera curiosa, en muchas cárceles del país trataron de fugarse al mismo tiempo. No es raro si no lo han transmitido, los medios saben que si no hablan del coronavirus serán irremisiblemente cambiados de canal y que por el momento nada es más importante. Una fuga de presos no vale la pena, sólo aumentarán la incertidumbre. Imagino que más de uno quisiera estar tan seguro como en una cárcel.
Día séptimo: (jueves 26 de marzo) No hay quejas, las calles están vacías a no ser por unas cuantas caras comunes al centro, en los barrios la gente sale sin precaución aunque los casos, según las noticias, se han elevado. El pico trascendental de la campana gaussiana aún no se presiente y el problema apunta a que el tal enclaustramiento se alargue. Malos cálculos provocan indecisión y agonía. Para poder prever, se requiere mucha información y a veces la misma no basta para no equivocarse en las decisiones. De todas maneras arrancamos mal y seguimos mal. Las promesas gubernamentales no sirven de nada y el desabastecimiento ya se presiente, aunque no estemos sino empezando el aislamiento. Algunos pueden moverse por la ciudad gracias a un papel de excepción o por estar en una base de datos. Aspiro conseguir uno de esos. Necesito moverme, el enclaustramiento me desespera. Recuerdo "Sexta galería" de Martín Vigil. Los chicos al oscuro, consumiendo agua cada dos horas y por turnos y sin saber si podrán salir de allí. Me siento igual, aunque tengo comida, y agua, sé que nadie va a rescatarme del aburrimiento.
Día octavo: (viernes 27 de marzo) Tendré que moverme por la ciudad, veré como resulta, necesito conseguir unas baterías para el glucómetro de mi padre, dudo poder hacerlo, pero lo mínimo es intentarlo. No tendré nada nuevo que contar hasta que no haga la misión de salir para ver que tan candente es la calle y que tan reacios están los agentes del orden que pretenden imponer comparendos y encierros gratis. Supe de algunos alcaldes que pusieron a hacer planas de "No debo salir en tiempo de aislamiento" y supe de otros que deben pagar millonarias cifras o permanecer en cárcel hasta por ocho años. No tienen en donde retener a los que llaman criminales y ya quieren encerrar a los libres que se niegan a ser encerrados. He vuelto, las calles son hervidero de lo prometido, la gente sin hogar o que vive en la calle por alguna razón, las cercanías de la plaza hierven, pasan buses, el metro, taxis. No traté de subir a ninguno pero me dicen que exigen un documento para poder viajar, un salvoconducto como en los tiempos de Hitler necesitaran los judíos. No hay suministros eléctricos, caminé hasta la cascada y de nuevo por detrás del SENA hasta la plaza. Las personas de la calle se quedan mirándote, te saludan y luego te cuentan como es que no hay nadie en la calle para darles algo y te piden monedas o comida.
Día noveno: (sábado 28 de marzo) Salí de nuevo en moto, para probar ciertas eficacias policivas, nadie me detuvo, llegue al súper, compré y volví a salir. Sigo viendo bastante gente en la calle como para pensar que hay confinamiento. No he visto ni oído noticias, pero la poca gente que pude escuchar teme por el aumento de casos, el aumento de muertos. Donde Don Raúl escuché que iban dos muertos en El Cauca. El terrorismo gana espacio en las mentes y cada vez los veo más necesitados de tapabocas y geles. Al entrar me hicieron lavar con alcohol. Al salir había una masa hirviente de necesitados pidiendo su parte, bajo los puentes sigue atestado de gente de la calle y las dos cuadras que cubren las chatarrerías de La Paz, están de fiesta. Atravesé por un atajo y vi que habían roto muros de terrenos baldíos, pude ver adentro toda una comunidad, más diría un hospital: alguien en silla de ruedas, unos plásticos levantados para detener la lluvia, bastones de palos de escoba, camas improvisadas, una olla hirviendo en un rincón sobre una fogata... La fiesta apenas va a comenzar.
Día décimo: (domingo 29 de marzo) Escuché de algunos alborotos, nada concluyente. En un video enviado, se ve unos tipos arrojando piedras a una tienda de cadena y supuestamente entrando y vandalizando, vi otro donde un robapantallas explica que el virus se transmite por aerosoles. Nada nuevo, lo que llaman infodemia, un exceso de acceso a información sin verificar, sin dolientes y, probablemente, producto de la misma desinformación. Nuestro valle de lágrimas es ahora un valle de noticias falsas: reclame gigas gratis en la siguiente dirección; donaciones de mercados si visita la siguiente dirección; subsidio del gobierno si pone sus datos en el enlace... el kiwi es el antídoto... matar murciélagos... un sahumerio... una cadena de oración. No es infodemia es paninfodemia.
Día décimo primero: (lunes 30 de marzo) ¿Que ocurrirá con el que se le dañe la nevera, el celular, el fogón o el televisor en estos días? ¿El que tenga un corto en la electricidad? Alguno puede decirme que, de malas, pero las posibilidades existentes son reales y de seguro que ocurrirán. Pongamos sólo la parrilla y el celular que son necesidades básicas en estos tiempos, por más que tenga permiso de salir a buscar uno, al no ser alimentos no los va a encontrar ni a palos. Es más ¿Donde están los hujuemil colombianos que trabajan en tiendas de celulares, vidrios templados, cables y carcasas? había carretadas de ellos. ¿Qué andan haciendo en la cuarentena?
Día decimosegundo: (martes 31 de marzo) Me dediqué conscientemente a la corrección de un libro, no sentí el día, sólo el cansancio de pasar doce horas transcribiendo, corrigiendo, poniendo notas y organizando, no tuve tiempo de más, descansé el resto de la jornada.
Día decimotercero: (miércoles 1 de abril) Ya se oyen clamores y gritos, tal vez más desinformación, en cuanto a la continuación de la cuarentena hasta junio, por un año o año y medio. Puede ser falso, la economía ya está en sus límites y, muertos o no, debe activarse. Es probable que pocos quieran arriesgarse al virus, con la desinformación que existe, pero también es probable que la presa en la garganta que sienten algunos sea un incentivo para tratar de retomar el curso normal de las actividades.
Día decimocuarto: (jueves 2 de abril) A partir de hoy se aplica un concepto algo infernal llamado "pico y cédula" donde se restringen las salidas a unos números por día para aprovisionamiento, exámenes médicos y compra de drogas. Somos simples números y dinero para los gobernantes. Ya había pronosticado cosas como estas: "Su chaleco señor para poder respirar" o "su casco de alcohólico" ahora es su cédula si quiere comprar provisiones o medicamentos y no es que te los regalen, es que debes ganar para comprarlos y esperar el derecho de hacerlo. La situación se pone más crítica para quienes padecen enfermedades o están solos en casa o ambas. ¿Qué cédula le funcionará a los dos viejos de la esquina? ¿y quién es indocumentado? y ¿que hay si ha perdido documentos? multa de 932.000 pesos, dizque para darle tapabocas y batas a los héroes del momento.
Día decimoquinto: (viernes 3 de abril) Hoy si que los vi muertos del miedo. A la entrada de los almacenes obligan a hacer filas con cubrebocas y a dos metros de distancia, no dejan entrar sino de a 6 ó 10 personas, igual argumento usan en la plaza de mercado y tienen policía para enfrentar a los "malos" al entrar te tratan como a animales en matadero y te asperjan con una bomba de espalda que debe tener algún matabichos, todos somos portadores posibles y no falta quien "baila" ante el aspersor para quedar bien impregnado. Yo, como siempre, indignado. La emisora de la plaza transmitió el boletín policial sobre el "pico y cédula" y se hizo perifoneo durante la noche. Deberé salir para poder continuar con mi relato. Lo que puedo ver, a grandes rasgos, porque soy incapaz de detenerme demasiado tiempo en las alocuciones presidenciales desde la sala de despacho con todos sus ministros, es que diariamente se comprueba la inutilidad de los mandatarios y lo falsos que son. Existe una especulación patente: una canasta de huevos, que escasea, vale un 50% más y las frutas padecen hasta de un 100%. Hay desabastecimiento en los supermercados y eso es, para quienes tienen dinero para comprar, no quiero ni imaginar los miles que están, aparte de desechos por la espera de la muerte por el virus, hambrientos y sin saber que hacer con el sistema que les oprime: electricidad, gas, minutos, arriendo, datos...
Día decimosexto: (sábado 4 de abril) Las cosas se han puesto color de hormiga. No hay manera de viajar entre condominios porque no dejan pasar visitas en los apartamentos y quien sale es obligado a usar tapabocas y a conservar distancia entre otros individuos de la especie. Le reclaman la cédula y si no coincide con los días le imparten el comparendo. Quienes tienen un certificado de salida los siguen por GPS como a los trabajadores de EPM. Los que tienen un papel firmado por una empresa arriesgan su puesto y hasta cárcel si el documento es falso. ¡Estamos en cuarentena! secuestrados en nuestras casas, el fin no está claro y no saben que devenga en más encierro y en pérdidas económicas inmensas, quiebra de pequeños comerciantes, colapso de las importaciones. Al momento no hay donde comprar un par de zapatos o unos interiores. Los almacenes de ropa, inmuebles, arriendos, bisutería, prestamistas, centros comerciales, talleres de reparación, ventas de repuestos, depósitos y demás están en paro obligatorio. La economía resurgirá, pero ¿hasta cuando el pueblo soportará la ignominia de estar encerrados sin las garantías mínimas?
PS: Los bancos no cerraron y siguen a la espera de los deudores morosos.
Día decimoséptimo: (domingo 5 de abril) El encierro se ha hecho sin mucho afán y al parecer hemos logrado sobrevivir, aunque a una semana de su fin, se habla de aislamientos inteligentes y acordeones para seguir en esta impudencia que te considera enemigo si sales a la calle o si eres trabajador de la salud y donde ojos desconfiados te miran desde detrás de una mascarilla médica si toses, estornudas o te vas tragando los mocos con algo de ruido. Ya tenemos claro que las escuelas, colegios y universidades seguirán la ruta del tele estudio y todo aquel que pueda trabajar desde la casa deberá seguirlo haciendo y que las imposiciones de toque de queda y autosecuestro continúan para los mayores de 70 años y para los adolescentes, pero habrá que esperar los sagrados designios del gobernante y salvador, como ya lo apodan algunos turiferarios.
Día decimoctavo: (lunes 6 de abril) No dudo que muchos establecimientos seguirán cerrados y se extremarán los cuidados de cubrebocas, desinfectantes y distancias. Siguen cerrados los moteles, discotecas y bailaderos, prohibidas las reuniones de más de 50 personas y habrá toques de queda parciales, ley seca extendida y los pequeños corrillos de más de tres personas serán disueltos para que se respete la regla del metro de distancia. No dudo que el control social es una maravilla y que los resultados al final de esta semana serán alentadores: Cero muertos por violencia durante la cuarentena, cero lideres sociales asesinados, cero muertos por vendetta y las carreteras reportan la cifra más baja de todas las épocas en accidentes y muertos por accidentes de tránsito. Los seguros de SOAT y técnico mecánico brincan en una pata porque no hay devolución ni cubrimientos innecesarios de piernas rotas y operaciones. !Hurra¡ !bravo¡ se limpio el cielo y el río Medellín, desde ahora la vida será fácil, grita la gente.
Día decimonoveno: (martes 7 de abril) la prisión es prisión en cuanto debes obedecer a quienes están a cargo y es estricto el control y las medidas, los horarios: Baño a las 5:30 con agua helada y en combo, desayuno en el bongo esperando que alcance para todos, conteos cada 4 horas, dos horas de patio si hay buen comportamiento, almuerzo en el bongo si no hay mal comportamiento, celda, encierro, gritos, comida en el bongo si puedes con las sobras del almuerzo... A partir de hoy anuncian dos semanas más de cárcel ¿Quién puede estar feliz? Supongo que los temerosos, las aves acostumbradas a sus 35 centímetros cúbicos de vuelo, los peces de acuario y los perros de patio de 3 por 3.
Día decimoctavo: (miércoles 8 de abril) Todo es cierto, las calles siguen atestadas, todos tienen una o dos cédulas ─el mismo truco que emplee yo─ y suplican les atiendan o juran que van a conseguir medicina específica. No es cierto que la droga esté desabastecida, me ofrecieron en varias esquinas "cripa, ruedas, azules, moño". Lo que es falso es que las entidades bancarias estén trabajando. Di una amplia vuelta por la ciudad y apenas si los cajeros automáticos y eso, unos pocos. Dentro de la plaza funciona uno para consignar y uno para retirar. Villanueva cerrado, Camino Real cerrado, El Paso cerrado, Veracruz cerrado... hay atención bancaria con las restricciones de la cédula y desde lejos y sin entrar. Se reciben pagos, no se paga nada. La ley de la fila a un metro y medio de distancia es inapelable, pasa la ley ─sentados uno tras de otro en sus motos─ tocando sirena y exigiendo distancia y tapaboca. Existe fila para mercar, consignar, pagar, salir de casa, comprar minutos, pagar en cajas, retirar sueldos, ingresar a urgencias... la ley de la fila y del tiempo.
Día decimonoveno: (jueves 9 de abril) Suelo enterarme de las cosas por observación y rigidez pero puedo ver lo que la gente teme a los uniformados del área de la salud, a los vestidos de enfermeros, con cofia, con ropa de poliéster y algodón, así sean de barbero o teñidora de cabello profesional, causan un impacto tremendo en la gente. Si ya saben eso, deberían tratar de no salir con el fonendoscopio al pecho y el logo de la EPS en la charretera. Están pasando de ser héroes a mártires.
Día vigésimo: (viernes 10 de abril) La semana santa se celebra en casa, el papa desde su mansión y cada pobre desde su chabola. Muchos gritan apasionados que les dejen ver sus ídolos en las calles y que duren más las procesiones para tener tiempo de decirles sus cuitas y pedirles lo mismo de siempre: salud, dinero, pan, para ellos y los demás... el perdón de los pecados. Hoy no se aplana la curva y el único que irá al cadalso no es Jesuscristo, le acompañarán un 2% de los infectados, irremediablemente. Ante estas eventualidades ningún dios se ha adjudicado el castigo, aunque no faltan los creyentes que buscan promesas de pestes en las escrituras, yo me quedo igual: predecir guerra, hambre, caos, muerte... eso no es ser adivino.
Día vigesimoprimero: (sábado 11 de abril) No he visto tanta contrición como esperaba, supuse que algunos idealistas del fin del mundo se suicidarían en masa y que toda una comunidad creyente no se quedaría en casa en su semana mayor y harían las 20 estaciones, la misa de gallo y las procesiones correspondientes a sus santos y apóstoles como a la comitiva del santo sepulcro. Equivocado, el dios de los cristianos no pudo conmemorar por lo alto su cuaresma y sus feligreses le han traicionado desde la fe, ninguno ha tenido el más grano miserable de mostaza de ella, prefieren conservar la vida de pecadores encerrados y con las manos limpias, muertos de miedo pero vivos.
Día vigesimosegundo: (domingo 12 de abril) El encierro termina mañana, no hay misa de resurrección, los Lázaros continúan muertos y más muertos que nunca. Hay tantos que ya se habla de entierros tipo gubernamental: en fosa común. El derecho da pie para ver una que otra noticia y no falta un genio asesor del gobierno que concluye genialmente que "se acerca una coyuntura económica" su título debe ser de Harvar o de Oxford. Tristemente hoy, recibo la noticia calamitosa de que este diario deberá extenderse por 15 días más. Vomitaré un rato, no porque me haga falta la gente, no, nunca. Me aterra el encierro.
Día cuadragésimosegundo: Nada ha cambiado, las calles siguen en desescalada desde hace una semana. Se ven más vehículos y más gente. No he visto gran desabastecimiento, pero te piden pagar con tarjeta porque está prohibido usar billetes. Los tenderos y administradores están atentos a negarte atención si no usas barbijo y no tienes una tarjeta con dinero plástico. A una semana de cumplirse el nuevo plazo, no hay dudas que cambiará el nombre del encierro, pero las condiciones seguirán iguales: mercado por días, género o placa; prohibición de venta o consumo de licor; ningún evento de concierto, reunión, misa, protesta o cacerolazo; cierre táctico de autopistas prohibiendo la movilidad a los mismos que hasta hoy están sufriendo de casa por cárcel, toque de queda. Paranoia en las entradas de los pueblos con los visitantes y atropellos generales contra la población que trate de contravenir las normas.
Día octavo: (viernes 27 de marzo) Tendré que moverme por la ciudad, veré como resulta, necesito conseguir unas baterías para el glucómetro de mi padre, dudo poder hacerlo, pero lo mínimo es intentarlo. No tendré nada nuevo que contar hasta que no haga la misión de salir para ver que tan candente es la calle y que tan reacios están los agentes del orden que pretenden imponer comparendos y encierros gratis. Supe de algunos alcaldes que pusieron a hacer planas de "No debo salir en tiempo de aislamiento" y supe de otros que deben pagar millonarias cifras o permanecer en cárcel hasta por ocho años. No tienen en donde retener a los que llaman criminales y ya quieren encerrar a los libres que se niegan a ser encerrados. He vuelto, las calles son hervidero de lo prometido, la gente sin hogar o que vive en la calle por alguna razón, las cercanías de la plaza hierven, pasan buses, el metro, taxis. No traté de subir a ninguno pero me dicen que exigen un documento para poder viajar, un salvoconducto como en los tiempos de Hitler necesitaran los judíos. No hay suministros eléctricos, caminé hasta la cascada y de nuevo por detrás del SENA hasta la plaza. Las personas de la calle se quedan mirándote, te saludan y luego te cuentan como es que no hay nadie en la calle para darles algo y te piden monedas o comida.
Día noveno: (sábado 28 de marzo) Salí de nuevo en moto, para probar ciertas eficacias policivas, nadie me detuvo, llegue al súper, compré y volví a salir. Sigo viendo bastante gente en la calle como para pensar que hay confinamiento. No he visto ni oído noticias, pero la poca gente que pude escuchar teme por el aumento de casos, el aumento de muertos. Donde Don Raúl escuché que iban dos muertos en El Cauca. El terrorismo gana espacio en las mentes y cada vez los veo más necesitados de tapabocas y geles. Al entrar me hicieron lavar con alcohol. Al salir había una masa hirviente de necesitados pidiendo su parte, bajo los puentes sigue atestado de gente de la calle y las dos cuadras que cubren las chatarrerías de La Paz, están de fiesta. Atravesé por un atajo y vi que habían roto muros de terrenos baldíos, pude ver adentro toda una comunidad, más diría un hospital: alguien en silla de ruedas, unos plásticos levantados para detener la lluvia, bastones de palos de escoba, camas improvisadas, una olla hirviendo en un rincón sobre una fogata... La fiesta apenas va a comenzar.
Día décimo: (domingo 29 de marzo) Escuché de algunos alborotos, nada concluyente. En un video enviado, se ve unos tipos arrojando piedras a una tienda de cadena y supuestamente entrando y vandalizando, vi otro donde un robapantallas explica que el virus se transmite por aerosoles. Nada nuevo, lo que llaman infodemia, un exceso de acceso a información sin verificar, sin dolientes y, probablemente, producto de la misma desinformación. Nuestro valle de lágrimas es ahora un valle de noticias falsas: reclame gigas gratis en la siguiente dirección; donaciones de mercados si visita la siguiente dirección; subsidio del gobierno si pone sus datos en el enlace... el kiwi es el antídoto... matar murciélagos... un sahumerio... una cadena de oración. No es infodemia es paninfodemia.
Día décimo primero: (lunes 30 de marzo) ¿Que ocurrirá con el que se le dañe la nevera, el celular, el fogón o el televisor en estos días? ¿El que tenga un corto en la electricidad? Alguno puede decirme que, de malas, pero las posibilidades existentes son reales y de seguro que ocurrirán. Pongamos sólo la parrilla y el celular que son necesidades básicas en estos tiempos, por más que tenga permiso de salir a buscar uno, al no ser alimentos no los va a encontrar ni a palos. Es más ¿Donde están los hujuemil colombianos que trabajan en tiendas de celulares, vidrios templados, cables y carcasas? había carretadas de ellos. ¿Qué andan haciendo en la cuarentena?
Día decimosegundo: (martes 31 de marzo) Me dediqué conscientemente a la corrección de un libro, no sentí el día, sólo el cansancio de pasar doce horas transcribiendo, corrigiendo, poniendo notas y organizando, no tuve tiempo de más, descansé el resto de la jornada.
Día decimotercero: (miércoles 1 de abril) Ya se oyen clamores y gritos, tal vez más desinformación, en cuanto a la continuación de la cuarentena hasta junio, por un año o año y medio. Puede ser falso, la economía ya está en sus límites y, muertos o no, debe activarse. Es probable que pocos quieran arriesgarse al virus, con la desinformación que existe, pero también es probable que la presa en la garganta que sienten algunos sea un incentivo para tratar de retomar el curso normal de las actividades.
Día decimocuarto: (jueves 2 de abril) A partir de hoy se aplica un concepto algo infernal llamado "pico y cédula" donde se restringen las salidas a unos números por día para aprovisionamiento, exámenes médicos y compra de drogas. Somos simples números y dinero para los gobernantes. Ya había pronosticado cosas como estas: "Su chaleco señor para poder respirar" o "su casco de alcohólico" ahora es su cédula si quiere comprar provisiones o medicamentos y no es que te los regalen, es que debes ganar para comprarlos y esperar el derecho de hacerlo. La situación se pone más crítica para quienes padecen enfermedades o están solos en casa o ambas. ¿Qué cédula le funcionará a los dos viejos de la esquina? ¿y quién es indocumentado? y ¿que hay si ha perdido documentos? multa de 932.000 pesos, dizque para darle tapabocas y batas a los héroes del momento.
Día decimoquinto: (viernes 3 de abril) Hoy si que los vi muertos del miedo. A la entrada de los almacenes obligan a hacer filas con cubrebocas y a dos metros de distancia, no dejan entrar sino de a 6 ó 10 personas, igual argumento usan en la plaza de mercado y tienen policía para enfrentar a los "malos" al entrar te tratan como a animales en matadero y te asperjan con una bomba de espalda que debe tener algún matabichos, todos somos portadores posibles y no falta quien "baila" ante el aspersor para quedar bien impregnado. Yo, como siempre, indignado. La emisora de la plaza transmitió el boletín policial sobre el "pico y cédula" y se hizo perifoneo durante la noche. Deberé salir para poder continuar con mi relato. Lo que puedo ver, a grandes rasgos, porque soy incapaz de detenerme demasiado tiempo en las alocuciones presidenciales desde la sala de despacho con todos sus ministros, es que diariamente se comprueba la inutilidad de los mandatarios y lo falsos que son. Existe una especulación patente: una canasta de huevos, que escasea, vale un 50% más y las frutas padecen hasta de un 100%. Hay desabastecimiento en los supermercados y eso es, para quienes tienen dinero para comprar, no quiero ni imaginar los miles que están, aparte de desechos por la espera de la muerte por el virus, hambrientos y sin saber que hacer con el sistema que les oprime: electricidad, gas, minutos, arriendo, datos...
Día decimosexto: (sábado 4 de abril) Las cosas se han puesto color de hormiga. No hay manera de viajar entre condominios porque no dejan pasar visitas en los apartamentos y quien sale es obligado a usar tapabocas y a conservar distancia entre otros individuos de la especie. Le reclaman la cédula y si no coincide con los días le imparten el comparendo. Quienes tienen un certificado de salida los siguen por GPS como a los trabajadores de EPM. Los que tienen un papel firmado por una empresa arriesgan su puesto y hasta cárcel si el documento es falso. ¡Estamos en cuarentena! secuestrados en nuestras casas, el fin no está claro y no saben que devenga en más encierro y en pérdidas económicas inmensas, quiebra de pequeños comerciantes, colapso de las importaciones. Al momento no hay donde comprar un par de zapatos o unos interiores. Los almacenes de ropa, inmuebles, arriendos, bisutería, prestamistas, centros comerciales, talleres de reparación, ventas de repuestos, depósitos y demás están en paro obligatorio. La economía resurgirá, pero ¿hasta cuando el pueblo soportará la ignominia de estar encerrados sin las garantías mínimas?
PS: Los bancos no cerraron y siguen a la espera de los deudores morosos.
Día decimoséptimo: (domingo 5 de abril) El encierro se ha hecho sin mucho afán y al parecer hemos logrado sobrevivir, aunque a una semana de su fin, se habla de aislamientos inteligentes y acordeones para seguir en esta impudencia que te considera enemigo si sales a la calle o si eres trabajador de la salud y donde ojos desconfiados te miran desde detrás de una mascarilla médica si toses, estornudas o te vas tragando los mocos con algo de ruido. Ya tenemos claro que las escuelas, colegios y universidades seguirán la ruta del tele estudio y todo aquel que pueda trabajar desde la casa deberá seguirlo haciendo y que las imposiciones de toque de queda y autosecuestro continúan para los mayores de 70 años y para los adolescentes, pero habrá que esperar los sagrados designios del gobernante y salvador, como ya lo apodan algunos turiferarios.
Día decimoctavo: (lunes 6 de abril) No dudo que muchos establecimientos seguirán cerrados y se extremarán los cuidados de cubrebocas, desinfectantes y distancias. Siguen cerrados los moteles, discotecas y bailaderos, prohibidas las reuniones de más de 50 personas y habrá toques de queda parciales, ley seca extendida y los pequeños corrillos de más de tres personas serán disueltos para que se respete la regla del metro de distancia. No dudo que el control social es una maravilla y que los resultados al final de esta semana serán alentadores: Cero muertos por violencia durante la cuarentena, cero lideres sociales asesinados, cero muertos por vendetta y las carreteras reportan la cifra más baja de todas las épocas en accidentes y muertos por accidentes de tránsito. Los seguros de SOAT y técnico mecánico brincan en una pata porque no hay devolución ni cubrimientos innecesarios de piernas rotas y operaciones. !Hurra¡ !bravo¡ se limpio el cielo y el río Medellín, desde ahora la vida será fácil, grita la gente.
Día decimonoveno: (martes 7 de abril) la prisión es prisión en cuanto debes obedecer a quienes están a cargo y es estricto el control y las medidas, los horarios: Baño a las 5:30 con agua helada y en combo, desayuno en el bongo esperando que alcance para todos, conteos cada 4 horas, dos horas de patio si hay buen comportamiento, almuerzo en el bongo si no hay mal comportamiento, celda, encierro, gritos, comida en el bongo si puedes con las sobras del almuerzo... A partir de hoy anuncian dos semanas más de cárcel ¿Quién puede estar feliz? Supongo que los temerosos, las aves acostumbradas a sus 35 centímetros cúbicos de vuelo, los peces de acuario y los perros de patio de 3 por 3.
Día decimoctavo: (miércoles 8 de abril) Todo es cierto, las calles siguen atestadas, todos tienen una o dos cédulas ─el mismo truco que emplee yo─ y suplican les atiendan o juran que van a conseguir medicina específica. No es cierto que la droga esté desabastecida, me ofrecieron en varias esquinas "cripa, ruedas, azules, moño". Lo que es falso es que las entidades bancarias estén trabajando. Di una amplia vuelta por la ciudad y apenas si los cajeros automáticos y eso, unos pocos. Dentro de la plaza funciona uno para consignar y uno para retirar. Villanueva cerrado, Camino Real cerrado, El Paso cerrado, Veracruz cerrado... hay atención bancaria con las restricciones de la cédula y desde lejos y sin entrar. Se reciben pagos, no se paga nada. La ley de la fila a un metro y medio de distancia es inapelable, pasa la ley ─sentados uno tras de otro en sus motos─ tocando sirena y exigiendo distancia y tapaboca. Existe fila para mercar, consignar, pagar, salir de casa, comprar minutos, pagar en cajas, retirar sueldos, ingresar a urgencias... la ley de la fila y del tiempo.
Día decimonoveno: (jueves 9 de abril) Suelo enterarme de las cosas por observación y rigidez pero puedo ver lo que la gente teme a los uniformados del área de la salud, a los vestidos de enfermeros, con cofia, con ropa de poliéster y algodón, así sean de barbero o teñidora de cabello profesional, causan un impacto tremendo en la gente. Si ya saben eso, deberían tratar de no salir con el fonendoscopio al pecho y el logo de la EPS en la charretera. Están pasando de ser héroes a mártires.
Día vigésimo: (viernes 10 de abril) La semana santa se celebra en casa, el papa desde su mansión y cada pobre desde su chabola. Muchos gritan apasionados que les dejen ver sus ídolos en las calles y que duren más las procesiones para tener tiempo de decirles sus cuitas y pedirles lo mismo de siempre: salud, dinero, pan, para ellos y los demás... el perdón de los pecados. Hoy no se aplana la curva y el único que irá al cadalso no es Jesuscristo, le acompañarán un 2% de los infectados, irremediablemente. Ante estas eventualidades ningún dios se ha adjudicado el castigo, aunque no faltan los creyentes que buscan promesas de pestes en las escrituras, yo me quedo igual: predecir guerra, hambre, caos, muerte... eso no es ser adivino.
Día vigesimoprimero: (sábado 11 de abril) No he visto tanta contrición como esperaba, supuse que algunos idealistas del fin del mundo se suicidarían en masa y que toda una comunidad creyente no se quedaría en casa en su semana mayor y harían las 20 estaciones, la misa de gallo y las procesiones correspondientes a sus santos y apóstoles como a la comitiva del santo sepulcro. Equivocado, el dios de los cristianos no pudo conmemorar por lo alto su cuaresma y sus feligreses le han traicionado desde la fe, ninguno ha tenido el más grano miserable de mostaza de ella, prefieren conservar la vida de pecadores encerrados y con las manos limpias, muertos de miedo pero vivos.
Día vigesimosegundo: (domingo 12 de abril) El encierro termina mañana, no hay misa de resurrección, los Lázaros continúan muertos y más muertos que nunca. Hay tantos que ya se habla de entierros tipo gubernamental: en fosa común. El derecho da pie para ver una que otra noticia y no falta un genio asesor del gobierno que concluye genialmente que "se acerca una coyuntura económica" su título debe ser de Harvar o de Oxford. Tristemente hoy, recibo la noticia calamitosa de que este diario deberá extenderse por 15 días más. Vomitaré un rato, no porque me haga falta la gente, no, nunca. Me aterra el encierro.
Día cuadragésimosegundo: Nada ha cambiado, las calles siguen en desescalada desde hace una semana. Se ven más vehículos y más gente. No he visto gran desabastecimiento, pero te piden pagar con tarjeta porque está prohibido usar billetes. Los tenderos y administradores están atentos a negarte atención si no usas barbijo y no tienes una tarjeta con dinero plástico. A una semana de cumplirse el nuevo plazo, no hay dudas que cambiará el nombre del encierro, pero las condiciones seguirán iguales: mercado por días, género o placa; prohibición de venta o consumo de licor; ningún evento de concierto, reunión, misa, protesta o cacerolazo; cierre táctico de autopistas prohibiendo la movilidad a los mismos que hasta hoy están sufriendo de casa por cárcel, toque de queda. Paranoia en las entradas de los pueblos con los visitantes y atropellos generales contra la población que trate de contravenir las normas.
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