Todos hemos tenido abuelos, conocidos o no. Yo tuve la fortuna de conocer al mío, al padre de mi madre, los de mi padre nunca los conocí. El abuelo Ricardo se sentaba en una silla en el balcón y prendía un tabaco que le duraba algo así como 45 minutos. Dudo mucho que una marca fina, los compraba yo en la tienda de la esquina por cinco pesos la docena y el era más amarrado que un bulto de anzuelos de sardinas. Se bañaba poco, como una vez a la semana, lo que me hacía pensar que el maldito era punkero, su vestimenta era simple, pero estaba tapado hasta el tuétano; en el mejor de los casos no recuerdo haberle visto descubierto más que el arrugado cuello, la cara y las manos, pues usaba una camisa de manga larga abotonada hasta el puño y hasta el cuello amenazando un suicidio sin interés. Recuerdo sus zapatos como algo así como mocasines y pantalones de paño y siempre con un sombrero de ala ancha ligeramente levantado. Nunca lo vi trabajar, pero uno de los placeres que nos dábamos mis hermanos y yo, era acompañarlo a unas chatarrerías donde lo más probable es que visitara a su amante y cobrara algunas deudas, pues prestaba plata a interés. No dudo que era un viejo usurero. En el transcurso de mi vida yo he escuchado cientos de adagios populares y he leído el Quijote, donde Sancho, rememora y compila los más oídos y hablados. Un libro podría hacerse sólo con el análisis de los refranes del ingenioso hidalgo; y leí además el recopilatorio de Jaramillo sobre el Testamento del paisa, pero los de mi abuelo jamás en mi vida se los he escuchado a otra persona, a él y a mi madre. Decía por ejemplo cuando no había carne para alguno de los tres chutes diarios "¿Cuando mula no moría gallinazo que comía? y sagradamente mi abuela Luisa o mi mamá le respondían "se arrimaba a las aceras y con mierda se mantenía". Ahí va el primero de una larga lista que me es difícil recordar, pero que de seguro podré hacerlo si no escatimo memoria y me dejo llevar por la escritura. Recuerdo que a los zapatos les decían "garras": "póngase unas garras" o "quítese esas garras", aduje con el tiempo que debían referirse a unos zapatos con estoperoles que se usaban en los pueblos para adherirse a las calles sin pavimento, algo así como zapatos de alpinistas con crampones y éstos en presencia de carne se portaban como garras afiladas, que tengo entendido no eran muy buenos sobre los empedrados de antaño. Alguna vez, al comprar una bicicleta de segunda para que mi padre fuera al trabajo o para alguno de sus otros hijos y ver que aquella se había pinchado una llanta dijo: "Lo que otro pelló poco duró" -A mí, la verdad, se me hacía raro era que a la silla de la bicicleta le llamaran "pellón" y más todavía, que para eso se usara- y saliendo de gira a un pueblo cercano, a San Luis tal vez, el Jeep doble tracción se quedó en un complicado charco y le daban hacía adelante y hacía atrás y nada que salía, mi abuelo, afuera mientras se solucionaba el impase, expuso: "Hágale, que bollo grande sale o raja el culo". No es indecencia, más bien diríamos folclor, porque cuando a alguno de mis hermanos o yo mismo, nos volvíamos desobedientes o impulsivos en nuestros quehaceres o frente a los mandatos de los padres, el abuelo pronunciaba una frase que anunciaba el final de la paciencia y la muenda que se avecinaba: "Dame mi dios paciencia y en el culo resistencia". Si por casualidad alguien se tropezaba o cometía una torpeza, mi abuelo citaba al general Bolívar: "Como dijo Bolívar maten a los generales que los soldados se matan solos". Supongo que de ahí salió que: los bobos se matan solos, cosa que resulta siendo cierta estadísticamente hablando. Para las veces que aparecían "carangas resucitadas" forma en que mi abuelo hablaba de los "Sui generis" o de los "sine nobiliates" la gente que se crecía y pedía lo más caro cuando no tenían en que caerse muertos, el decía: "acostumbrados a andar entre la mierda y regatean un peo". Los insultos que usaba mi abuelo cuando se machucaba o cuando le daba un rodillazo a la mesa no eran insultos sino bendiciones: "Ay dios mío bendito porque será uno tan animal" y a nosotros, si éramos los provocadores por dejar algún patín o cosa en el suelo eran a lo sumo: "Esto es mucho animal" o "ve a esta almártaga" o "estoraque" y si algún día mi memoria me trae más imágenes, volveré sobre este retazo de ella.
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